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Ciencia

En la frontera sur de Egipto había una isla que decidía si el faraón subía los impuestos: así funcionaba el nilómetro de Elefantina hace más de 3.000 años

Una isla granítica en medio del Nilo, justo antes de la primera catarata, funcionaba al mismo tiempo como frontera, aduana, santuario y estación de medición hidráulica. Ahí, los sacerdotes egipcios leían el nivel del río como quien lee un balance económico, y de esa lectura dependía literalmente cuánto pagaba de impuestos cada campesino del país
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Elefantina, una isla situada en la primera catarata del Nilo, cerca de donde hoy se levanta la presa de Asuán, funcionó como frontera física, cultural y lingüística entre el antiguo Egipto y Nubia. El Instituto Arqueológico Alemán de El Cairo, que excava el sitio de forma ininterrumpida desde 1969 junto al Instituto Suizo de Investigación Arquitectónica y Arqueológica de Egipto, la describe como uno de sus proyectos de excavación más extensos y prolongados en el país.

Ya Heródoto dejó constancia de esa frontera viva en sus relatos de viaje: a partir de Elefantina hacia el interior vivían los etíopes, que poblaban también la mitad de la isla, mientras que la otra mitad la ocupaban los egipcios.

Un nombre que viene de unas rocas con forma de elefante

El nombre de la isla proviene del término egipcio antiguo Abu, o Yeb, que significaba tanto elefante como marfil. Los egipcios vieron en las particulares rocas graníticas del lugar formas que les recordaban a estos animales, y así bautizaron el sitio. Pero mucho más relevante que su apariencia era su ubicación: Elefantina estaba a las puertas de Nubia, una región que los egipcios asociaban con el oro y la riqueza.

La ruta del oro que obligó a los faraones a cruzar la frontera

Desde el Imperio Antiguo, esta isla fortificada ganó importancia geopolítica como paso principal de rutas comerciales, hasta convertirse en una próspera ciudad amurallada. Faraones de la VI dinastía, como Merenre, viajaron hasta Elefantina para encontrarse con jefes nubios y afianzar esas rutas. Gobernadores locales, como Sarenput II o Heqaib, de quienes se conservan tumbas en la necrópolis de Qubbet el Hawa, tenían potestad para organizar y liderar expediciones militares y comerciales hacia el interior del continente.

Por esta isla circulaban incienso, pieles de animales salvajes, aceites, maderas nobles y, sobre todo, marfil africano, representado incluso con un jeroglífico propio en la tumba de Sarenput II. Pero el verdadero motor de la expansión egipcia hacia el sur fue el oro: durante el Imperio Nuevo, faraones como Tutmosis II, Hatshepsut y Tutmosis III sometieron a los pueblos nubios para controlar las minas de la región de Kush, que se extendía desde el sur de Egipto hasta el norte del actual Sudán.

El instrumento que decidía cuánto impuesto pagabas

Nilometro
Diagrama de un nilómetro © By Impr. impériale – https://digitalcollections.nypl.org/items/510d47e0-215d-a3d9-e040-e00a18064a99, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=49942441

Además de su rol comercial, Elefantina fue un centro espiritual de primer orden: los egipcios creían que en las profundidades de la catarata cercana nacían las crecidas sagradas del Nilo. Ahí se veneraba al dios carnero Jnum, el alfarero que modelaba en su torno la arcilla de los hombres y los dioses, junto a su esposa Satet, cuyo santuario en la isla permaneció activo durante más de 3.000 años de forma ininterrumpida.

Como los egipcios creían que la prosperidad del país dependía de la voluntad de Jnum para regular el Nilo, construyeron en Elefantina un nilómetro: una galería de piedra con una escalinata que descendía hasta el propio caudal del río. Si el agua alcanzaba la marca ideal, los sacerdotes anunciaban prosperidad y las autoridades fijaban los impuestos a los campesinos según ese nivel. Si el agua quedaba por debajo, se vaticinaban hambrunas; si subía en exceso, las crecidas arrasaban con las cosechas.

De centro religioso a base de operaciones de la UNESCO

Elefantina volvió a ganar relevancia internacional a mediados del siglo XX, con la construcción de la Gran Presa de Asuán y la creación del Lago Nasser. La isla sirvió como punto de apoyo logístico durante la histórica campaña de salvamento de la UNESCO en los años sesenta, cuando monumentos enteros de la Baja Nubia fueron desmontados piedra por piedra para evitar que quedaran sepultados bajo las aguas.

Elefantina acogió temporalmente los bloques desmontados del templo de Debod, hoy instalado en Madrid, mientras que otros grandes monumentos, como Kalabsha, Philae o Abu Simbel, fueron reubicados en promontorios e islas cercanas para salvarlos de la inundación.

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