Un hombre entra en una habitaci√≥n y le pregunta a una joven de 17 a√Īos: ‚ÄúJuliane, si cierras los ojos, ¬Ņrecuerdas c√≥mo empez√≥ todo?‚ÄĚ La chica cierra los ojos y responde: ‚ÄúLo que ocurri√≥ despu√©s de los primeros 30 minutos es algo que solo puedes tratar de imaginar en tu mente, pero lo voy a intentar‚ÄĚ.

24 de diciembre de 1971, v√≠spera de Navidad en el aeropuerto Internacional Jorge Ch√°vez de Lima. Al mediod√≠a part√≠a el vuelo comercial 508 de LANSA, un avi√≥n turboh√©lice Electra L-188A de Lockheed, registrado como OB-R-941 con destino a Pucallpa, Per√ļ.

Ese d√≠a, en el asiento 19F (ventana) iba la pasajera Juliane Koepcke junto a su madre. Juliane, de 17 a√Īos,¬†naci√≥ en Lima el 10 de octubre de 1954. Sus padres eran dos zo√≥logos alemanes de gran prestigio que se mudaron a Per√ļ para estudiar la vida salvaje. Mar√≠a, la madre, era una ornit√≥loga venerada, su padre, Hans-Wilhelm, un zo√≥logo de renombre mundial.

Si nos paramos detenidamente en la figura de sus progenitores es porque lo que estaba punto de pasar le iba a cambiar la vida a Juliane, y sus padres iban a tener mucho que ver en ello. La joven recibió su diploma de escuela secundaria el día antes del vuelo y planeaba estudiar zoología.

Image: Juliane Koepcke con 17 a√Īos (AP)

Juliane se había matriculado en una escuela a cientos de kilómetros de distancia de sus padres, quienes trabajaban en un puesto de investigación remota en el corazón del Amazonas. De ahí que la joven quisiera seguir sus pasos, y que llevara un tiempo leyendo libros sobre el sistema interno de un ecosistema tan volátil como fascinante, esa selva amazónica.

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No lo sab√≠a entonces, pero sus a√ļn j√≥venes conocimientos la iban a poner frente al mayor desaf√≠o que puede tener un ser humano, uno a vida o muerte.

María había acudido la noche anterior a buscar a su hija. Ambas cruzarían en avión la selva peruana para encontrarse con su padre y celebrar las fiestas en familia.

El día del viaje el aeropuerto estaba repleto de gente. Madre e hija estaban felices de tomar el vuelo antes de Navidad, sin embargo, tenían sentimientos encontrados, sabían de la mala reputación de la aerolínea (dos aviones se habían estrellado recientemente) y a María no le gustaba volar, se ponía muy nerviosa.

Cuando llegaron les informaron que el vuelo se había retrasado. No les dieron más explicaciones y ellas tampoco le dieron mucha importancia. Poco después, sobre las ventanas que mostraban las pistas vieron acercarse un turbohélice Electra. Su avión estaba listo y los pasajeros subieron para despegar rumbo a Pucallpa.

Image: Ruta aproximada del vuelo (Wikimedia Commons)

El vuelo iba a durar una hora. Juliane eligió el asiento 19F porque le encantaba sentarse al lado de la ventana y mirar afuera. Un viaje de lo más suave durante los primeros 30 minutos donde la tripulación sirvió sándwiches a los pasajeros.

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Sin embargo, pasada la media hora de vuelo el ambiente comenz√≥ a enrarecerse. Las nubes se oscurecieron y las peque√Īas turbulencias iniciales dieron paso a movimientos cada vez m√°s bruscos.

El avión volaba a unos 6.400 metros sobre el nivel medio del mar cuando se encontró con un área de tormentas eléctricas y turbulencia severa. La tripulación decidió continuar a pesar del peligroso clima que se avecinaba, aparentemente debido a la presión por cumplir con el calendario de vacaciones. 

Seg√ļn la torre de control y los informes posteriores, alrededor de las 12:36 pm (hora local), un rayo encendi√≥ el tanque de combustible en el ala derecha. Aunque los motores normalmente no se ven afectados por un rayo, el Electra no fue dise√Īado para funcionar con turbulencias pesadas debido a sus alas extremadamente r√≠gidas.¬†

Image: Un Electra L-188A (Wikimedia Commons)

Así que posiblemente en ese instante el ala no explotó, sino más bien el avión entero se desintegró después de que cayera el ala. Los restos de la aeronave y la tripulación se esparcieron por la selva amazónica, el peor desastre con la implicación de un rayo en la historia.

Tras varios d√≠as de b√ļsqueda, las autoridades anuncian la muerte de todo el personal a bordo: 92 personas, 6 de tripulaci√≥n y 86 pasajeros. El Electra fue el √ļltimo avi√≥n de LANSA: la compa√Ī√≠a perdi√≥ su permiso de operaci√≥n unas semanas despu√©s.

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Sin embargo, hab√≠a un dato que se hab√≠a pasado por alto debido a la dificultad que entra√Īaba el rescate de todos los cuerpos que hab√≠an salido despedidos desde unos 3.000 metros de altura, distancia a la que se cree que el avi√≥n se parti√≥ en mil pedazos: no se hab√≠an rescatado todos, y uno de ellos era el de la pasajera del asiento 19F: Juliane Koepcke.

Sobrevivir a una caída de 3.000 metros

Image: Juliane Koepcke (AP)

Regresamos al avión, justo al instante en que Juliane y su madre María están comiendo el sándwich que les ha ofrecido la aerolínea. Había pasado poco más de media hora de vuelo cuando entraron en esa zona de nubes negras muy gruesas.

Las nubes se volvieron cada vez más oscuras y el vuelo se volvió más turbulento. Luego comenzaron los truenos y relámpagos. En este punto, el avión estaba en un remolino de nubes con destellos de rayos a través de las ventanas.

Y entonces sí, la gente reaccionó. El vuelo pasa a convertirse en una de esas escenas que hemos visto tantas veces en el cine de catástrofes, pero aquí era todo muy real. Solo se escuchaba el sonido desgarrador de los gritos de la gente y un motor a punto de detenerse.

Image: Lockheed Electra, avión similar al accidentado (Wikimedia Commons)

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Y de repente, el silencio, aunque un silencio aterrador que ven√≠a acompa√Īado √ļnicamente del viento de golpeaba los o√≠dos de los pasajeros. El mismo que √ļnicamente aparece cuando te das cuenta que est√°s en ca√≠da libre antes de perder el conocimiento. Seg√ļn Juliane:

Es dif√≠cil reconstruir lo que pas√≥. Estaba completamente oscuro a nuestro alrededor y hab√≠a un rel√°mpago constante. Entonces vi una luz brillante en el ala derecha ... El rayo golpe√≥ el motor, pero el ala no explot√≥. Mi madre dijo: ‚ÄúEs el final‚ÄĚ. Despu√©s de eso, todo fue muy r√°pido.

La gente gritaba y luego el avión cayó en picado. El avión se partió en dos delante mía. Mi madre desabrochó forzada su mano de la mía para no volver a tocarla viva nunca más.

Al instante estaba todo tranquilo, incre√≠blemente tranquilo comparado con el ruido de antes. Solo pod√≠a escuchar el viento en mis o√≠dos y todav√≠a estaba atada a mi asiento. Mi madre y el hombre sentado al lado del pasillo tambi√©n hab√≠an salido expulsados ‚Äč‚Äčde sus asientos. Estaba en ca√≠da libre, eso es seguro, en picado. Ve√≠a el bosque debajo de m√≠ cada vez m√°s cerca. Luego perd√≠ el conocimiento.

A la ma√Īana siguiente Juliane se despierta aturdida, no recuerda muy bien qu√© ha pasado, se mira el reloj de pulsera, todav√≠a funcionando, que marcaba las 9 am. La conmoci√≥n cerebral en conjunto con el shock solo le permit√≠an procesar los hechos m√°s b√°sicos: sab√≠a que hab√≠a sobrevivido a un accidente a√©reo.

Image: Wikimedia Commons

¬ŅC√≥mo? Por mucho que pasen los a√Īos cualquier teor√≠a es pura elucubraci√≥n. Lo √ļnico cierto es que Juliane se salv√≥ convirti√©ndose en la √ļnica superviviente del vuelo 508 de LANSA.

Hoy siguen sin conocerse qu√© factores exactos influyeron en la supervivencia de Juliane despu√©s de la ca√≠da. Las investigaciones especulan que esta se debi√≥ a un c√ļmulo de factores: la joven se vio frenada por la fila de asientos a los que estaba atada cuando se separ√≥ del fuselaje, posiblemente al girar como si fuera un helic√≥ptero, y luego ayud√≥ a amortiguar su aterrizaje el golpeo inicial sobre una densa ladera en su camino hacia abajo y la propia inclinaci√≥n de la monta√Īa. El acolchado de su asiento posiblemente tambi√©n jug√≥ un peque√Īo papel en todo ello.

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En cualquier caso, hab√≠a sobrevivido a una ca√≠da de miles de metros de altura, pero su situaci√≥n estaba lejos de ser una suerte. Durante las siguientes 19 horas aproximadamente, Koepcke entr√≥ y sali√≥ de la conciencia y, en alg√ļn momento desconocido por ella misma, logr√≥ salirse de su asiento y meterse debajo de este, quiz√°s, ha razonado con el tiempo, como respuesta a la lluvia intensa de esos d√≠as.

Sobrevivir en la selva

Image: Amazonas (AP)

Cuando Juliane se fij√≥ en la hora trat√≥ de poner las cosas en orden. Algo m√°s l√ļcida, hizo un balance de su situaci√≥n: estaba tendida en el suelo, vestida con un peque√Īo vestido sin mangas y le faltaba una de sus sandalias y sus gafas. Hab√≠a sobrevivido a la ca√≠da, pero ten√≠a una clav√≠cula rota, una herida profunda en la pantorrilla, un ojo hinchado que no la dejaba ver bien, una v√©rtebra estirada en el cuello, un brazo parcialmente fracturado y varios cortes profundos en brazos y piernas.

De repente record√≥ a su madre y en un ataque de nerviosismo comenz√≥ a gritar su nombre en medio de la selva sin apenas poder moverse. Juliane sac√≥ fuerzas de flaqueza y empez√≥ una b√ļsqueda sin rumbo para encontrar a Mar√≠a. La joven busc√≥ un d√≠a entero hasta darse cuenta de que estaba completamente sola.

Esa primera noche de conciencia fue clave para los siguientes d√≠as. Koepcke record√≥ lo que su padre le hab√≠a dicho una vez: si te pierdes en la jungla y encuentras agua, debes seguirla. La joven sab√≠a que cualquier peque√Īo flujo o corriente deber√≠a llevar hacia uno m√°s grande, y a su vez este a otro m√°s grande y a otro m√°s grande‚Ķ y finalmente encontrar√≠a ayuda.

As√≠ fue como dio con un peque√Īo arrollo y comenz√≥ a seguirlo. A veces caminaba, a veces nadaba. En el cuarto d√≠a de su viaje, Juliane se encontr√≥ con otros tres pasajeros que a√ļn estaban atados a sus asientos. Todos estaban muertos. Una de ellas era una mujer. La joven se acerc√≥ temerosa pensando que podr√≠a ser su madre, pero era otra pasajera.

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Image: Wikimedia Commons

Que Juliane no se encontrara con otros supervivientes tambi√©n pudo ayudarle aquellos d√≠as, ‚Äúme fue f√°cil huir porque no encontr√© ning√ļn superviviente en el lugar del accidente. Si hubiera encontrado a alguien que estaba herido, entonces probablemente me hubiera quedado y eso hubiera significado la muerte para los dos‚ÄĚ.

Entre los pasajeros encontr√≥ una bolsa con dulces. Ser√≠a su √ļnica fuente de alimento durante el resto de sus d√≠as en el bosque. Fue en esta √©poca cuando Koepcke escuch√≥ y vio aviones de rescate y helic√≥pteros en el cielo, pero sus intentos de llamar su atenci√≥n no tuvieron √©xito.

Curiosamente, y aunque ella nunca fue capaz de percibirlo, el accidente a√©reo hab√≠a provocado la b√ļsqueda m√°s grande en la historia de Per√ļ, sin embargo, y debido a la densidad del Amazonas, los aviones no pudieron detectar los restos de gran parte del accidente ni de los pasajeros. Despu√©s de un tiempo, la joven dej√≥ de escucharlos y supo que estaba verdaderamente sola para encontrar ayuda. La hab√≠an dado por muerta.

Koepcke sab√≠a por experiencia que a las serpientes les gustaba estar camufladas bajo las hojas secas, as√≠ que cuando no estaba caminando por el agua, us√≥ su √ļnico zapato, arrojado frente a ella, para probar el suelo en busca de serpientes. La joven camin√≥ tanto como le fue posible siguiendo la senda de la corriente, de hecho, era la manera m√°s f√°cil de avanzar en lugar de atravesar el denso follaje de la selva.

Image: Wikimedia Commons

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Por supuesto, esto conllevaba sus propios riesgos. Los ruidos que llevaba escuchando desde que comenz√≥ su viaje pronto se revelaron como una nueva amenaza: buitres rey. Era un sonido que reconoci√≥ al haber vivido en la estaci√≥n de investigaci√≥n de sus padres un a√Īo y medio antes de acudir a la escuela.

Este tipo de buitres generalmente solo aterrizan cuando hay carro√Īa alrededor, por lo que Juliane pens√≥ que, o bien estaban esperando que desfalleciera, o bien estaban aliment√°ndose con los restos de otros pasajeros.

Dec√≠a que verse en una situaci√≥n tan extrema te vuelve inmune a ciertos dolores. De hecho, durante su aventura jam√°s pens√≥ en el gran n√ļmero de heridas que ten√≠a. √önicamente una le preocupaba:

Lo √ļnico que me puso nerviosa, o digamos que me preocupaba, era una peque√Īa herida en la parte superior de mi brazo. No era ninguna herida tr√°gica ni nada, pero era peque√Īa y abierta y las moscas hab√≠an puesto sus huevos en ella. Los gusanos se incubaron debajo de mi piel y me hicieron un agujero en el brazo.

Ten√≠a miedo de que tuvieran que amputarme el brazo. Estaba preocupada y pens√©: ‚ÄúTengo que hacer algo al respecto. Tengo que quitarme estos gusanos del brazo‚ÄĚ. Pero no fue exactamente f√°cil. Ten√≠a un anillo que estaba abierto en un lado que se pod√≠a apretar, y lo intent√©. No funcion√≥ porque el agujero era muy profundo. As√≠ que lo intent√© con un palo, pero tampoco funcion√≥.

En el noveno día en el bosque se encontró con un bote, aunque en su estado delirante pensó que era un espejismo. Juliane se acercó y lo tocó.

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No estaba so√Īando. Junto a la barca hab√≠a un camino, y al final del camino hab√≠a una peque√Īa choza. Vac√≠a en ese momento, encontr√≥ un motor fuera de borda y un poco de combustible diesel en un barril.¬†

Usó un tubo para aspirar algo del combustible del barril y se lo puso en la herida que tenía gusanos infestados, algo que decía que su padre le había hecho a su perro (con queroseno). Aunque doloroso, aquello funcionó:

Eso trajo a los gusanos a la superficie. No a todos ellos, pero sí a la mayoría.

En la caba√Īa abandonada decidi√≥ descansar. All√≠ recuerda haber pensado que probablemente morir√≠a sola en la jungla. Tambi√©n recuerda escuchar voces. Y no eran voces imaginarias.

Image: Eesti Naine

Juliane estaba escuchando las voces de tres misioneros peruanos que viv√≠an en la caballa. ‚ÄúEl primer hombre que vi parec√≠a un √°ngel‚ÄĚ, dir√≠a Koepcke. Cuando estos salieron del bosque y la vieron no sab√≠an qu√© pensar:

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Cuando me vieron estaban bastante asustados. En esta zona creen en todo tipo de fantasmas, y al principio pensaron que yo era uno de esos espíritus de agua llamados Yemanjá. Son rubias, supuestamente. Así que eso fue lo primero que pasó por sus mentes, como me dijeron más tarde.

Sin embargo, cuando explic√≥ lo que hab√≠a sucedido y c√≥mo hab√≠a llegado all√≠, los tres hombres reaccionaron r√°pido. La alimentaron y cuidaron sus heridas lo mejor que pudieron y la llevaron r√≠o abajo en aproximadamente siete horas de viaje en bote hasta una aldea donde hab√≠a un peque√Īo hospital.

Allí, un piloto local supo de su historia y la llevó a lo que debía ser un fenómeno paranormal para cualquiera: a 15 minutos de la odisea que había pasado durante 10 días de lucha contra el destino, se reunió con su padre en el puesto de investigación remota en el corazón del Amazonas.

Image: Julien durante el documental de Herzog

Semanas despu√©s ayud√≥ a los grupos de b√ļsqueda a localizar la zona exacta del accidente. El 12 de enero, finalmente descubrieron el cuerpo de su madre. Al igual que Juliane, Mar√≠a aparentemente sobrevivi√≥ a la ca√≠da. Sin embargo, sus heridas le impidieron moverse y termin√≥ muriendo pocos d√≠as despu√©s.

Juliane seguía pensando que el destino era diabólico. Si se hubiese encontrado con su madre con vida en medio de la selva, hubiera supuesto el fin para ella también. 

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Koepcke desarroll√≥ un profundo miedo a volar y durante a√Īos tuvo pesadillas con la epopeya vivida. Posteriormente estudio biolog√≠a en la Universidad de Kiel en Alemania y recibi√≥ su doctorado.

En 1998, regresó al mismo sitio del accidente para llevar a cabo el documental Wings of Hope sobre su increíble historia. Durante su vuelo con el director Werner Herzog, Juliane tuvo el valor de sentarse una vez más en el asiento 19F.

Koepcke dijo entonces que encontró la experiencia terapéutica.

Era la primera vez que se hab√≠a exigido a s√≠ misma volver al incidente y, de alguna manera, obtener alg√ļn tipo de sensaci√≥n de cierre que jam√°s hab√≠a logrado. Una experiencia que tambi√©n la llev√≥ a escribir unas memorias sobre su extraordinaria aventura de supervivencia llamada When I Fell From the Sky.

En el libro no hay certezas y una pregunta sobrevuela cada p√°gina, la misma con la que Juliane Koepcke se levanta todas las ma√Īanas desde aquel fat√≠dico 24 de diciembre de 1971:

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¬ŅC√≥mo pude ser la √ļnica en sobrevivir al accidente?

[When I Fell From the Sky, Vice, Wikipedia, BBC, Wikipedia, Natura Pop]