Cinco fósiles encontrados en la costa del estado australiano de Victoria han permitido reconstruir algo que hasta hace poco resultaba bastante difícil de imaginar: cómo se organizaba la comunidad de grandes dinosaurios carnívoros que vivió cerca del círculo polar antártico hace más de 100 millones de años.
Los restos proceden del Grupo Strzelecki, de entre 121,4 y 118 millones de años, y de la Formación Eumeralla, algo más reciente, de entre 113 y 108 millones de años. Entre ellos aparecen megaraptóridos de gran tamaño, carcharodontosaurios bastante más pequeños y un unenlagiino, un miembro de un grupo de depredadores emparentados con los dromeosaurios.
El resultado, publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology, tiene dos hitos importantes: proporciona las primeras evidencias de carcharodontosaurios en Australia y sitúa a dos de los especímenes de megaraptóridos entre los más antiguos conocidos hasta ahora.
Hay, eso sí, una precisión temporal: el estudio científico fue publicado originalmente el 19 de febrero de 2025, aunque el hallazgo ha vuelto a circular como noticia en agosto de 2026.
Australia tenía una jerarquía de depredadores prácticamente invertida

Los carcharodontosaurios fueron algunos de los mayores carnívoros terrestres del Cretácico. En África y Sudamérica, miembros de este linaje llegaron a alcanzar dimensiones comparables a las de Tyrannosaurus rex, con ejemplares cercanos a los 13 metros de longitud.
En Victoria ocurrió algo bastante diferente. Los fósiles australianos apuntan a carcharodontosaurios de apenas dos a cuatro metros, mientras que los megaraptóridos compartiendo el mismo ecosistema podían alcanzar aproximadamente seis o siete metros. En otras palabras, el grupo que en otros lugares de Gondwana producía algunos de los superdepredadores dominantes aquí estaba representado por animales mucho más modestos.
El nicho de gran depredador parece haber correspondido a los megaraptóridos. Estos dinosaurios tenían una anatomía muy distinta: hocicos relativamente alargados, dientes más pequeños y, sobre todo, brazos musculosos terminados en enormes garras curvas, que probablemente desempeñaban un papel importante durante la caza. Los restos del Grupo Strzelecki muestran además que ya habían alcanzado un tamaño corporal considerable en una etapa muy temprana de su historia evolutiva.
La tercera pieza del ecosistema eran los unenlagiinos: depredadores más ligeros, posiblemente emplumados y cercanos evolutivamente a los dromeosaurios. El ejemplar identificado en Victoria refuerza la evidencia de que este grupo también estaba presente en la Australia polar del Cretácico Temprano.
Cinco fósiles bastaron para cambiar el mapa de los carnívoros australianos
Los restos estudiados no forman esqueletos completos. Gran parte de la información procede de tibias, vértebras de la cola y otros elementos aislados, algo habitual en el registro fósil de los terópodos australianos.
Dos tibias fueron asignadas a Carcharodontosauria y constituyen la primera evidencia reconocida de este grupo en Australia. Otra tibia presenta características compatibles con Unenlagiinae. Finalmente, una tibia y dos vértebras caudales articuladas con sus arcos hemales fueron atribuidas a megaraptóridos de gran tamaño.
La antigüedad de estos últimos es especialmente importante. Los ejemplares del Grupo Strzelecki rondan los 121 millones de años, lo que adelanta hasta una fase muy temprana del Cretácico la presencia de megaraptóridos grandes. Uno de esos animales habría superado incluso en tamaño al posterior Australovenator, uno de los megaraptóridos australianos mejor conocidos, pese a haber vivido decenas de millones de años antes.
Los investigadores creen que las diferencias de tamaño también pueden estar relacionadas con las presas disponibles. En Victoria abundaban pequeños dinosaurios herbívoros, mientras que no se conocen fósiles de saurópodos en estos yacimientos. Los enormes carcharodontosaurios de otros continentes estaban probablemente mejor adaptados a ecosistemas con grandes saurópodos.
Australia y Sudamérica todavía tenían una carretera natural: la Antártida

Los fósiles ayudan además a explicar por qué Australia presenta grupos de dinosaurios sorprendentemente similares a los encontrados en Sudamérica. Hace 120 millones de años, el mapa del planeta era muy diferente. Australia se encontraba mucho más al sur y todavía mantenía conexiones terrestres con la Antártida, que a su vez conservó durante parte del Cretácico vínculos con Sudamérica.
Los autores consideran que la distribución de megaraptóridos, unenlagiinos y otros dinosaurios gondwánicos refuerza la posibilidad de un intercambio de fauna entre Sudamérica y Australia a través de la Antártida antes de que la fragmentación continental aislara definitivamente esas regiones. Eso convierte a estos cinco huesos en algo más que nuevos registros para el catálogo australiano.
Lo interesante es que muestran un mundo en plena transformación: continentes separándose, dinosaurios todavía desplazándose entre ellos y ecosistemas capaces de reorganizar por completo quién ocupaba la cima de la cadena alimentaria.
En Sudamérica, los carcharodontosaurios terminaron produciendo auténticos gigantes. En la Australia polar, hace unos 120 millones de años, los grandes cazadores parecían ser otros.