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Ciencia

Encontraron 15 ciudades conectadas bajo la selva amazónica y tienen unos 2.500 años: el hallazgo se logró gracias a la tecnología de vanguardia

Bajo la espesa vegetación amazónica, una tecnología aérea reveló caminos monumentales, plataformas y asentamientos que obligan a replantear la historia de la región.
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Durante mucho tiempo, la Amazonía precolombina fue imaginada como una extensión casi indomable, habitada únicamente por pequeños grupos dispersos. Sin embargo, bajo el bosque sobrevivían las huellas de una sociedad capaz de transformar el paisaje a una escala que pocos arqueólogos esperaban encontrar.

Desde el suelo, prácticamente no se veía nada. Las raíces, los árboles y siglos de vegetación habían borrado cualquier indicio evidente de lo que alguna vez existió allí. Pero al observar el terreno desde el aire con una tecnología especial, apareció una imagen completamente diferente: caminos rectos, grandes plataformas, plazas y numerosos asentamientos conectados entre sí.

No eran construcciones aisladas ni pequeños poblados improvisados. Se trataba de una extensa red urbana que comenzó a desarrollarse hace aproximadamente 2.500 años y que pudo albergar a decenas de miles de personas. Es otro de esos descubrimientos que, como las investigaciones sobre el verdadero lugar donde comenzó la historia del Homo sapiens, obligan a revisar ideas que parecían establecidas.

Las ciudades que la selva consiguió ocultar durante siglos

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© Alan_Frijns – Pixabay

El descubrimiento se encuentra en el valle del río Upano, en la Amazonía ecuatoriana. Las primeras evidencias arqueológicas de ocupación humana habían sido identificadas décadas atrás, pero la verdadera magnitud del sistema permaneció oculta hasta que los investigadores pudieron estudiar la zona desde el aire.

El análisis permitió localizar 15 asentamientos distribuidos a lo largo de unos 300 kilómetros cuadrados. Cinco de ellos fueron clasificados como centros de gran tamaño. Entre los más destacados se encuentran Kilamope y Sangay, cuyos diseños muestran una planificación que difícilmente podría atribuirse al crecimiento espontáneo.

En total, los arqueólogos identificaron alrededor de 6.000 plataformas rectangulares de tierra. Sobre ellas se levantaban viviendas y edificios destinados posiblemente a reuniones colectivas, rituales u otras actividades comunitarias. Las estructuras estaban organizadas alrededor de plazas y aparecían agrupadas siguiendo patrones definidos.

Algunas de las plataformas se encontraban separadas por campos agrícolas, mientras que otras estaban conectadas mediante una sorprendente red de caminos. Las vías principales podían alcanzar unos diez metros de ancho y prolongarse entre diez y veinte kilómetros, atravesando el paisaje en líneas notablemente rectas.

Construirlas habría requerido movilizar a numerosos trabajadores, coordinar tareas durante largos periodos y mantener acuerdos entre diferentes comunidades. Esta infraestructura revela mucho más que habilidad técnica: también señala la existencia de una sociedad organizada, con capacidad para planificar y administrar un territorio considerable. Otros hallazgos, como el campamento minero prehistórico descubierto a más de 2.000 metros en los Pirineos, también muestran que las comunidades antiguas dominaban entornos considerados extremos.

Una tecnología que permitió retirar virtualmente el bosque

La herramienta decisiva fue el LiDAR, sigla en inglés de detección y medición mediante luz. El sistema emite pulsos láser desde una aeronave y calcula el tiempo que tardan en regresar después de impactar contra la superficie.

Aunque buena parte de esos pulsos rebota en las copas de los árboles, algunos consiguen atravesar pequeños espacios entre las hojas y alcanzar el suelo. Posteriormente, un programa procesa millones de mediciones y retira digitalmente la vegetación. El resultado es un modelo detallado del relieve escondido bajo el bosque.

Gracias a esta técnica, los investigadores pudieron distinguir plataformas, zanjas, caminos, áreas de cultivo y sistemas de drenaje que serían extremadamente difíciles de reconocer durante una exploración tradicional. El LiDAR no descubrió simplemente unas cuantas ruinas: permitió contemplar el paisaje construido como un conjunto.

El LiDAR atravesó la selva amazónica y encontró casi 400 estructuras ocultas: podrían existir más de 20.000
© TOPVIDEO “FERMASTER” MAKER – Youtube.

La combinación de arqueología y nuevas herramientas está revelando detalles que antes resultaban imposibles de detectar. Incluso construcciones muy estudiadas pueden ofrecer nuevas pistas, como ocurrió cuando un astrónomo introdujo la estructura de Stonehenge en un ordenador IBM para analizar su posible relación con los eclipses.

Las ciudades del valle de Upano habrían comenzado a ser ocupadas alrededor del año 500 a. C. y permanecieron activas durante cerca de un milenio. Según las estimaciones de los investigadores, la red pudo concentrar entre 10.000 y 30.000 habitantes, aunque calcular su población exacta sigue siendo complicado.

Sus habitantes cultivaban productos como maíz, mandioca y batata. Para hacerlo, modificaron el terreno y desarrollaron soluciones adaptadas a las lluvias, la humedad y las características de la selva. Más que imponerse sobre el ambiente, parecen haber creado una forma particular de urbanismo integrada con jardines y espacios agrícolas.

El hallazgo que cambia la historia de la Amazonía

La investigación cuestiona una antigua visión de la Amazonía como un territorio prácticamente intacto antes de la llegada de los europeos. La evidencia muestra que algunas comunidades indígenas no solo ocuparon la región, sino que construyeron paisajes urbanos extensos y densamente organizados.

A diferencia de las ciudades de piedra asociadas con otras civilizaciones americanas, estos asentamientos fueron levantados principalmente con tierra. Esa elección explica por qué sus vestigios pudieron confundirse durante tanto tiempo con las formas naturales del terreno.

Todavía existen grandes interrogantes. Los arqueólogos no conocen con precisión cómo se gobernaban estas comunidades, qué relación mantenían los distintos centros ni cuál fue la causa definitiva de su abandono, ocurrido aproximadamente entre los años 300 y 600 d. C. Una de las hipótesis considera la posible influencia de la actividad del cercano volcán Sangay, pero aún no hay una respuesta concluyente.

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© Sun_Shine – shutterstock

Reconstruir sociedades desaparecidas suele depender de pistas incompletas. Así sucede con la momia de 3.000 años cuyo rostro conserva una inquietante expresión o con los restos denisovanos encontrados en una cueva de China, que permitieron conocer nuevos detalles sobre la vida de estos antiguos humanos.

El hallazgo del valle de Upano demuestra que la selva no estuvo siempre vacía ni separada de las grandes transformaciones humanas. Bajo su vegetación permanecía una infraestructura monumental construida por generaciones de habitantes.

Y quizá lo más fascinante sea que esta red podría no ser una excepción. Si una extensión tan amplia permaneció escondida durante siglos, otras ciudades todavía podrían encontrarse bajo el dosel amazónico, esperando que la tecnología vuelva a retirar virtualmente el bosque.

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