Cuando el sol golpea una calle de asfalto oscuro, gran parte de su energía queda atrapada en la superficie. El pavimento se calienta durante el día y libera lentamente esa energía durante la noche, impidiendo que las ciudades se enfríen incluso después de la puesta de sol.
Los Ángeles decidió enfrentarse a ese problema en 2017 con una solución aparentemente sencilla: cubrir determinadas calles con un revestimiento claro y reflectante. El producto, conocido como CoolSeal, no es exactamente pintura blanca, sino una capa gris diseñada para reflejar más radiación solar que el asfalto convencional.
Casi una década después, los resultados muestran una realidad más compleja. El sistema consigue enfriar las calles, pero eso no significa necesariamente que siempre mejore la sensación térmica de quienes caminan sobre ellas.
Las calles claras realmente se calientan menos
Los primeros ensayos realizados por la ciudad encontraron que las superficies tratadas podían mantenerse entre 10 y 15 grados Fahrenheit —aproximadamente entre 5,5 y 8,3 grados Celsius— más frías que el asfalto negro durante las tardes de verano.
La explicación está en el albedo, es decir, la proporción de luz que una superficie refleja. El pavimento oscuro absorbe buena parte de la radiación solar, mientras que el revestimiento claro devuelve una cantidad mayor hacia el entorno.
Los resultados más recientes tampoco indican que la tecnología sea inútil. Un proyecto desarrollado en Pacoima, uno de los barrios más calurosos de Los Ángeles, cubrió más de 700.000 pies cuadrados —unos 65.000 metros cuadrados— de calles, estacionamientos y otras superficies.
El estudio publicado en 2024 detectó reducciones de entre 0,12 y 1,21 grados Celsius en la temperatura del aire durante días soleados normales. En episodios de calor extremo, la diferencia llegó a rondar los 1,9 grados en algunos sectores.

Por tanto, pintar el asfalto sí puede ayudar a reducir la isla de calor cuando se aplica a una escala suficientemente grande.
El calor no desaparece: cambia de dirección
El problema es que la energía reflejada no se esfuma. Parte se dirige hacia el cielo, pero otra puede alcanzar las aceras, las fachadas de los edificios y los cuerpos de los peatones.
Una investigación realizada sobre pavimentos solares reflectantes comprobó que, al mediodía, algunos tratamientos podían elevar la temperatura radiante media percibida por una persona en unos cuatro grados Celsius. Aunque la superficie estaba más fría, el peatón recibía más radiación directa y reflejada.
El efecto depende del material utilizado, la altura de los edificios, la orientación de la calle, la presencia de sombra y el momento del día. En calles estrechas rodeadas de fachadas altas, donde apenas llega el sol al suelo, aplicar un revestimiento reflectante puede ofrecer pocos beneficios.
Tampoco todos los estudios obtienen resultados negativos para el peatón. La investigación de Pacoima registró mejoras moderadas en algunos indicadores de confort térmico. Esto confirma que no existe una respuesta universal: el resultado cambia según el diseño urbano y el tipo de pavimento.
Pintar toda la ciudad sería extremadamente caro
Cuando comenzaron las pruebas, el revestimiento costaba alrededor de 40.000 dólares por milla y tenía una duración estimada de entre cinco y siete años. Aplicarlo de manera indiscriminada sobre toda la red vial implicaría una inversión enorme y obligaría a renovar periódicamente las superficies.
Además, los análisis de ciclo de vida advierten que algunos pavimentos reflectantes pueden generar más emisiones durante su fabricación y mantenimiento que los materiales convencionales. El balance ambiental depende de cuánto duren, de qué estén hechos y de la energía que realmente permitan ahorrar.
Por eso, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos recomienda evaluarlos junto con otros beneficios y no juzgarlos únicamente por la reducción de temperatura superficial.
La solución más efectiva sigue estando sobre la calle
Los pavimentos claros pueden formar parte de la respuesta, especialmente en estacionamientos, avenidas abiertas y lugares donde plantar vegetación resulta difícil. Sin embargo, los especialistas coinciden en que la sombra continúa siendo fundamental.
Los árboles impiden que la radiación alcance el asfalto y a las personas, mientras que la evapotranspiración enfría el aire. A diferencia de una superficie reflectante, no se limitan a redirigir la energía hacia otro punto.
La experiencia de Los Ángeles no demuestra que pintar las calles haya sido un fracaso. Revela algo más importante: una ciudad no puede resolver el calor extremo cambiando únicamente el color del suelo. Para enfriar realmente sus barrios necesita combinar pavimentos adecuados con árboles, sombra, techos reflectantes, zonas verdes y una planificación pensada para las personas, no solo para el asfalto.