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Tecnología

El Walkman vuelve casi 50 años después: ahora tiene Bluetooth y USB-C, pero su atractivo es escapar del algoritmo

Los reproductores de cassette vuelven adaptados a 2026: baterías recargables, USB-C, Bluetooth en algunos modelos y diseño retro. La paradoja es que su mayor valor no está en la comodidad, sino en lo contrario: obligarnos a escuchar música de forma más lenta, física y deliberada.
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Durante años, parecía que la música física estaba condenada a convertirse en nostalgia. Primero llegaron los CD, después los MP3 y finalmente el streaming, que puso millones de canciones en el bolsillo a cambio de una pantalla, una suscripción y un algoritmo decidiendo qué escuchar después.

Pero el formato físico se resiste a morir. El vinilo volvió con fuerza, los CD han recuperado cierto atractivo entre quienes quieren poseer sus discos y hasta las cámaras digitales antiguas viven una segunda vida como reacción a la fotografía ultraprocesada del móvil. En ese contexto, el cassette también encontró su hueco.

Y con él volvió una idea que parecía enterrada: el Walkman. No necesariamente el Walkman original de Sony, sino toda una nueva generación de reproductores portátiles de cinta que mezclan diseño retro con detalles modernos como baterías de litio, carga USB-C y, en algunos casos, conectividad Bluetooth.

El Walkman vuelve casi 50 años después: ahora tiene Bluetooth y USB-C, pero su atractivo es escapar del algoritmo
© Technostalgism – Youtube.

El regreso de una forma más lenta de escuchar música

Sony lanzó el primer Walkman estéreo de cassette, el TPS-L2, en 1979. La propia compañía lo recuerda como un producto que cambió la forma de escuchar música, porque convirtió la experiencia portátil e individual en algo masivo. El Walkman no solo era un aparato: era una nueva relación con la música y con la calle.

Casi cinco décadas después, lo curioso es que el cassette no vuelve por ser práctico. No lo es. Hay que dar vuelta la cinta, rebobinar, convivir con ruido de fondo, aceptar desgaste y cargar con un soporte limitado. Frente a Spotify, Apple Music o Tidal, parece una pelea perdida antes de empezar.

Pero justo ahí está su atractivo. El cassette obliga a elegir. No hay reproducción infinita, no hay recomendaciones automáticas, no hay salto permanente entre canciones ni listas generadas para llenar cualquier silencio. Escuchar una cinta implica aceptar una secuencia y dedicarle atención.

Ese deseo de recuperar una escucha más física no es imaginario. En Estados Unidos, las ventas de cassettes crecieron un 23% en 2018, hasta 219.000 unidades, según datos de Nielsen Music recogidos por Billboard y Pitchfork. La cifra sigue siendo pequeña frente al streaming, pero muestra que el cassette dejó de ser solo una reliquia de mercadillo para convertirse en objeto de colección y experiencia musical.

El cassette también se modernizó

La nueva generación de reproductores no intenta copiar exactamente los años 80. Los usa como estética, pero incorpora comodidades actuales. We Are Rewind, por ejemplo, vende reproductores de cassette con Bluetooth 5.1, batería recargable y carga por USB-C. Es decir, una experiencia analógica con algunas concesiones al presente.

FiiO también entró en este terreno con el CP13, un reproductor portátil de cassette con batería de litio y conector USB-C. A diferencia de otros modelos, no apuesta por WiFi, streaming ni Bluetooth: funciona como un dispositivo analógico deliberadamente simple.

Esa diferencia resume muy bien el fenómeno. Algunos usuarios quieren comodidad retro con auriculares inalámbricos. Otros prefieren una experiencia más pura, con cable, botones físicos y cero conexión. En ambos casos, la motivación es parecida: recuperar control sobre la escucha.

La industria musical sigue dominada por el streaming. La RIAA informó que en 2024 los ingresos por formatos físicos en Estados Unidos crecieron un 5%, hasta 2.000 millones de dólares, aunque el vinilo concentró casi tres cuartas partes de ese mercado físico. El cassette no compite en volumen, sino en significado.

El regreso del Walkman moderno no significa que vayamos a abandonar Spotify ni que el cassette vaya a desplazar al vinilo. Significa otra cosa: que hay una parte del público cansada de que escuchar música sea una actividad pasiva, infinita y guiada por recomendaciones.

En plena era del algoritmo, una cinta limitada puede sentirse extrañamente liberadora. No porque suene mejor, ni porque sea más cómoda, sino porque exige una decisión. Elegís un álbum, lo ponés, lo escuchás y aceptás sus tiempos. Quizá por eso el Walkman vuelve justo ahora: porque cuanto más fácil se vuelve escuchar cualquier cosa, más valor empieza a tener escuchar algo de verdad.

 

 

Fuente: Xataka.

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