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Ciencia

El ADN del gran tiburón blanco no se pone de acuerdo consigo mismo. Dos estudios acaban de romper lo que creíamos saber sobre su evolución

Unos datos apuntan en una dirección, otros dicen exactamente lo contrario. El genoma del tiburón blanco está contando dos historias incompatibles, y los científicos no logran explicar por qué.
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El gran tiburón blanco, depredador supremo de los océanos, siempre ha fascinado por su fuerza y rareza. Sin embargo, lo que hoy desconcierta no es su tamaño ni su ferocidad, sino el enigma de su ADN. Los análisis recientes parecen contradecirse y han llevado a los científicos a replantear todo lo que creíamos saber sobre su linaje.

Dos estudios que chocan de frente

El enigma genético del gran tiburón blanco que rompe las reglas de la biología
© Unsplash – Oleksandr Sushko.

En el año 2024, una investigación publicada en Current Biology ofreció una primera gran pista: no existe una única población global de tiburón blanco, sino tres linajes diferenciados —Atlántico Norte–Mediterráneo, Indo-Pacífico y Pacífico Norte— separados hace entre 100.000 y 200.000 años. Esta división coincidía con las barreras naturales de las glaciaciones, las corrientes y los cambios en el nivel del mar.

Pero en agosto del año 2025, un segundo estudio publicado en PNAS derrumbó esa aparente claridad. Si bien el ADN nuclear confirmaba la cercanía entre grupos, el ADN mitocondrial contaba otra historia: marcadas diferencias que no encajaban ni con la geografía, ni con la historia poblacional, ni con el comportamiento migratorio conocido. Un dilema genético sin precedentes.

El misterio de la discordancia mitonuclear

El enigma genético del gran tiburón blanco que rompe las reglas de la biología
© Unsplash – Alex Steyn.

Cada célula guarda dos manuales de instrucciones: el ADN nuclear, heredado de ambos progenitores, y el mitocondrial, transmitido solo por la madre. Normalmente, ambos relatos coinciden. Pero en el gran blanco la brújula apunta a direcciones opuestas.

Los modelos estadísticos demostraron que ni la filopatría femenina (hembras regresando al lugar de nacimiento para reproducirse) ni la deriva genética aleatoria podían explicar la disparidad. La única hipótesis posible es más inquietante: que la selección natural esté actuando directamente sobre el genoma mitocondrial o sobre su compatibilidad con el núcleo, en un proceso de coevolución tan intenso que algunos investigadores lo describen como “brutalmente letal”.

Conservación y preguntas abiertas

Este dilema no es tan solo académico. Con apenas decenas de miles de ejemplares en todo el mundo, la conservación del tiburón blanco depende de entender su verdadera estructura poblacional. Si cada cuenca oceánica guarda linajes únicos, los planes de protección deben adaptarse a esas diferencias.

Resolver el enigma requerirá más que modelos: será necesario un muestreo sistemático de hembras y crías, el análisis de condiciones ambientales como oxígeno y temperatura, y hasta estudios de paleo-ADN a partir de dientes fosilizados. Solo entonces, tal vez, podamos comprender por qué el tiburón blanco parece no responder a las leyes clásicas de la biología.

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