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Encuentran un meteorito que podría cambiar nuestra forma de entender los asteroides

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Un grupo de científicos han publicado el análisis de un fragmento de meteorito que consiguieron reunir después de que un asteroide estuviese cerca de colisionar con la Tierra en 2008. Los datos muestran que el asteroide del que se desprendió era enorme, y los resultados sugieren que los asteroides que contienen agua pueden ser más grandes y tener diferentes composiciones minerales de lo que se pensaba.

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Los hallazgos del estudio fueron publicados esta semana en la revista Nature Astronomy y analizan la composición química de un pequeño trozo de esos fragmentos de meteorito.

La historia de los fragmentos comienza en octubre de 2008, cuando los científicos se percataron de que había un asteroide en rumbo de colisión con la Tierra. Sabían que la mayor parte del asteroide desaparecería al entrar en la atmósfera y que los restos, de haberlos, caerían en las arenas del desierto de Nubia. Esto les dio una oportunidad única a los investigadores, entre los que se encontraban varios científicos de la NASA, para anticipar su llegada y así peinar la zona en busca de fragmentos.

Aunque el asteroide era relativamente pequeño —sólo unas nueve toneladas—los restos que dejó tras de si fueron minúsculos: solo se pudieron recuperar algo menos de 4 kilogramos. Los restos recibieron el sobrenombre de Almahata Sitta, en honor a una estación de tren cercana.

Desde que consiguieron recuperarlos, se han analizado diferentes partes de Almahata Sitta, revelando información sobre el origen y la composición química de las distintas partes del asteroide. La muestra del meteorito que estudió el equipo, denominada AhS 202, era tan pequeña que cabía 10 veces en la cabeza de un clavo, pero provenía de una gigantesca roca espacial, un punto de origen que precede a la unión del fragmento con la masa rocosa de Almahata Sitta. El equipo utilizó luz infrarroja y rayos X para estudiar la muestra. Encontraron que el fragmento era una condrita carbonosa, un tipo de meteorito que se formó durante los primeros días del sistema solar y que pudo haber traído agua a la Tierra, dando lugar a... todo esto. Por lo general, no se pensaba que las condritas carbonáceas pudieran provenir de cuerpos parentales (sus asteroides de origen) que tuviesen más de 100 kilómetros de diámetro.

Pero los investigadores encontraron tremolita en su diminuto fragmento, un mineral que requiere una inmensa presión para formarse. La existencia de tremolita en la muestra sugiere que su asteroide de origen podría tener entre 640 y 1800 kilómetros de diámetro.

“Esta es una prueba de la existencia de un cuerpo parental muy grande que no sabíamos que existía anteriormente”, dijo Vicky Hamilton, autora principal del artículo, quien señaló que esta es la primera presencia conocida de tremolita en una condrita carbonosa. “El hecho de que no tengamos otras pruebas de ello en nuestras colecciones de meteoritos nos ayuda a confirmar lo que ya sospechábamos, que es que los meteoritos que logramos encontrar en la Tierra son solo una muestra sesgada”.

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La tremolita (naranja) solo se podría haber formado si el asteroide padre fuese enorme.
La tremolita (naranja) solo se podría haber formado si el asteroide padre fuese enorme.
Imagen: https://www.nature.com/articles/s41550-020-01274-z

A medida que los asteroides atraviesan el espacio, van chocando con otros cuerpos. Estos conglomerados de metales y minerales se unen y se deshacen a medida que continúa su trayectoria. Cuando un meteorito se encuentra acaba en la Tierra, es un compendio de historias espaciales, y la única forma de leerlo es haciendo un montón de análisis.

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“Puedes tener a un grupo de científicos mirando un trozo de meteorito y a otro grupo mirando otra pieza de ese mismo meteorito, y verás dos partes diferentes de la historia del sistema solar”, dijo Hamilton.

Así es como el pedazo en el que ha puesto sus manos Hamilton podría hablar de los orígenes de un enorme asteroide, mientras que otra parte de Almahata Sitta podría insinuar la existencia de un protoplaneta. El trabajo de electroscopia que hizo el equipo es una especie de ingeniería inversa, para pasar de lo que parece una roca espacial típica a su historia concreta, que en este caso tiene que ver con la existencia de un asteroide padre gigante. Es como encontrar una miga en la encimera de la cocina, podría venir de cualquier sitio, pero si la analizamos químicamente podemos ver las condiciones de temperatura y presión que la originaron, y si esa miga proviene realmente del desayuno de esa misma mañana o de la tarta de cumpleaños que comiste la semana pasada.

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Aunque sea mucho más raro detectar este tipo de asteroides, nuevas condritas carbonáceas podrían caer del cielo en cualquier momento.