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Ciencia

El Sol suele ser el enemigo cuando intentamos enfriar un edificio. Un nanomaterial del CSIC ha conseguido hacer justo lo contrario sin gastar ni un céntimo de electricidad

Una nanoestructura de PVDF desarrollada en Madrid consiguió mantenerse hasta 12,9 ºC más fría que una referencia sin recubrimiento durante pruebas a pleno sol. El secreto no está en producir frío, sino en reflejar gran parte de la energía solar y encontrar una vía para expulsar el calor directamente hacia el espacio.
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Cuando el calor aprieta ocurre una paradoja incómoda: cuantos más aparatos de aire acondicionado encendemos, más electricidad necesita producir la red precisamente en las horas de mayor demanda. La Agencia Internacional de la Energía calcula que la electricidad destinada a refrigeración de espacios ha crecido alrededor de un 50% desde 2015 y alcanzó unos 2.900 TWh, una cifra superior al consumo eléctrico total de la Unión Europea.

Por eso resulta especialmente atractiva una tecnología que plantea una pregunta bastante sencilla: ¿y si una superficie pudiera enfriarse sin enchufar absolutamente nada?

Investigadores del Instituto de Micro y Nanotecnología del CSIC en Tres Cantos, Madrid, han desarrollado una estructura tridimensional de fluoruro de polivinilideno, más conocido como PVDF, capaz de refrigerarse de forma pasiva incluso mientras recibe radiación solar. En sus pruebas al aire libre llegó a registrar una diferencia de hasta 12,9 ºC respecto a una referencia sin recubrimiento. El trabajo ha sido publicado en Nanophotonics.

Y la parte más curiosa es que técnicamente no está «fabricando frío». Está haciendo algo bastante más elegante.

El truco consiste en utilizar el espacio como un gigantesco radiador

Todos los objetos calientes emiten energía en forma de radiación infrarroja. El problema es que nuestra atmósfera absorbe buena parte de esa radiación y dificulta que escape al espacio. Pero hay una excepción.

Entre aproximadamente 8 y 13 micrómetros existe lo que se conoce como ventana de transparencia atmosférica, una franja del espectro en la que la atmósfera permite que una parte importante de la radiación térmica escape hacia el exterior. Un material diseñado adecuadamente puede aprovechar ese agujero para perder calor sin utilizar compresores, ventiladores ni electricidad. Es lo que se conoce como refrigeración radiativa pasiva diurna.

El desafío está en conseguir dos cosas aparentemente contradictorias. El material debe evitar absorber la enorme cantidad de energía que recibe del Sol y, al mismo tiempo, ser extraordinariamente bueno expulsando su propio calor mediante radiación infrarroja.

El PVDF desarrollado por el equipo del CSIC alcanzó una reflectancia solar media del 82,4% y una emisividad del 96,7% dentro de la ventana atmosférica de 8 a 13 micrómetros. Los cálculos del estudio sitúan su potencia teórica de refrigeración en hasta 182,3 W por metro cuadrado bajo una irradiancia solar de 1.000 W/m².

Dicho de otra manera: intenta quedarse con muy poca energía del Sol mientras se deshace de casi todo el calor que puede enviar hacia arriba.

El verdadero invento está escondido en una estructura que apenas podemos ver

El Sol suele ser el enemigo cuando intentamos enfriar un edificio. Un nanomaterial del CSIC ha conseguido hacer justo lo contrario sin gastar ni un céntimo de electricidad
© IMN-CSIC.

El PVDF no es precisamente un material recién descubierto. Lo interesante es cómo lo han organizado los investigadores. El equipo introdujo el polímero dentro de plantillas nanoporosas tridimensionales de óxido de aluminio anodizado. Esos moldes permiten crear una auténtica red interna a escala nanométrica y controlar cómo interactúa el material con distintas longitudes de onda de la luz.

Después probaron tres velocidades diferentes de enfriamiento tras la fabricación: natural, rápida y ultrarrápida. Esta última produjo los mejores resultados. También aplicaron tratamiento ultravioleta, que provoca un blanqueamiento mediante fotooxidación y aumenta la capacidad del material para reflejar la radiación solar.

Entonces llegó la prueba importante.

Durante el verano de 2025, los investigadores llevaron las muestras a la azotea del instituto en Tres Cantos y las expusieron a condiciones reales. Con una irradiancia solar máxima de 962 W/m², la nanoestructura optimizada consiguió una diferencia máxima de 12,9 ºC respecto a una caja de referencia vacía. Las versiones fabricadas mediante enfriamiento rápido y natural alcanzaron diferencias inferiores, de 11,1 y 7,2 ºC respectivamente.

Ese 12,9 ºC es espectacular. Pero todavía no significa que podamos tirar el aire acondicionado

Aquí hay una diferencia importante que se pierde fácilmente en un titular: el estudio no demuestra que una vivienda pueda mantenerse 12,9 ºC por debajo de la temperatura exterior.

La cifra corresponde a la diferencia obtenida frente a una configuración de referencia durante un experimento concreto. Llevar el material a una fachada o un tejado completo introduce muchas otras variables: humedad, nubosidad, viento, conducción térmica, aislamiento del edificio, orientación y transferencia de calor con el aire circundante. El propio CSIC deja claro que la tecnología continúa en fase de desarrollo.

Ahí está, precisamente, el siguiente desafío: conseguir que algo que funciona a pequeña escala pueda fabricarse en grandes superficies y sobrevivir durante años en el exterior.

El equipo considera que su método puede adaptarse a procesos industriales relativamente económicos y apunta a aplicaciones en cubiertas y fachadas, vehículos, electrónica e incluso sistemas de refrigeración personal. El PVDF añade algunas propiedades interesantes para ese trabajo: resistencia a la radiación ultravioleta, estabilidad frente a la humedad y comportamiento hidrófobo, útil para superficies expuestas al exterior.

No parece que los aparatos de aire acondicionado tengan que empezar a preocuparse mañana. Pero la idea que hay detrás del experimento es difícil de ignorar: en lugar de gastar electricidad para trasladar el calor de un edificio a la calle, podríamos diseñar su piel para que una parte de ese calor encuentre por sí sola el camino hacia el espacio.

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