Una nave espacial puede tener oxígeno, comida, protección contra la radiación y todos sus sistemas funcionando perfectamente y, aun así, convertirse en un lugar psicológico difícil de soportar.
La razón es sencilla: una misión a Marte obligaría a un pequeño grupo de personas a convivir durante meses o años dentro de un espacio extremadamente reducido, alejados de sus familias y prácticamente sin posibilidad de abandonar el lugar.
Investigadores del MIT y la Universidad de Colorado Boulder acaban de estudiar cómo el propio diseño de ese espacio puede influir en la salud mental y social de la tripulación. El trabajo fue publicado en npj Microgravity y contó parcialmente con financiación de la NASA.
Una nave espacial ya no puede ser simplemente “una lata con humanos”
Durante décadas, el diseño de hábitats extremos estuvo dominado por una prioridad evidente: mantener con vida a quienes están dentro.
Eso ocurre en submarinos, bases antárticas y, todavía más, en las naves espaciales. Pero las misiones de larga duración introducen otro problema: los astronautas también necesitan dormir bien, conservar cierta privacidad, mantener buenas relaciones y seguir siendo productivos durante periodos extraordinariamente largos.
Mich Lin, autora principal del estudio, resume el cambio diciendo que la exploración espacial ha avanzado mucho desde la idea del ser humano simplemente “metido en una lata”.
El equipo quiso transformar esas necesidades psicológicas en algo que un ingeniero pudiera utilizar durante el diseño.

Los científicos conectaron 68 factores mediante 167 relaciones
Tras revisar de forma iterativa investigaciones sobre vuelos espaciales y otros ambientes aislados, confinados y extremos, los científicos construyeron un mapa causal con 68 factores y 167 conexiones.
Dentro de él identificaron 14 resultados relacionados con la salud conductual y el rendimiento, incluyendo ansiedad, autonomía, curiosidad, fatiga, nostalgia y sentimiento de pertenencia al grupo.
Después buscaron qué elementos físicos podían modificar esas experiencias.
La iluminación, por ejemplo, está relacionada con el sueño y los ritmos circadianos. La disponibilidad de espacios privados puede influir en la autonomía y el estrés. Y algo tan aparentemente trivial como la ubicación de escaleras, entradas o pasillos puede cambiar cuántas veces los astronautas se encuentran espontáneamente.
Esos encuentros casuales pueden favorecer la formación de amistades y la cohesión del grupo.
Una habitación que puedas modificar podría reducir la nostalgia
Uno de los ejemplos más interesantes tiene que ver con la añoranza del hogar.
Los investigadores plantean que conseguir que un astronauta desarrolle cierto apego emocional hacia el lugar donde vive puede ayudar a reducir esa sensación.
¿Cómo se diseña algo así?
El mapa conecta ese apego con características como una mayor privacidad y la posibilidad de reconfigurar o personalizar determinados espacios. En otras palabras, una habitación completamente rígida e idéntica durante dos años podría no tener el mismo efecto psicológico que otra donde su ocupante puede modificar elementos y sentirla un poco más propia.
Crearon una herramienta para diseñar las futuras naves
Toda esta información terminó convertida en HECIA, siglas de Human-Environment Connection and Interaction Atlas.
La plataforma interactiva permite a los diseñadores empezar desde un problema —por ejemplo, reducir la nostalgia— y descubrir qué decisiones arquitectónicas podrían influir en él. También permite realizar el recorrido contrario: seleccionar una característica física y observar qué efectos psicológicos podría provocar.
Los propios investigadores advierten que HECIA no es una receta universal. Una nave hacia Marte, una estación lunar y una base antártica tienen restricciones completamente diferentes.
Pero introduce una idea importante para la siguiente etapa de los viajes espaciales.
Hasta ahora, gran parte de la ingeniería espacial se ha preguntado cómo mantener vivo a un ser humano fuera de la Tierra. Si queremos que alguien pase años allí, habrá que responder también otra pregunta: cómo construir un lugar en el que esa persona pueda soportar vivir.