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Tecnología

El Vesubio convirtió este papiro en un bloque de carbón hace casi 2.000 años. La inteligencia artificial logró leerlo sin abrirlo y podría devolvernos cientos de obras perdidas de la Antigüedad

El manuscrito PHerc. 1667 parecía condenado a permanecer cerrado para siempre. Una combinación de rayos X, reconstrucción tridimensional y aprendizaje automático ha permitido recuperar todo el texto conservado en su interior.
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No se ha abierto una cápsula, ni se ha desplegado cuidadosamente un pergamino sobre una mesa de laboratorio. El objeto sigue siendo lo que era: una masa negra, pequeña y extremadamente frágil que, a primera vista, se parece más a un trozo de madera quemada que a un libro. Sin embargo, ahora es posible leer lo que conserva dentro.

Un equipo internacional ha conseguido desenrollar y estudiar digitalmente el papiro PHerc. 1667, uno de los manuscritos carbonizados durante la erupción del Vesubio del año 79 d.C. El avance supone la primera lectura continua, de principio a fin, de todo el texto preservado en un rollo cerrado de Herculano sin necesidad de abrirlo físicamente.

El resultado es importante no solo por las palabras recuperadas. También demuestra que la tecnología ya puede atravesar virtualmente una de las barreras más frustrantes de la arqueología: conservar un documento y leerlo han dejado de ser objetivos incompatibles.

El papiro completo que sobrevivió no era el rollo original completo

El Vesubio convirtió este papiro en un bloque de carbón hace casi 2.000 años. La inteligencia artificial ha logrado leerlo sin abrirlo
© Vesuvius Challenge.

Conviene introducir un matiz. Los investigadores han leído por completo todo lo que queda de PHerc. 1667, pero el objeto conservado es apenas el núcleo de un manuscrito originalmente mucho mayor. Los intentos realizados en los siglos XIX y XX para abrirlo a mano destruyeron sus capas exteriores y redujeron su altura desde unos 19 o 24 centímetros originales hasta solo ocho.

Lo que sobrevivió permanecía enrollado en un cilindro de unos dos centímetros de ancho. De ese pequeño bloque, los especialistas recuperaron aproximadamente 1,4 metros de superficie escrita y las partes inferiores de alrededor de 22 columnas en griego. Algunas zonas presentan lagunas y daños, pero la secuencia completa conservada pudo reconstruirse, transcribirse y someterse a revisión papirólogica.

El manuscrito procede de la Villa de los Papiros de Herculano, una lujosa residencia romana sepultada por los materiales volcánicos del Vesubio. El calor carbonizó los rollos, pero esa misma destrucción permitió que cientos de ellos sobrevivieran cuando prácticamente todas las demás bibliotecas de la Antigüedad desaparecieron con el paso del tiempo. Más de 600 permanecen todavía cerrados.

La IA no tradujo el texto por su cuenta: hizo visible una tinta casi imposible de distinguir

El Vesubio convirtió este papiro en un bloque de carbón hace casi 2.000 años. La inteligencia artificial ha logrado leerlo sin abrirlo
© Vesuvius Challenge.

El proceso comenzó en el European Synchrotron Radiation Facility, en Grenoble, donde el equipo examinó PHerc. 1667 mediante microtomografía de rayos X de contraste de fase y alta resolución. La técnica produjo un volumen tridimensional capaz de mostrar las finísimas capas de papiro comprimidas dentro del objeto.

A partir de esas imágenes, los investigadores reconstruyeron la geometría interna del rollo, siguieron digitalmente la superficie del papiro y la aplanaron hasta convertirla en una especie de página virtual. El problema era que la tinta, también basada en carbono, ofrecía una apariencia muy similar a la del soporte carbonizado.

Ahí entraron los modelos de aprendizaje automático. Los algoritmos fueron entrenados para detectar variaciones minúsculas asociadas a la presencia de tinta y reforzar señales que el ojo humano apenas podía reconocer en las tomografías. No fue una IA traduciendo autónomamente un libro antiguo: el sistema ayudó a revelar los trazos, mientras que los papirólogos tuvieron que examinar, transcribir e interpretar cada fragmento de escritura.

Esta diferencia es fundamental. La tecnología no reemplazó el trabajo filológico, sino que entregó a los expertos una superficie legible que, hasta hace poco, ni siquiera existía.

Un tratado estoico sobre los impulsos humanos llevaba dos milenios esperando

El título y el autor de PHerc. 1667 todavía se desconocen, pero el contenido apunta con fuerza hacia un tratado estoico del siglo II a.C. El texto aborda la naturaleza humana, el progreso moral y la necesidad de controlar los impulsos mediante la razón. También trata la phronēsis (la sabiduría práctica) y la hormē, concepto relacionado con el impulso que conduce a una persona hacia la acción.

La última columna conservada menciona a Aristocreón, sobrino y discípulo de Crisipo, una de las figuras centrales del estoicismo antiguo. Esa referencia. explica The Guardian, ha llevado a los investigadores a considerar que el manuscrito podría estar relacionado con el propio Crisipo, aunque por ahora no existe una atribución definitiva.

El trabajo también produjo avances en otros rollos. En PHerc. 139 se identificaron el autor y el título: Sobre los dioses, libro 8, de Filodemo de Gadara. El dato demuestra que aquella obra tenía una extensión mayor de la conocida hasta ahora y ofrece una pequeña muestra de lo que podría permanecer escondido en el resto de la biblioteca.

El Vesuvius Challenge, lanzado en 2023, ya ha escaneado 45 rollos y fragmentos y ha puesto en abierto parte de sus datos, modelos y herramientas. El gran desafío ya no consiste únicamente en demostrar que estos textos pueden leerse, sino en aplicar el procedimiento a mayor escala.

Durante casi dos milenios, los papiros de Herculano fueron libros que habían sobrevivido, pero que nadie podía abrir. PHerc. 1667 demuestra que quizá ya no sea necesario hacerlo: la próxima gran obra perdida de la Antigüedad podría seguir enrollada, carbonizada y aparentemente muda, esperando a que una máquina consiga volver a mostrar sus letras.

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