La contaminación del agua por metales pesados es uno de los problemas ambientales más persistentes y complejos de abordar. A diferencia de otros contaminantes, estos elementos no se degradan con el tiempo y pueden acumularse en los ecosistemas durante décadas. Frente a esta dificultad, un grupo de investigadores propone una solución poco convencional: convertir organismos vivos y residuos en una herramienta eficaz de depuración.
Metales que no desaparecen fácilmente
Elementos como el cobre, el cadmio o el plomo suelen proceder de actividades industriales y mineras. Una vez liberados al medio, pueden permanecer en el agua y los sedimentos, entrar en la cadena alimentaria y provocar efectos tóxicos acumulativos en organismos y seres humanos.
Los tratamientos convencionales —químicos o físico-químicos— permiten reducir su concentración, pero suelen implicar altos costes energéticos, generación de subproductos contaminantes o dificultades cuando se aplican a grandes volúmenes de agua. De ahí la búsqueda de alternativas más eficientes y sostenibles.
Microalgas como capturadoras de contaminantes
La propuesta desarrollada por investigadores de España y Suecia se apoya en el uso de microalgas, organismos fotosintéticos capaces de crecer en condiciones diversas y de interactuar con sustancias tóxicas presentes en el agua.
Investigadores de la Universidad de Huelva inmovilizan microalgas en aceite usado y azufre industrial para obtener un biofilm que limpia metales pesados del agua.
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— Universidad de Huelva (@UniHuelva) December 2, 2025
En concreto, el sistema utiliza microalgas del género Chlorella, conocidas por su resistencia y por su potencial en aplicaciones ambientales. Sus paredes celulares facilitan la bioadsorción, un proceso mediante el cual los metales quedan retenidos en la superficie del organismo sin necesidad de reacciones químicas agresivas.
Un filtro biológico más estable y manejable
Uno de los retos habituales del uso de microalgas es su manejo. Para resolverlo, el equipo diseñó un sistema en el que las algas se inmovilizan sobre un soporte sólido, formando biopelículas. Así, en lugar de estar suspendidas libremente en el agua, quedan fijadas a una matriz que actúa como andamio.
Este enfoque mejora la estabilidad del proceso, aumenta la superficie de contacto con los contaminantes y facilita la integración del sistema en módulos de filtración reales. Además, reduce la necesidad de separar las algas del agua una vez completado el tratamiento.
Residuos convertidos en parte de la solución
Uno de los aspectos más innovadores del método es el origen del soporte utilizado para inmovilizar las microalgas. Los investigadores emplean residuos comunes, como aceite de cocina usado y azufre residual, para fabricar la matriz.
Este diseño introduce un enfoque de economía circular: desechos que normalmente serían un problema se transforman en un recurso clave para limpiar el agua. Así, el sistema no solo elimina contaminantes, sino que reduce el impacto ambiental asociado a los materiales empleados.

Resultados prometedores y reutilización
Las pruebas realizadas muestran una alta eficacia frente a metales como el cobre y el cadmio, con eliminaciones muy significativas en pocas horas. En el caso del plomo, la eficiencia es menor, lo que sugiere que la interacción depende del tipo de metal.
Un punto clave es la capacidad de reutilización. El material puede regenerarse y emplearse en varios ciclos sin perder completamente su eficacia, un requisito esencial para que la tecnología pueda escalarse y aplicarse en escenarios reales. Además, la regeneración abre la puerta a recuperar los metales capturados.
Hacia una depuración más sostenible
Este “filtro vivo” no pretende sustituir de inmediato a los sistemas convencionales, pero sí complementarlos con una alternativa de bajo impacto energético y ambiental. Si logra trasladarse a escala industrial, podría transformar la forma en que se tratan aguas contaminadas, convirtiendo un problema persistente en una oportunidad para una gestión más sostenible.
Fuente: Meteored.