Curiosity no solo sobrevive, sino que continúa avanzando. El rover de la NASA aterrizó en Marte en 2012 con una misión que debía durar dos años. Hoy, trece años después, sigue funcionando con eficacia, y sus descubrimientos ayudan a reconstruir la historia geológica y climática del planeta rojo.
En diálogo exclusivo con nosotros en Gizmodo, la Dra. Elena Amador-French, jefa del equipo de operaciones científicas del rover en el Jet Propulsion Laboratory (JPL), brindó detalles fascinantes sobre los logros de la misión, la coordinación internacional diaria para mantenerlo activo y los próximos pasos de una exploración que, a pesar de su antigüedad, sigue escribiendo capítulos decisivos en la historia de Marte.
El corazón de la misión: Gale Crater y la hipótesis de un Marte habitable

Desde su aterrizaje en 2012, Curiosity explora el cráter Gale, una región ubicada cerca del ecuador marciano que, según las imágenes orbitales, habría albergado un lago hace millones de años. La selección del sitio no fue casual. “Escogimos este cráter porque pensamos que ahí había estado presente agua en forma líquida, un lago”, explica Amador-French.
Pero más allá del agua, el objetivo del Curiosity era investigar tres factores imprescindibles para la vida como la conocemos: agua líquida, una fuente de energía y los ingredientes químicos básicos, como carbono, oxígeno y azufre.

“Sabemos que para vivir necesitamos agua, necesitamos energía, como la que usan las plantas para hacer fotosíntesis, o como nosotros que necesitamos alimentos, y necesitamos los ingredientes básicos: carbono, oxígeno. Esas son las tres cosas que buscaba Curiosity”, explicó Elena Amador-French.
Los instrumentos del rover fueron diseñados específicamente para identificar esas condiciones: medir minerales formados en presencia de agua, detectar elementos químicos y evaluar rastros de fuentes de energía potenciales. Y los resultados fueron contundentes.
El hallazgo temprano de filosilicatos —minerales arcillosos que solo se forman en ambientes acuosos estables— sumado a la identificación de compuestos como hierro, azufre y carbono en las muestras, confirmó que el cráter Gale fue un entorno habitable en el pasado.
“Curiosity fue diseñado para identificar esas tres condiciones. Y lo que pudimos demostrar es que en el cráter Gale, en un tiempo, esas condiciones existieron. No confirmamos vida, pero sí confirmamos que Marte fue habitable en el pasado”, explicó Amador-French.

Sin embargo, Elena es precisa en una distinción clave: no se ha encontrado evidencia de vida, sino de habitabilidad. “Podemos decir que las condiciones para que haya existido vida en Marte estuvieron. Ahora bien, tener las condiciones no significa que la vida estuvo allí. Pero sí que pudo haber existido”, enfatiza.
El descubrimiento de las moléculas orgánicas más grandes en Marte

Una de las declaraciones más potentes de la entrevista llegó cuando hablamos del hallazgo de moléculas orgánicas en la superficie marciana. Curiosity cuenta con un instrumento llamado SAM (Sample Analysis at Mars) que analiza los isótopos presentes en las muestras tomadas con su taladro. A través de este análisis, se descubrieron compuestos que cambiaron el panorama.
“SAM encontró las moléculas orgánicas más grandes que hemos detectado en Marte. Son los bloques de construcción de la vida, las piezas básicas para formar moléculas más complejas”.
Estos compuestos no son, por sí solos, evidencia de vida pasada, pero son un indicio clave. “Nos llevó años analizar los datos. Y aunque no confirman nada por sí solos, nos dan razones para seguir profundizando. Son pistas importantes”, agregó.

El rover Curiosity no podrá traer muestras a la Tierra, pero sentó el precedente para que Perseverance, que opera en una zona distinta del planeta, recoja y preserve material que sí será transportado en futuras misiones. “Lo que encontramos en Gale Crater nos dio la certeza de que otras regiones, como Jezero, también pueden contener compuestos orgánicos. Es una misión complementaria”.
Coordinación diaria: Cómo se toman decisiones a millones de kilómetros de distancia

Curiosity no está solo. Lo respaldan más de 200 científicos e ingenieros de todo el mundo. Pero el trabajo diario lo realiza un equipo reducido que cada jornada planifica la siguiente. “Nos despertamos con los datos que envió Curiosity durante su ‘noche’ marciana y revisamos imágenes, análisis químicos, posición… En menos de seis horas, tenemos que decidir qué hará ese día”.
“Es una coreografía entre ciencia e ingeniería. El equipo científico dice qué quiere estudiar y el equipo de ingenieros responde qué se puede hacer con el tiempo y la energía disponible”.
Cada plan diario incluye decisiones tan minuciosas como: qué rocas analizar, qué fotos tomar, cuánto avanzar, cuánta energía gastar. Todo esto depende de variables como la inclinación del terreno, la visibilidad, la temperatura y la cantidad de energía restante en las baterías. “Es como programar una rutina médica diaria para un paciente que está solo en otro planeta”, bromea Amador-French.
¿Tiene autonomía Curiosity?

Aunque pueda parecer una máquina autónoma, la realidad es que Curiosity es altamente dependiente del control humano. “No es completamente autónomo. Pero sí tiene cierta capacidad de navegación si el terreno lo permite”, aclara Amador-French.
Cuando se considera que el terreno es seguro y plano, los ingenieros pueden indicarle un destino y permitirle elegir la mejor ruta para llegar. Sin embargo, si hay obstáculos, piedras grandes o pendientes pronunciadas, el equipo prefiere mantener control total para evitar daños irreversibles.
“Es una máquina que, si se daña, no podemos ir a repararla. Por eso lo cuidamos como si fuera un bebé”.
Energía nuclear, resistencia extrema y envejecimiento programado

Uno de los aspectos menos conocidos del rover es su fuente de energía: plutonio-238, un material radioactivo que genera calor. Ese calor alimenta las baterías cada noche. Es un sistema eficaz, pero finito. “Cada año, el plutonio genera menos calor. Y llegará un punto en que no podremos recargar la batería”.
“No hay una fecha exacta, pero estimamos que Curiosity podría seguir operando entre cinco y diez años más, dependiendo del estado de sus sistemas y de la degradación energética”.
A diferencia de rovers anteriores, como Spirit y Opportunity que dependían de paneles solares, Curiosity fue diseñado con una visión más robusta. “Fue construido para durar más de lo que financiaron en un principio. Solo nos dieron presupuesto para dos años, pero el hardware estaba preparado para mucho más”.
Un legado insustituible: Curiosity como precursor de todo

Curiosity no solo permitió confirmar que Marte fue habitable en el pasado. También proporcionó el contexto geológico necesario para interpretar futuros descubrimientos. “Está escalando el Monte Sharp y, a medida que asciende, va recorriendo capas de sedimentos que son como páginas de un libro de historia”.
Cada metro ascendido representa miles o millones de años. “Es como hacer una cronología del clima marciano. Desde un Marte húmedo, con lagos y condiciones estables, hasta un planeta árido y helado como el de hoy”.
“En todo este proceso, el Curiosity fue la visión. Actualmente, el Perseverance son las manos que irán recolectando. Uno sin el otro no tendría sentido”.
El futuro: Más ciencia, más preguntas

A pesar del paso del tiempo, Curiosity sigue encontrando sorpresas. Según Amador-French, las últimas rocas estudiadas muestran una concentración alta de azufre, lo que indicaría un entorno más seco y posiblemente con actividad volcánica. “Estamos entrando en una zona donde todo indica que Marte estaba cambiando, volviéndose más hostil”.
Y aunque no hay fecha límite, el equipo sabe que el final llegará. “Un día, simplemente no tendremos más energía. Curiosity se quedará allí, en la ladera del monte, como parte del paisaje marciano”.
“Cada año encontramos algo que no esperábamos. Todavía hay muchos misterios por descubrir. Y mientras tengamos energía, habrá Curiosity. Y habrá ciencia”.
