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Ciencia

En apenas dos semanas de expedición en el Atlántico, los científicos hallaron 31 especies marinas nuevas: la mayoría vive en el hábitat más grande y menos explorado de la Tierra

Identificar y describir una sola especie nueva puede llevarles décadas a los científicos. Un equipo internacional acaba de hacerlo con 31 al mismo tiempo, en cuestión de días, gracias a instrumentos que nunca antes habían salido a navegar juntos
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Un equipo internacional de expertos en fauna de aguas medias, a bordo del buque de investigación Falkor del Schmidt Ocean Institute, confirmó 31 especies marinas nuevas durante una expedición de dos semanas frente a la costa de Brasil, en el Atlántico Sur tropical.

Los animales aparecieron en la zona intermedia del océano, también llamada zona crepuscular, una capa situada entre los 350 y los 1.157 metros de profundidad, por debajo del alcance de la luz solar. Según la propia institución, se trata del mayor hábitat de la Tierra y, al mismo tiempo, uno de los menos estudiados.

Qué se descubrió y dónde vive

Sifonóforos
© By Image courtesy of Islands in the Sea 2002, NOAA/OER. – U.S. Department of Commerce, National Oceanic and Atmospheric Administration, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=185562

El catálogo del hallazgo reúne organismos gelatinosos y de cuerpo blando poco conocidos: nueve medusas, siete sifonóforos, emparentados con la carabela portuguesa, y siete ctenóforos o medusas peine. La lista se completa con cuatro larváceos, dos rizarios gigantes, un anfípodo y un gusano marino del género Tomopteris, conocido como gusano de gasa.

Algunos ejemplares resultan llamativos por su biología. Los larváceos, con forma de renacuajo, están más emparentados con los seres humanos que la mayoría de los invertebrados marinos. Los rizarios gigantes, en cambio, son organismos de una sola célula lo bastante grandes como para verse a simple vista. El equipo también documentó comportamientos poco vistos, como un pulpo pelágico devorando una medusa de un rojo intenso a 800 metros de profundidad, una escena que ayuda a entender cómo funcionan las comunidades de aguas medias y el ciclo del carbono oceánico.

Animales demasiado frágiles para los métodos tradicionales

Tomopteris
© mitsu1244 – Shutterstock

La mayoría de estos organismos son tan frágiles que no resisten los métodos de recolección convencionales, por lo que el equipo tuvo que estudiarlos directamente en su propio entorno. Karen Osborn, científica jefa de la expedición e investigadora del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, señaló que el hábitat más grande de la Tierra está lleno de animales increíbles que recién se empiezan a comprender.

Osborn agregó que el equipo encontró mucha más diversidad y abundancia de la esperada, incluidos calamares de cristal y el pulpo observado alimentándose a 800 metros de profundidad, algo que la sigue fascinando por la variedad de soluciones que estos animales desarrollaron para sobrevivir en un entorno tan extremo.

La tecnología que permitió describir especies en días, no en décadas

Para lograrlo sin dañar a los ejemplares, el equipo combinó láseres de imágenes en tres dimensiones, secuenciación de ADN a bordo del buque y un microscopio de código abierto conocido como Squid, capaz de observar en vivo estructuras celulares tridimensionales, algo inédito hasta ahora en una expedición marina.

El instrumental incluyó además una cámara de sombras y un sistema hidrodinámico para observar el desplazamiento de los microorganismos, junto con una cámara de realidad virtual capaz de reproducir la presión, la temperatura y la luz de las profundidades. Buena parte de estos dispositivos proviene del laboratorio de bioinspiración del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterrey, dirigido por la ingeniera Kakani Katija, en colaboración con imágenes de alta resolución y secuenciación genética a bordo.

Por qué importa estudiar la zona crepuscular del océano

El material recogido servirá para reconstruir la fisiología de animales casi desconocidos y entender cómo sobreviven en un entorno sin luz y bajo una presión extrema. Manu Prakash, investigador de la Universidad de Stanford, remarcó el alcance del trabajo para la biología marina: esto abre una nueva vía para investigar la fisiología de las profundidades y conectar las estructuras celulares con la función del organismo.

Más allá del catálogo de especies nuevas, el trabajo confirma que la zona intermedia del océano, pese a ser el mayor espacio habitable del planeta, sigue siendo en gran medida un territorio inexplorado, con un rol central en el ciclo del carbono que afecta al clima global.

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