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Ciencia

El yacimiento de Homo naledi ya era uno de los grandes enigmas de la evolución humana y acaba de volverse todavía más extraño. Las proteínas de 23 dientes indican que los 20 individuos estudiados podrían ser hembras

El primer análisis molecular realizado sobre esta especie no encontró amelogenina-Y en ninguno de los restos examinados. El resultado podría apuntar a una acumulación funeraria seleccionada por sexo, aunque una rareza genética y otras explicaciones todavía impiden cerrar el misterio.
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El sistema de cuevas Rising Star, en Sudáfrica, llevaba más de una década obligando a los científicos a replantearse algunas ideas sobre la evolución humana. Sus estrechas galerías conservan una extraordinaria acumulación de fósiles de Homo naledi, una especie con un cerebro poco mayor que el de un chimpancé, pero con manos, pies y piernas que combinaban características primitivas y sorprendentemente humanas.

Ahora, el yacimiento acaba de sumar una anomalía difícil de explicar. Un equipo internacional analizó proteínas conservadas en 23 dientes correspondientes a, como mínimo, 20 individuos. No encontró en ninguno de ellos el marcador molecular asociado con el cromosoma Y.

Según el estudio publicado en la revista Cell, 19 individuos pudieron clasificarse con una elevada confianza como biológicamente femeninos, mientras que el resultado del vigésimo también es compatible con una hembra, aunque con un grado de certeza menor. En otras palabras, todos los ejemplares examinados parecen pertenecer al mismo sexo.

La conclusión más provocadora sostiene que Rising Star pudo funcionar como un lugar funerario reservado para las hembras. Sin embargo, el análisis demuestra únicamente que no aparecieron marcadores masculinos. No explica cómo llegaron los cuerpos hasta las profundidades de la cueva ni confirma por sí solo que fueran enterrados deliberadamente.

Veintitrés dientes y ninguna señal molecular masculina

El yacimiento de Homo naledi ya era uno de los grandes enigmas de la evolución humana y acaba de volverse todavía más extraño. Las proteínas de 23 dientes indican que los 20 individuos estudiados podrían ser hembras
© Rising Star program.

El ADN sería la herramienta más directa para determinar el sexo biológico de estos individuos, pero suele degradarse rápidamente en los ambientes cálidos de África. Los investigadores recurrieron por ello a la paleoproteómica, una técnica que estudia proteínas antiguas capaces de sobrevivir mucho más tiempo que el material genético.

Tal como explica el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, el esmalte dental es especialmente valioso porque constituye el tejido más duro del cuerpo y protege en su interior pequeñas secuencias de proteínas durante cientos de miles o incluso millones de años.

El equipo extrajo péptidos mediante un método de grabado ácido mínimamente destructivo y después los identificó con espectrometría de masas. El proceso deja sobre el fósil una alteración comparable con la que realiza un dentista antes de colocar un aparato, en lugar de cortar una porción visible del diente.

Los científicos buscaron dos variantes de la amelogenina, una proteína fundamental en la formación del esmalte. La versión AMELX está asociada con el cromosoma X y puede aparecer tanto en hembras como en machos. La variante AMELY, en cambio, está codificada en el cromosoma Y y normalmente permite reconocer a un individuo masculino.

De acuerdo con la Universidad de Witwatersrand, la amelogenina-Y estuvo completamente ausente en las 23 piezas analizadas. Las muestras sí conservaron proteínas suficientes para realizar el estudio, por lo que el resultado no puede atribuirse sencillamente a una mala preservación general del material.

Una rareza anatómica que llevaba años delante de los investigadores

Cuando Homo naledi fue descrito en 2015, los científicos ya habían observado que los adultos recuperados en la Cámara Dinaledi presentaban muy pocas diferencias de tamaño y forma.

En muchas especies de primates, parte de la variabilidad corporal se explica por el dimorfismo sexual: los machos y las hembras pueden diferir en estatura, masa, dientes o determinadas partes del esqueleto. La escasa variación de Rising Star llevó inicialmente a pensar que Homo naledi tenía un dimorfismo extraordinariamente reducido.

La nueva investigación plantea una explicación mucho más sencilla. Los fósiles se parecían tanto entre sí porque quizá no existían machos en la muestra.

El resultado también obliga a revisar algunas identificaciones históricas. “Neo”, uno de los esqueletos más completos y el individuo de mayor tamaño encontrado en el sistema, había sido interpretado habitualmente como masculino. Lo mismo ocurrió con otros ejemplares empleados para describir la especie. Sin embargo, sus dientes tampoco conservaron amelogenina-Y.

El estudio no cambia las características anatómicas que definen a Homo naledi, pero sí afecta a la manera de interpretar su variación. Si los veinte individuos son hembras, prácticamente todo lo que se conoce sobre el tamaño corporal de la especie procede de un solo sexo.

La explicación más espectacular apunta a entierros separados por sexo

Lee Berger, director del proyecto Rising Star y coautor del nuevo estudio, considera que el resultado puede reflejar una selección funeraria deliberada. En este escenario, Homo naledi habría transportado hasta estas cámaras únicamente los cuerpos de determinadas hembras.

La hipótesis resultaría extraordinaria. Los restos tienen entre 335.000 y 241.000 años, por lo que representarían una práctica funeraria diferenciada por sexo mucho más antigua que las documentadas de forma clara entre humanos modernos o neandertales.

Según sostiene la Universidad de Witwatersrand, la ausencia de machos podría reforzar la interpretación de que la cueva no contiene una acumulación accidental, sino un espacio utilizado repetidamente con algún criterio social. La muestra incluye además adultos, adolescentes y niños, lo que dificulta explicar la selección únicamente mediante una actividad cotidiana realizada por hembras adultas.

No obstante, hay una diferencia importante entre sexo y género. Las proteínas pueden aportar información sobre los cromosomas de los individuos, pero no permiten conocer las identidades, roles o categorías culturales que pudo reconocer una especie extinguida.

Tampoco demuestran que los restos fueran enterrados. El análisis molecular permite preguntar quiénes terminaron en la cueva, pero no reconstruye el proceso mediante el que llegaron allí.

El debate sobre los entierros de Homo naledi todavía no está cerrado

El equipo de Berger sostiene desde hace años que Homo naledi depositaba deliberadamente a sus muertos en las profundidades de Rising Star. También ha relacionado a la especie con posibles fuegos y grabados trazados sobre las paredes.

Estas afirmaciones transformaron al yacimiento en uno de los más polémicos de la paleoantropología. Si fueran correctas, demostrarían que comportamientos complejos no dependían necesariamente de un cerebro grande ni aparecieron exclusivamente entre Homo sapiens y los neandertales.

En 2025, una versión ampliada del estudio sobre los posibles enterramientos fue publicada por eLife después de un proceso de revisión especialmente dividido. Uno de los revisores consideró que la nueva documentación era suficiente para hablar de deposiciones intencionadas y repetidas. Otro mantuvo que las pruebas todavía no descartaban alternativas y pidió análisis independientes.

El nuevo resultado tampoco elimina esa división. Un grupo formado exclusivamente por hembras sería compatible con una práctica funeraria selectiva, pero también podría surgir de procesos sociales o naturales que todavía no comprendemos.

Michael Petraglia, especialista en evolución humana que no participó en el trabajo, ha advertido que la acumulación podría estar relacionada con grupos de búsqueda de alimento formados principalmente por hembras, una organización observada en algunos primates. Otros investigadores plantean sociedades con pocos machos adultos, división de actividades por sexo o un sesgo provocado por el sector concreto de la cueva que ha sido excavado.

También existe una explicación escondida en el propio cromosoma Y

El yacimiento de Homo naledi ya era uno de los grandes enigmas de la evolución humana y acaba de volverse todavía más extraño. Las proteínas de 23 dientes indican que los 20 individuos estudiados podrían ser hembras
© Rising Star program.

El estudio reconoce una posibilidad biológica capaz de alterar toda la interpretación: los machos de Homo naledi podrían no haber producido amelogenina-Y.

En algunos hombres actuales se han documentado deleciones del gen AMELY. También se ha encontrado un caso semejante en un neandertal identificado como masculino mediante su ADN. Cuando esto sucede, los dientes de un macho pueden ofrecer un perfil proteómico parecido al de una hembra.

Tal como explica Enrico Cappellini, investigador de la Universidad de Copenhague y autor principal sénior del trabajo, parece poco probable que la misma deleción aparezca por casualidad en veinte individuos. Sin embargo, podría haber sido una característica heredada por una población aislada o incluso una particularidad extendida en toda la especie.

Ese segundo escenario sería casi tan interesante como un espacio funerario femenino. Implicaría que la biología del cromosoma Y de Homo naledi era diferente y que la amelogenina no puede utilizarse con esta especie del mismo modo que con otros homínidos.

Para resolverlo hará falta encontrar un ejemplar indiscutiblemente masculino mediante otras partes del esqueleto o recuperar nuevos marcadores moleculares asociados al cromosoma Y. Mientras no aparezca esa confirmación, la formulación más precisa no es que los veinte individuos fueran necesariamente hembras, sino que ninguno conserva proteínas que permitan reconocerlo como macho.

El hallazgo más sólido puede ser la técnica utilizada

Más allá de las interpretaciones funerarias, el trabajo representa el primer análisis de biomoléculas antiguas obtenido de Homo naledi. La técnica resulta especialmente prometedora para África, donde las elevadas temperaturas dificultan la conservación del ADN. Los dientes son abundantes en muchos yacimientos y pueden preservar proteínas durante periodos mucho más largos sin necesidad de destruir fósiles excepcionales.

Según señala Palesa Madupe, autora principal de la investigación, estos métodos podrían aplicarse a otras especies cuya variación corporal y proporción entre sexos siguen siendo discutidas. También permitirían revisar identificaciones basadas tradicionalmente en el tamaño de huesos y dientes, una aproximación que puede resultar engañosa.

Rising Star todavía no ha revelado si fue un cementerio, un espacio ritual o el resultado de un proceso completamente distinto. Pero los dientes han cambiado la pregunta.

Durante años, el misterio consistía en explicar por qué tantos cuerpos de Homo naledi terminaron en las profundidades de una cueva casi inaccesible. Ahora hay que añadir otro: por qué, entre los veinte individuos capaces de responder molecularmente, no aparece ni una sola señal masculina.

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