Todo chip avanzado que usamos hoy tiene una dependencia incómoda. El móvil, el servidor que entrena modelos de inteligencia artificial, los aceleradores de NVIDIA o los sistemas de defensa más sofisticados pasan, directa o indirectamente, por una tecnología que solo una empresa sabe fabricar a escala industrial: la litografía EUV de ASML.
No hay un segundo proveedor equivalente. No hay un plan B rápido. Si ASML dejara de entregar sus máquinas, la frontera de los semiconductores no se detendría de golpe en todas partes, pero sí quedaría congelada en su punto más avanzado. Ese es el tamaño real de su poder.
Lo más llamativo es que ASML no nació como un gigante inevitable. Surgió en 1984 como una joint venture entre Philips y ASM International, con problemas técnicos, retrasos y necesidad de ayuda pública antes incluso de consolidarse como empresa. En 1988, ASM International se retiró y ASML sobrevivió gracias a un último apoyo de Philips. La compañía que hoy sostiene la fabricación de chips avanzados estuvo varias veces al borde de no existir.
La decisión que cambió la industria: no hacerlo todo sola
Nikon y Canon llegaron a la litografía desde una tradición óptica fuerte y una cultura mucho más integrada. ASML, en cambio, no podía permitirse ese modelo. Su debilidad inicial la obligó a construir una red: negociar, ensamblar, coordinar proveedores y concentrarse en la arquitectura del sistema.
Esa aparente fragilidad terminó siendo su mayor ventaja. Hoy ASML trabaja con una red de unos 5.100 proveedores, según recoge el texto que compartiste. Zeiss aporta la óptica extrema, Cymer —comprada por ASML en 2013— fue clave para la fuente de luz, y decenas de empresas especializadas fabrican piezas de altísima precisión. ASML se reserva lo decisivo: integrar todo, controlar las interfaces, desarrollar el software y mantener la relación directa con TSMC, Samsung e Intel.
El salto definitivo llegó con EUV, una tecnología casi absurda por su complejidad. Para generar luz de 13,5 nanómetros hay que disparar láseres sobre gotas microscópicas de estaño miles de veces por segundo y conducir esa luz mediante espejos de precisión extrema, porque no puede usarse óptica convencional. Ese sistema hizo posible fabricar los chips más avanzados, pero también creó una barrera industrial gigantesca.
En 2012, ASML dio otro paso decisivo: Intel, TSMC y Samsung invirtieron directamente para acelerar el desarrollo de EUV. No fue solo financiación. Fue una forma de atar la hoja de ruta de los tres grandes fabricantes de chips al éxito de ASML. Cuando EUV empezó a funcionar, sus clientes ya no podían bajarse del barco.
El monopolio también es una fragilidad global
Los números explican por qué ASML ya no compite como una empresa normal. En 2025 cerró con 32.700 millones de euros en ventas, un margen bruto del 52,8%, 9.600 millones de beneficio neto y una cartera de pedidos de 38.800 millones de euros. La propia compañía confirmó esas cifras en sus resultados anuales.
Además, una parte clave del negocio ya no está solo en vender máquinas, sino en mantenerlas. Una fábrica que instala equipos EUV y DUV avanzados queda atada durante años a soporte, actualizaciones, software y servicios. Es un monopolio de venta, pero también de dependencia operativa.
Por eso ASML es un activo geopolítico. En 2024, el Gobierno neerlandés lanzó la llamada Operación Beethoven: 2.500 millones de euros para reforzar vivienda, transporte, educación y red eléctrica en la región de Eindhoven, con el objetivo de mantener a ASML arraigada en Países Bajos.
Estados Unidos también convirtió a ASML en una pieza central de su pulso tecnológico con China. La venta de máquinas EUV a China está restringida desde 2019, y ASML afirmó recientemente que nunca ha enviado a China una máquina EUV ni componentes diseñados específicamente para ese tipo de equipos.
La presión no elimina el riesgo. China representó el 36% de las ventas de ASML en 2024, según Reuters, y al mismo tiempo es el país que más incentivos tiene para reducir esa dependencia.
El siguiente desafío se llama High-NA EUV. Estas máquinas amplían la apertura numérica de 0,33 a 0,55 y prometen patrones todavía más pequeños, pero cuestan hasta unos 400 millones de dólares por unidad. Reuters informó que ASML espera los primeros chips fabricados con High-NA en cuestión de meses, aunque clientes como TSMC han mostrado cautela por el coste.
La historia de ASML tiene una moraleja incómoda. La industria del chip se volvió extraordinariamente eficiente eliminando redundancias: menos proveedores, más especialización, más integración global. ASML es el mejor resultado de ese proceso, pero también su advertencia.
El mundo entero fabrica sus chips más avanzados apostando a que una sola empresa, una red de proveedores y un régimen de licencias internacionales no fallen. Es eficiencia llevada al extremo. Y cuando la eficiencia llega tan lejos, empieza a parecerse mucho a una fragilidad.