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El síntoma que puede revelar una enfermedad invisible mucho antes de lo esperado

Una señal poco conocida podría ser la clave para detectar el párkinson años antes de su diagnóstico. Nuevas investigaciones internacionales están cambiando el modo en que entendemos esta enfermedad neurológica. Lo que parece un detalle menor podría ser el aviso más temprano y certero de lo que está por venir.

Detectar el párkinson antes de que sus síntomas más conocidos aparezcan siempre ha sido uno de los mayores retos para la medicina. Sin embargo, una reciente revelación de la Fundación Michael J. Fox está marcando un giro crucial en la comprensión de esta enfermedad. Una función corporal que muchas veces pasa desapercibida puede convertirse en el mejor aliado para anticipar su aparición.

Detectar el párkinson antes de que sus síntomas más conocidos aparezcan siempre ha sido uno de los mayores retos para la medicina.
© Vlada Karpovich – Pexels

Un sentido olvidado que podría ser la clave

Durante una reunión celebrada en Nueva York por la Fundación Michael J. Fox para el Párkinson (MJFF), investigadores pusieron en el centro de la conversación un síntoma no motor que hasta ahora había sido subestimado: la pérdida del olfato. Según el doctor Eduardo Tolosa, investigador principal de la Universidad de Barcelona y líder del estudio PPMI (Iniciativa de Marcadores de Progresión del Párkinson), esta alteración afecta al 90 % de los pacientes y se presenta mucho antes de que surjan otros signos visibles.

Desde 2010, el proyecto PPMI estudia biomarcadores que permiten detectar la enfermedad en fases tempranas, incluso en personas aún no diagnosticadas. Gracias a estos avances, se ha comenzado a definir una nueva forma de entender y seguir el párkinson, basada en rastros biológicos presentes en la sangre o la piel.

Pero el objetivo va más allá de la detección: se busca prevenir. Según Tolosa, los tratamientos actuales no logran frenar ni revertir la enfermedad. Los ensayos clínicos anteriores, realizados en pacientes con síntomas avanzados, no dieron resultados positivos. Por eso, el foco ahora está puesto en intervenir antes, en los momentos iniciales.

Cambiar el momento y la forma de actuar

En busca de nuevas estrategias, la fundación propone adelantar la edad mínima para las pruebas de riesgo de 60 a 40 años, permitiendo así identificar casos potenciales mucho antes de lo previsto. Esta medida permitiría seleccionar candidatos para estudios de prevención, especialmente aquellos con biomarcadores genéticos positivos.

Detectar el párkinson antes de que sus síntomas más conocidos aparezcan siempre ha sido uno de los mayores retos para la medicina.
© PicsbyAnnyk – Pixabay

La doctora Alicia Garrido, neuróloga del Hospital Clínic de Barcelona y subdirectora del programa, explicó que este cambio responde a un nuevo paradigma: detectar la enfermedad en su fase premotora, cuando aún no hay síntomas motores pero sí signos sutiles.

Además, se ha puesto en marcha una plataforma digital global, myPPMI, que permite a personas mayores de 18 años compartir datos sobre su salud desde países como EE.UU., España, Canadá y Alemania, con la intención de ampliar el estudio a nuevas regiones próximamente.

Barcelona, uno de los primeros centros europeos en sumarse al proyecto, comenzará en breve una nueva etapa con pruebas olfativas masivas dirigidas a la población general. Esta campaña busca extenderse por todo el territorio español y reforzar la detección precoz a través de esta pista sensorial tan reveladora.

Más de 46.000 participantes ya han aportado sus datos, generando más de 3,3 millones de respuestas que pueden transformar radicalmente el enfoque de una de las enfermedades neurodegenerativas más difíciles de diagnosticar.

Fuente: Diario de Navarra.

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