Durante años, la noción predominante fue que estar delgado equivalía a estar más sano. Sin embargo, investigadores que presentaron sus resultados en el congreso anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) revelaron que la delgadez extrema podría ser más peligrosa que tener unos kilos de más.
El equipo analizó datos de 85.761 personas, mayoritariamente mujeres (81,4 %), con una edad media de 66,4 años. Utilizando el índice de masa corporal (IMC) como referencia, evaluaron cómo se relaciona cada rango con la mortalidad. Los investigadores tuvieron en cuenta variables como sexo, nivel educativo y presencia de otras enfermedades.
Cómo se midieron los riesgos
El IMC clasifica a los individuos en distintas categorías:
- Bajo peso: menos de 18,5.
- Normal: de 18,5 a menos de 25, subdividido en bajo normal (18,5–20), medio normal (20–22,5) y alto normal (22,5–25).
- Sobrepeso: de 25 a menos de 30.
- Obesidad: de 30 a menos de 40, con subdivisiones.
- Obesidad severa: 40 o más.
Los investigadores compararon cada grupo con los individuos situados en el rango “normal alto”, considerado la referencia. Durante el seguimiento de cinco años, fallecieron 7.555 participantes (un 8 % del total).
Los resultados fueron contundentes. Las personas con bajo peso tenían 2,73 veces más probabilidades de morir que quienes estaban en el rango normal alto. El grupo bajo normal duplicaba su riesgo. Los del rango medio normal eran un 27 % más propensos a morir.
En cambio, quienes estaban en sobrepeso o incluso en el tramo más bajo de obesidad (IMC de 30 a <35) mostraron un riesgo de mortalidad similar al de los individuos de rango normal alto.
“Gordito pero en forma”
Este fenómeno se conoce como “fat but fit” o “gordito pero en forma”: personas con sobrepeso moderado que no presentan un mayor riesgo de morir en comparación con personas consideradas de peso “ideal”.
El panorama cambia a partir de un IMC de 35. En el tramo de 35 a <40, el riesgo aumentaba un 23 %. En la obesidad severa (40 o más), la probabilidad de morir era 2,1 veces mayor que en los individuos de rango normal alto.
En otras palabras, la mortalidad solo se incrementaba notablemente a partir de la obesidad más avanzada, mientras que estar demasiado delgado resultaba mucho más peligroso.
La investigadora principal, Sigrid Bjerge Gribsholt, reconoció que estos hallazgos pueden deberse a varios factores. Algunas personas pierden peso a causa de enfermedades graves, y en esos casos no es la delgadez en sí, sino la condición de salud subyacente, la que incrementa el riesgo. Aún así, señaló que los avances médicos y el estado general de la salud poblacional también podrían estar desplazando el rango “más seguro” hacia valores de IMC más altos.
En paralelo, el coautor Jens Meldgaard Bruun subrayó que el tipo de grasa acumulada también es determinante. La grasa visceral, localizada en el abdomen y alrededor de los órganos, afecta de forma negativa al metabolismo. Así, dos personas con el mismo IMC pueden presentar riesgos distintos si una concentra la grasa en la zona abdominal y otra en caderas o muslos.
Más allá del número en la balanza
El estudio refuerza una conclusión clave: el IMC no basta para evaluar la salud de una persona. Aunque sigue siendo un indicador útil a gran escala, no refleja aspectos esenciales como la distribución de la grasa o la presencia de enfermedades asociadas como la diabetes tipo 2.
Para los investigadores, el tratamiento de la obesidad debería ser personalizado, atendiendo no solo al peso y a la altura, sino también a las características metabólicas y a las condiciones médicas de cada individuo.
En un contexto dominado por estándares de belleza irreales y presiones sociales, estos hallazgos desafían la idea de que “cuanto más delgado, mejor”. La realidad científica muestra que estar demasiado bajo de peso puede ser más perjudicial para la salud que cargar con unos kilos de más.
El mensaje es claro: ni la delgadez extrema garantiza longevidad, ni el sobrepeso moderado equivale automáticamente a una condena. La salud depende de múltiples factores, y reducirla a un número en la báscula puede llevar a conclusiones engañosas.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Romina Fabbretti. Aquí podrás encontrar la versión original.