Charles Darwin murió hace casi 150 años, pero algunas de sus viejas hipótesis todavía tienen asuntos pendientes con la ciencia moderna. Una de ellas acaba de recibir una confirmación especialmente curiosa: una planta que parecía común podría tener una dieta bastante más inquietante de lo que aparenta.
Un equipo de investigadores del Museo de Historia Natural de Florida y otras instituciones ha encontrado pruebas concluyentes de que una especie del género Saxifraga puede atraer, capturar, digerir y aprovechar los nutrientes de pequeños insectos.
En otras palabras, podría ser una planta carnívora.
Lo más interesante es que Darwin ya había planteado algo parecido en el siglo XIX. El naturalista estaba convencido de que algunas especies de este género podían alimentarse de insectos, pero los experimentos disponibles en su época no fueron suficientes para demostrarlo de forma definitiva.
Ahora, casi 150 años después, la tecnología ha permitido resolver el misterio.
La sospecha que Darwin dejó pendiente
En 1875, Darwin publicó Insectivorous Plants, una obra dedicada a sus experimentos con plantas capaces de atrapar y aprovechar animales diminutos. El libro documentaba sus investigaciones sobre una de las estrategias evolutivas más extrañas del mundo vegetal.
Entre sus observaciones había dos especies pertenecientes al género Saxifraga. Darwin sospechaba que ambas podían comportarse como plantas carnívoras, en buena medida debido a unas estructuras especiales que cubren su superficie.
Estas estructuras tienen aspecto de pequeños pelos y contienen glándulas capaces de interactuar con los insectos que se acercan a la planta.
Sin embargo, había un problema: atraer o atrapar un insecto no significa necesariamente que una planta sea carnívora.
Para demostrarlo, es necesario comprobar que el vegetal puede procesar a su presa y obtener nutrientes de ella. Los experimentos de Darwin no consiguieron llegar tan lejos, por lo que su hipótesis quedó en una especie de limbo científico.
El nuevo estudio, publicado en Nature Communications, se centró en otra especie del mismo género: Saxifraga candelabrum.
La planta crece en las montañas Hengduan, en el suroeste de China, una región que atraviesa el altiplano tibetano y la meseta de Yunnan-Guizhou. Y su hábitat proporciona una posible explicación para su comportamiento.
La especie crece en terrenos con una disponibilidad limitada de nutrientes. Ese tipo de ambiente es precisamente el que ha impulsado la evolución de la carnivoría en numerosas plantas conocidas.
Pero esta vez los investigadores contaban con herramientas que Darwin jamás tuvo.
La planta no solo atrapa insectos: también se los come
Los científicos llevaron a cabo experimentos de campo utilizando moscas de la fruta para comprobar qué ocurría cuando los insectos entraban en contacto con S. candelabrum.
Los resultados fueron claros. La planta podía atraer activamente a los insectos y capturarlos mediante sus estructuras glandulares.
Pero todavía faltaba demostrar la parte más importante.
Los análisis posteriores revelaron que los insectos atrapados no quedaban simplemente adheridos a la superficie vegetal. La planta era capaz de digerirlos y absorber nutrientes procedentes de ellos, incluido el nitrógeno.
Ese detalle cambia por completo la interpretación.
Según los investigadores, existen varios criterios fundamentales para determinar si una planta puede considerarse carnívora: debe atraer a sus presas, capturarlas, digerirlas y absorber nutrientes derivados de ellas. S. candelabrum cumple con todos ellos.
El hallazgo proporciona así la primera evidencia definitiva de carnivoría dentro del género Saxifraga y, al mismo tiempo, respalda la antigua intuición de Darwin.
Pero el descubrimiento plantea una pregunta todavía más interesante: ¿cuántas otras plantas podrían estar haciendo algo parecido sin que lo sepamos?
Un nuevo capítulo para la evolución de las plantas carnívoras
La importancia del estudio no se limita a confirmar una predicción de Darwin. También puede ayudar a comprender cómo apareció la carnivoría en el reino vegetal.
Los científicos saben que esta estrategia evolucionó de manera independiente en diferentes grupos de plantas. Es decir, varias ramas del árbol evolutivo desarrollaron por separado la capacidad de utilizar animales como fuente adicional de nutrientes.
El análisis genético de S. candelabrum añadió otra pieza al rompecabezas. Los investigadores encontraron mutaciones similares en determinados genes que también aparecen en otras plantas carnívoras, aunque identificaron además otros genes que podrían estar relacionados con esta adaptación.
Por ahora, S. candelabrum es la única especie conocida de Saxifraga que cumple los criterios para ser considerada carnívora. Sin embargo, el descubrimiento abre la puerta a la posibilidad de que existan otras especies del género con capacidades similares.
Y hay un detalle evolutivo que vuelve el hallazgo todavía más llamativo. Saxifraga está solo lejanamente emparentada con algunas de las plantas carnívoras más famosas, como las venus atrapamoscas o las plantas jarro.
Su existencia demuestra que la carnivoría puede haber aparecido en más grupos de plantas con flores de lo que se pensaba.
Darwin no tenía las herramientas para demostrarlo, pero dejó planteada la pregunta. Casi un siglo y medio después, una pequeña planta de las montañas de China parece haberle dado finalmente la razón.