Image: Samantha con la respuesta (AP)

Noviembre de 1982, un par de días después de la muerte del líder soviético Leonid Brezhnev, el ex jefe de la KGB, Yuri Andropov, es elegido secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética. Si la Guerra Fría tuvo varios momentos terroríficos, este era uno de ellos.

Andropov, y debido a su pasado en la KGB, despertaba muchas dudas internacionales. Él tampoco hacía mucho por apaciguar estos pensamientos. El hombre estaba preocupado con la idea de que Estados Unidos estaba planeando un ataque nuclear para derrocar al gobierno soviético y, claro, ellos no iban a ser menos.

Fue tal la propaganda que se dedicaban ambos países, que la incertidumbre ante el nombramiento del ex jefe de la KGB acabó plantando la cara de Andropov en la portada de la revista Time. No había forma mejor de hacer despertar al pueblo norteamericano de la amenaza soviética.

Al igual que millones de niños estadounidenses durante la Guerra Fría, Samantha Smith, de 10 años y natural de Manchester, Maine, estaba aterrorizada por ese posible escenario donde iba a ser atacada con armas nucleares por los rusos. La prensa y los programas de televisión no paraban de hablar sobre bombas nucleares, sistemas de defensa antimisiles y una “destrucción mutua”, y la pequeña temía la posibilidad de una guerra.

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Un día, Samantha llegó de clase y le pidió a su madre que escribiera una carta al presidente de la Unión Soviética para averiguar “quién estaba causando todos los problemas”. Su madre le sugirió que la escribiera ella misma, y la niña aceptó el reto. En noviembre de 1982, Samantha escribió lo siguiente al secretario general del Partido Comunista, Yuri Andropov, el jefe de la Unión Soviética:

Image: AP

Estimado Sr. Andropov,

Mi nombre es Samantha Smith. Tengo diez años. Le felicito por su nuevo trabajo. Me he estado preocupando porque Rusia y Estados Unidos entren en una guerra nuclear. ¿Vas usted a votar para tener una guerra o no? Si no es así, dígame cómo va a ayudar a que no ocurra. Esta pregunta no tiene que responderla, pero me gustaría saber por qué quiere conquistar el mundo o, al menos, nuestro país. Dios creó el mundo para que nosotros podamos vivir juntos en paz y no para luchar.

Sinceramente,

Samantha Smith

Durante meses no hubo respuesta alguna, sin embargo, cuando la carta se publicó en Pravda, el periódico estatal soviético, todo cambió. La misiva de la niña se vio como una súplica para la comprensión internacional. Claro que eso no significaba mucho para Samantha, la niña había escrito la carta a Andropov y quería una respuesta que respondiera a sus preguntas.

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¿Qué hizo? Escribió una segunda carta, esta vez a la embajada soviética en Washington en marzo de 1983. Poco después, la embajada telefoneó a Samantha a su casa y le dijo que había una carta de Andropov que le llegaría muy pronto.

Y así fue. Un mes más tarde, llegó la carta. Además de hacerla llegar a Smith, el embajador, deseoso de crear una corriente de crítica positiva hacia los soviéticos, también alertó a los medios y les dio una copia de la misma. Reporteros y fotógrafos invadieron la casa de la pequeña mientras le entregaban la carta. Estos son algunos extractos de la misma:

Querida Samantha,

Recibí su carta, me han llegado muchas otras recientemente de su país y de otros países del mundo.

Usted escribe que está ansiosa acerca de si habrá una guerra nuclear entre nuestros países. Y pregunta si estamos haciendo algo para que la guerra no se desate. Su pregunta es la más importante de todas, que todo hombre pensante puede hacer. Te responderé en serio y honestamente. Sí, Samantha, nosotros en la Unión Soviética estamos tratando de hacer todo para que no haya guerra en la Tierra. Y queremos vivir en paz, comerciar y cooperar con todos nuestros vecinos de esta tierra, con los que están lejos y con los que están cerca. Y ciertamente con un país tan grandioso como los Estados Unidos de América.

En Estados Unidos y en nuestro país hay armas nucleares, armas terribles que pueden matar a millones de personas en un instante. Pero no queremos que sean utilizadas alguna vez. Es precisamente por eso que la Unión Soviética declaró solemnemente en todo el mundo que nunca usará armas nucleares primero contra ningún país. En general, proponemos suspender su producción y proceder a la abolición de todas las reservas en la Tierra. Me parece que esta es una respuesta suficiente a su segunda pregunta: “¿Por qué quiere librar una guerra contra todo el mundo o al menos contra los Estados Unidos?” No queremos nada de eso. Queremos la paz; hay algo en lo que estamos ocupados: cultivar trigo, construir e inventar, escribir libros y volar al espacio. Queremos la paz para nosotros y para todos los pueblos del planeta. Para nuestros hijos y para ti, Samantha.

Te invito, si tus padres te lo permiten, a venir a nuestro país, el mejor momento es en verano. Descubrirás nuestro país, se encontrará con sus contemporáneos, visitará un campamento infantil internacional, “Artek”, cerca del mar. Así podrás ver que en la Unión Soviética todos están a favor de la paz y la amistad entre los pueblos. Gracias por tu carta. Te deseo todo lo mejor en tu aún joven vida.

Y. Andropov

Image: Test nuclear durante la Guerra Fría (Wikimedia Commons)

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Por tanto, el adversario de la Guerra Fría de Estados Unidos acababa de invitar a Samantha Smith, de 10 años, a visitar la Unión Soviética, algo que pocos estadounidenses en ese momento habían hecho. ¿Qué ocurrió? Que la niña aceptó.

El gobierno de Estados Unidos permitió a los Smith volar juntos, aunque técnicamente no lo patrocinaron ni lo aprobaron. Sin embargo, y por seguridad, el Departamento de Estado preparó a la familia en los dos meses y medio anteriores a su viaje. Mientras tanto, Samantha apareció en numerosos programas de televisión para hablar sobre el mismo.

El 7 de julio de 1983, Samantha y sus padres volaron a Moscú, comenzando una gira relámpago donde les acompañaba un nutrido grupo de medios. La joven fue trasladada en una limusina y vio los lugares de mayor interés en las dos ciudades más grandes de Rusia, Moscú y Leningrado, y aprendió sobre la historia del país, su gente y cómo funcionaba el comunismo.

Sin embargo, la parte favorita de la niña fue el ambiente familiar del campamento de verano. Permaneció unos días en el Artek Young Pioneers Camp (similar a un retiro de Boy Scouts), donde nadó en el Mar Negro y dios largas caminatas con niñas rusas de su edad (por cierto, todas ellas, y por conveniencia, hablaban inglés).

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Image: Llegada a la Unión Soviética de Samantha (Wikimedia Commons)

Cada telediario en la Unión Soviética cubría las idas y venidas de la niña, y los rusos se reunían en las calles para verla y animarla. En una de las muchas conferencias de prensa, Samantha recibió un teléfono y vivió un momento ciertamente surrealista. La niña escuchó una voz femenina en el otro lado repitiendo las palabras, “Te beso, Samantha, te beso!” Samantha se asustó y colgó. Aquella voz en el teléfono era de la cosmonauta Valentina Tereshkova, la primera mujer en el espacio y una héroe nacional.

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En cualquier caso, el viaje no fue completo. Samantha nunca pudo verse personalmente con Yuri Andropov. Sus allegados le dijeron que estaba demasiado ocupado. De hecho, lo que estaba era demasiado enfermo: sufría de una insuficiencia renal y el hombre estaba muriendo. Eso sí, hablaron por teléfono durante el viaje. Andropov murió a principios de 1984.

Tras el viaje de la niña norteamericana a la Unión Soviética en plena Guerra Fría, Samantha se convirtió en la embajadora no oficial de buena voluntad, abogando por el poder de la amistad internacional y el desarme nuclear. Incluso publicó un libro titulado Viaje a la Unión Soviética, apareció en televisión y pronunció todo tipo de discursos para promover la paz en todo el mundo.

Entre otros, fue invitada al Simposio Internacional de Niños en Japón, incluso pidió un “intercambio de nieta”, en el cual los líderes soviéticos y estadounidenses debían enviar a sus nietas a vivir juntas durante dos semanas cada año reflejando su viaje. “El presidente no querría enviar una bomba a un país que visitaba su nieta”, dijo como argumento.

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La niña se hizo tan famosa que comenzó a recibir ofertas del mundo del espectáculo. En 1984 apareció en un espacial para niños en Disney Channel llamado Samantha Smith Goes to Washington, donde entrevistó a George McGovern y al candidato presidencial Jesse Jackson. En 1985 fue seleccionada para Lime Street, un drama de ABC protagonizado por Robert Wagner como investigador internacional de fraudes de seguros. Samantha era su hija.

Sin embargo, la historia de Samantha Smith no tuvo un final feliz. En agosto de 1985, justo después de filmar el quinto episodio de la serie, Samantha y su padre estaban a bordo de un avión que volaba hacia el aeropuerto de Lewiston-Auburn, cerca de su casa en Maine. El mal tiempo, errores de pilotaje y las indicaciones incorrectas de la torre de control, causaron que el avión se estrellara en un campo. No hubo supervivientes. Samantha tenía 13 años.

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Ese día, las condolencias llegaron de todos los lados del mundo. Tanto el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, como el líder soviético, Mikhail Gorbachev, enviaron cartas personales a la madre de Samantha, Jane Smith.

Image: Estampilla dedicada a la niña (Wikimedia Commons)

Los rusos conmemoraron a la niña de varias formas: se emitió una estampilla en su honor y se descubrió un enorme diamante en Siberia que recibió su nombre, al igual que una nueva clase de flor, un asteroide descubierto por un astrónomo ruso (3147 Samantha) y el Young Pioneer Camp que visitó en 1983.

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Por su parte, en Estados Unidos muchas escuelas recibieron su nombre. Por decreto de la legislatura estatal de Maine, el primer lunes de junio es el Día de Samantha Smith. Allí tienen una estatua de bronce de tamaño natural de la pequeña sosteniendo una paloma con un pequeño oso a sus pies sosteniendo una bandera estadounidense. El oso es un símbolo para Rusia, y la paloma es un símbolo de paz.

Un año después de su muerte, la fundación que llevaba su nombre logró que la tensión entre Rusia y Estados Unidos se rebajara: miles de niños de ambos países llevaron a cabo viajes de intercambio amistosos durante una década. Samantha Smith fue la niña que hizo ver con una simple carta que otro mundo era posible. [Wikipedia, Mental Floss, E. Britannica, History]