Entre el 2 y el 8 de mayo de 1902 se produjo la monstruosa erupción del Monte Pelée. El evento fue de tal magnitud que pasó a catalogarse como uno de los cataclismos volcánicos más salvajes. Esta es la historia de una isla y de Ludger Sylbaris, el hombre que sobrevivió al día del Juicio Final.

El capitán que llegó un día tarde

Las ruinas calcinadas de St. Pierre. Wikimedia Commons

Era la media tarde del 8 de mayo de 1902, cuando un barco se encontraba fondeando en el puerto de Saint-Pierre, una bonita ciudad que bordeaba la isla de Martinica. La zona y sus alrededores estaban extra√Īamente envueltos en la m√°s absoluta oscuridad.

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Cuando el capit√°n del barco se despert√≥ a la ma√Īana siguiente, descubri√≥ que algo andaba mal. Parec√≠a que su barco se hab√≠a desviado del rumbo. La isla no se parec√≠a en nada al para√≠so tropical que conoc√≠a. Definitivamente, no era ‚Äúel Par√≠s del Caribe‚ÄĚ, como algunos llamaban al enclave. En lugar de ello, el capit√°n se encontraba frente a un paisaje diezmado y apocal√≠ptico, un √°rea donde una neblina persistente envolv√≠a una isla que parec√≠a que hab√≠a sido abrazada por el fuego.

Mapa en que se indican las dos zonas principales donde se concentró la destrucción. Wikimedia Commons

El hombre no entend√≠a nada. ¬ŅD√≥nde estaban las caba√Īas de teja roja, las calles empedradas o la catedral? ¬ŅD√≥nde estaban todos los habitantes? Aquello no pod√≠a ser Saint-Pierre. Sin embargo, los instrumentos en el barco eran precisos y su navegaci√≥n era correcta. Poco despu√©s, un periodista escrib√≠a el relato del marinero:

De repente, la tierra se hizo m√°s clara y el capit√°n dej√≥ de preguntar si estaba so√Īando, m√°s bien, ahora se preguntaba si estaba loco ... El hombre vio las ruinas de la monta√Īa y comprendi√≥ todo.

Cuando el capitán comenzó a pasear por la zona entendió todo. La mayoría del terreno estaba ardiendo lleno de escombros, el gas y lo que quedaba de los cadáveres esparcidos por toda la ciudad delataban lo que había ocurrido.

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Sin embargo y de manera incre√≠ble, en medio de aquellas ruinas hab√≠a un superviviente, un solo hombre. Su nombre era Ludger Sylbaris, nacido en 1874 y proclamado unos d√≠as despu√©s como el √ļnico superviviente de un desastre catastr√≥fico. √Čl fue apodado como ‚Äúel hombre m√°s incre√≠ble de la Tierra‚ÄĚ.

Antes del día del Fin del Mundo

Generaciones posteriores al evento. Wikimedia Commons

Casi un a√Īo antes, la prosperidad del negocio del ron y la exportaci√≥n de az√ļcar pr√°cticamente sosten√≠an a Saint-Pierre. De hecho, sus habitantes estaban m√°s preocupados por estos negocios que por el comportamiento cada vez m√°s peligroso del gigantesco Monte Pelee.

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Cuentan los libros de historia que el 22 de junio de 1901 un peri√≥dico local, Les Antilles, inform√≥ que alrededor de dos hect√°reas de √°rboles se quemaron por las emisiones de azufre. Seg√ļn el diario, se hab√≠a notado algunas aberturas en el suelo. A pesar de ello, muchos creyeron que el volc√°n se hab√≠a extinguido en el pasado y que las noticias no ten√≠an ni la menor importancia.

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Lo cierto es que la actividad del Monte era a√ļn menos preocupante para Ludger Sylbaris, un tipo que los lugare√Īos lo recordaban como bebedor empedernido y de muy mal humor a todas horas, alguien que estaba armando broncas frecuentemente y adicto al juego. Sin embargo y aunque su suerte con las cartas era escasa, su destino le iba a demostrar que era un hombre de lo m√°s afortunado.

El 23 de abril de 1902, la ciudad fue sacudida por una serie de temblores cada vez m√°s amenazadores. A pesar de ello, los lugare√Īos segu√≠an dudando de las advertencias de la naturaleza. Los peri√≥dicos de Saint-Pierre tambi√©n ayudaban a darle la espalda a los investigadores. Los periodistas locales afirmaban que no iban a estar en ning√ļn otro lado mejor que all√≠.

Pobladores observan la nube de cenizas de 1902. Wikimedia Commons

Las evaluaciones de los reporteros tenían más que ver con la presión política, quienes ordenaron darle la espalda al escrutinio científico. No obstante, el miedo a una erupción volcánica impregnó a la ciudad conforme fueron pasando los días, muchos locales comenzaron a partir.

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La situación provocó la inquietud entre los funcionarios de la ciudad, quienes estaban ansiosos por asegurar que las elecciones locales tuvieran lugar como estaba previsto, el 11 de mayo. La posibilidad de salir de la isla era una opción disponible sólo para los ricos, prácticamente todos los que pertenecían a los partidos políticos.

El gobernador alent√≥ a los periodistas a escribir una serie de art√≠culos falsos para restringir las salidas. Luego tom√≥ medidas a√ļn mayores cuando envi√≥ a las tropas a patrullar el camino que conduc√≠a a la capital, forzando a la poblaci√≥n local a regresar a sus hogares. El anzuelo de los periodistas fue un √©xito, muchos regresaron a Saint-Pierre creyendo que era la parte m√°s segura de la isla.

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Ludger no se hab√≠a enterado de nada. El joven de 27 a√Īos estaba cumpliendo una sentencia de un mes detr√°s de los muros de ladrillo de la c√°rcel de Saint-Pierre, un castigo por usar su cuchillo y herir a un amigo durante una pelea. Pero incluso el breve encarcelamiento no pudo reprimir la sed de fiesta de Ludger. El hombre logr√≥ escapar de su celda comunal para disfrutar de un carnaval en la aldea.

Al amanecer del d√≠a siguiente, Ludger volvi√≥ a Saint-Pierre, fue detenido inmediatamente y regres√≥ a la c√°rcel. Esta vez el supervisor de la prisi√≥n lo releg√≥ al confinamiento solitario en una sala subterr√°nea, una decisi√≥n vital para Ludger, aunque a√ļn no lo sab√≠a.

El día D

La nube de cenizas se cierne sobre el cementerio. Wikimedia Commons

En la ma√Īana del 8 de mayo de 1902, el sol se levant√≥ por √ļltima vez en la ciudad de Saint-Pierre, al menos la √ļltima vez de como se conoc√≠a el enclave. Detr√°s de este √ļltimo amanecer se escond√≠a un cielo ennegrecido por la ceniza ca√≠da en los d√≠as anteriores. El mercurio en los bar√≥metros locales se increment√≥ y disminuy√≥ de forma violenta, una se√Īal inequ√≠voca de que el desastre estaba muy cerca.

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Casi a las ocho de la ma√Īana, un sonido ensordecedor atraves√≥ la ciudad con cuatro explosiones que precedieron a la erupci√≥n. Una columna furiosa de humo negro se elev√≥ desde Pelee, y la monta√Īa comenz√≥ a desmoronarse para sorpresa de todos.

Poco despu√©s, un viento apocal√≠ptico golpe√≥ desde el lado de la monta√Īa, disparando un calor explosivo y polvo a la ciudad a una velocidad de 160 kil√≥metros por hora. Para que nos hagamos una idea, las perturbaciones electromagn√©ticas se llegaron a registrar en Atenas e incluso China. Tratando de huir de aquel ambiente de calor opresivo de las mota√Īas, cientos de serpientes se deslizaron por las calles de la urbe, lleg√≥ el p√°nico a los habitantes mientras las serpientes picaban su veneno a cualquier animal que se interpon√≠a en su camino.

El cielo se volvi√≥ acre con el polvo. El mar comenz√≥ a hervir cuando la aniquilaci√≥n lleg√≥ a la costa, 16 barcos se hundieron en cenizas en el puerto. Un reloj en la pared del Hospital mostr√≥ el momento final de Saint-Pierre, representado por la hora y el minuto exacto en que se derriti√≥ (a las 7:52 de la ma√Īana). En tan s√≥lo unos pocos minutos, Saint-Pierre y sus 30.000 personas hab√≠an desaparecido.

La prisión de St. Pierre, que salvó la vida de Cyparis. Wikimedia Commons

Poco despu√©s, un equipo de rescate recorri√≥ las ruinas de la escuela local, iron√≠as del destino, las p√°ginas quemadas de los libros de texto indicaban que en el momento de la explosi√≥n algunos de los peque√Īos estaban aprendiendo las √ļltimas horas de Pompeya. En poco tiempo, los saqueadores se llevaron lo que pod√≠an de los escombros, en busca de joyas y bienes. No hab√≠a se√Īales de vida, y como dijeron los medios d√≠as despu√©s ‚Äúno se o√≠a ni un sonido de ese vasto, horrible, aburrido, gris anfiteatro de la muerte‚ÄĚ.

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Sin embargo, cuatro días después de la destrucción de Saint-Pierre y sin apenas esperanza de vida, ocurrió algo parecido a un milagro. Un grupo de hombres oyó gritos a lo lejos desde una celda subterránea de la cárcel:

¬°Caballeros, socorro, por el amor de Dios, vengan a salvar a un pobre prisionero.

Aquellos hombres cavaron y llegaron hasta el tipo, rompieron las cerraduras de la puerta y en su interior encontraron a Ludger murmurando:

Se√Īores, no s√© qu√© ha sucedido ni d√≥nde han ido los otros prisioneros.

Imagen de Ludger. Wikimedia Commons

El hombre sufr√≠a quemaduras severas en la espalda, las manos, los pies y las piernas, aunque su rostro permaneci√≥ ileso a pesar de los gases que se arrastraron por la puerta de su celda despu√©s de la erupci√≥n. ¬ŅC√≥mo lo consigui√≥? Ludger sobrevivi√≥ reteniendo la respiraci√≥n. Su celda reforzada bajo el suelo mirando hacia el sur, apuntada lejos del volc√°n, lo protegieron de la muerte.

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Al principio, muchos periodistas desecharon su historia de supervivencia como un disparate o una invenci√≥n, pero con el tiempo los detalles de lo que dec√≠a fueron verificados. Una investigaci√≥n posterior encontr√≥ que otros dos ciudadanos de Saint-Pierre tambi√©n hab√≠an logrado escapar; Un zapatero llamado Leon que viv√≠a en el r√≠o y una joven llamada Ravivra que huy√≥ a una cueva cercana al ver un ‚Äúr√≠o rojo hirviendo‚ÄĚ que se dirig√≠a hacia la ciudad.

Busto de Ludger Sylbaris. Alchetron

Ludger fue perdonado por sus cr√≠menes y reclutado por el famoso P. T. Barnum para su circo ‚ÄúGreatest Show on Earth‚ÄĚ. Fue parte de los m√≠ticos ‚ÄúFreaks‚ÄĚ presentado como ‚ÄúEl hombre cuyo nombre est√° escrito en el fuego‚ÄĚ, mientras posaba en una r√©plica de su celda de Saint-Pierre. Ludger odiaba el papel, pero le pagaban lo suficiente como para vivir.

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Lamentablemente, su carrera en el circo no duró mucho. Durante una pelea de borrachos fue devuelto a prisión. De esta forma, Ludger Sylbaris, el hombre que sobrevivió a una explosión volcánica, a un río de serpientes y a un espectáculo de circo, desapareció de la faz de la tierra sin que nadie más supiera de él. [Wikipedia, AtlasObscura, SabotageTimes]