Hay muchas tradiciones culturales en el mundo entero que contienen historias sobre personitas diminutas, como hadas o seres invisibles. Las hay en Norteamérica, en el folclore celta de las Islas Británicas, en Senegal, África, en China, y también en Papúa Nueva Guinea. Pero ahora unos científicos han logrado vincular dos de estas leyendas a una especie de hongo psicoactivo.
El equipo de investigadores es de la Universidad de Utah, y secuenciaron el ADN de la especie Lamaoa asiática, un hongo del sudeste de China y una región remota de Filipinas. Confirmaron que este hongo induce a alucinar o que se manifiesta como decenas o cientos de personas en miniatura. La parte más extraña de su descubrimiento es que el L. asiática no contiene ninguno de los compuestos psicodélicos de los que se sospecha entre los que ya se conocen, y el mecanismo por el que este hongo te lleva a un viaje de cuento de hadas sigue siendo un misterio de la bioquímica.
“Las personas casi siempre informan ver a decenas o cientos de personas de unos 3 a 30 centímetros de alto, en increíble detalle, como si estuvieran allí en realidad,” dijo el coautor del estudio Colin Domnauer, estudiante del doctorado especializado en micología, en esa universidad.
“Alrededor del 90% de las personas los describen como elfos o payasos diminutos, o como figuras del tipo de las hadas, vestidas con ropas coloridas”, según dijo Domnauer, quien viajó a la provincia de Yunnan en China y a la región remota de la Cordillera del Norte en Filipinas para recoger especímenes de este hongo. “Lo fascinante es que interactúan con el mundo físico bajo las leyes de la física que nos gobiernan”, añadió.
“No es que caminen por las paredes o cosas como esas”, explicó Domnauer. “Caen desde el borde de una mesa, caminan eludiendo objetos. Una persona me dijo que mientras tomaba sopa esas personitas saltaban desde la cuchara al tazón y nadaban en la sopa”.
En partes desconocidas
Domnauer trabajó con el biólogo Bryn Dentinger, de la Universidad de Utah, para llevar a cabo la secuenciación del genoma completo de 53 especímenes de hongos que comprenden al género entero Lanmaoa, buscando indicadores genéticos de lo que produce los inusuales efectos del L. asiática. Aunque lograron identificar cuatro especies de hongo potencialmente nuevas, Domnauer y Dentinger notaron que su análisis no reveló ninguno de los genes que suelen relacionarse con la producción de psilocibina o ácido iboténico (el ácido iboténico que se obtiene de los hongos del género Amanita se metaboliza como alucinógeno al digerirlo).
Identificaron un total de 17 especies en el género Lanmaoa, que incluyen las cuatro especies aparentemente nuevas, según el trabajo que publicaron meses atrás en Mycologia.
Mundos en miniatura
Domnauer cambió su foco de estudio, de la astronomía planetaria que incluyó una pasantía en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, a la exploración de este espacio o segmento de la psicodelia. Una cosa que le fascina de estas “alucinaciones liliputienses” es que se trata de un fenómeno que identificó pro primera vez un psiquiatra francés en 1909, y que las alucinaciones concretas llegan a lo bizarro porque se dan en diferentes culturas, con factores causales diferentes.
“Hay personas que informan que tienen estas alucinaciones por abstinencia de alcohol, deterioro cognitivo, degeneración macular, y otras afecciones neurológicas. Por eso parece que este fenómeno forma parte del funcionamiento del cerebro y la mente humana aunque no sabemos qué lo causa ni cómo tratarlo”, señaló Domnauer.
La idea de que las alucinaciones tuvieran una explicación bioquímica se había dejado de lado a finales de la década de 1960, cuando los antropólogos y micólogos no lograron encontrar psicoactivos en la familia de hongos Boletaceae relacionada con las alucinaciones liliputienses que se daban en Papúa Nueva Guinea.
“Eventualmente concluyeron que tal vez estos hongos no fueran bioactivos, que tal vez todo se relacionaba con un fenómeno sociocultural”, dice Domnauer.
“Pero como tres culturas completamente independientes las unas de las otras informan sobre el mismo tipo de alucinación, y dos de los casos se atribuyen a la misma especie de hongo verificada por ADN, eso indica que los efectos psicológicos bizarros no son manifestaciones culturales ni coincidencias, sino que tienen que compartir una base química y neurológica”, afirmó.