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Los científicos revelan más claves sobre la erupción volcánica que sacudió a los antiguos mayas

La caldera de Ilopango como aparece hoy.
La caldera de Ilopango como aparece hoy.
Imagen: Gerardo Aguirre-Díaz

Utilizando una combinación de evidencia arqueológica y geológica, los científicos finalmente han determinado la fecha de la infame erupción de Tierra Blanca Joven, que probablemente devastó las comunidades mayas en lo que hoy es El Salvador.

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El volcán Ilopango explotó hace 1.589 años, según una nueva investigación publicada esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences. Que este volcán entró en erupción hace más de 1.000 años estaba bien establecido, pero la nueva investigación finalmente confirma la fecha, en un artículo que será de interés para arqueólogos, historiadores, geólogos y científicos del clima.

La caldera de Ilopango está situada dentro del Arco Volcánico Centroamericano (CAVA), que se extiende desde Guatemala hasta Panamá a lo largo de la costa del Pacífico. Tan poderosa fue la erupción de Tierra Blanca Joven que las áreas a 80 kilómetros del respiradero se volvieron inhabitables durante años y posiblemente décadas después de la explosión.

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No obstante, los impactos ambientales y climáticos más generalizados de esta gran erupción no son bien conocidos porque la magnitud y la fecha de la erupción no están bien limitadas”, escribieron los investigadores en el estudio.

Los investigadores utilizaron tres líneas diferentes de evidencia geológica para determinar la fecha de erupción de 431 d.C., incluidos fragmentos volcánicos encontrados en núcleos de hielo procedentes de Groenlandia (los fragmentos se vincularon posteriormente al volcán Ilopango), picos de azufre encontrados en núcleos de hielo antártico y radiocarbono. datación de un árbol carbonizado encontrado en depósitos de ceniza volcánica. La evidencia arqueológica también concuerda con esta fecha, ya que la producción de cerámica en El Salvador cesó repentinamente en esta época, una pausa que duró entre 100 y 150 años.

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Los depósitos de ceniza gruesos se extraen a unos 10 km del volcán.
Los depósitos de ceniza gruesos se extraen a unos 10 km del volcán.
Imagen: Gerardo Aguirre-Díaz

Para aprender más sobre la erupción en sí, los investigadores recolectaron y tomaron muestras de los depósitos de cenizas esparcidos por todo El Salvador.

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Gran parte de esta investigación ha sido posible gracias a todos los datos adquiridos durante tres campañas de campo realizadas en El Salvador durante las cuales realizamos un mapeo detallado de los depósitos de ceniza presentes en un área de 200.000 kilómetros cuadrados, Dario Pedrazzi, investigador de Geociencias Barcelona – CSIC (GEO3BCN) y coautor del estudio, explicó en la nota de prensa.

Al medir la dispersión de tefra, pedazos de roca caída y escombros volcánicos, los científicos pudieron simular la erupción. Como mostró el modelo, la explosión envió un penacho a 45 km de altura en la atmósfera, y esparció cenizas a unas 7,000 km de distancia, incluso hasta Groenlandia. Aproximadamente 55 kilómetros cúbicos de magma se derramaron del volcán, y más de 2 millones de kilómetros cuadrados de Centroamérica quedaron cubiertas de cenizas, según el estudio.

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La luz del sol no llegó a la superficie durante aproximadamente una semana, como explicó Victoria Smith, la primera autora y arqueóloga de la Universidad de Oxford, en el comunicado de prensa. La erupción de Tierra Blanca Joven “fue más de 50 veces mayor que la del Monte Santa Helena”, que hizo erupción hace 40 años, y los “flujos piroclásticos de la erupción de Ilopango fueron 10 veces el volumen de los del Vesubio, que hizo erupción en 79 CE, conservando la ciudad romana de Pompeya en cenizas”, dijo.

La erupción probablemente provocó un enfriamiento de las temperaturas en el hemisferio sur durante algunos años, pero solo en un factor de 0,5 a 1 grado Celsius. Dicho esto, “hay muy pocos registros proxy paleoclimáticos bien fechados para el hemisferio sur para verificar el efecto climático de la erupción”, escribieron los autores del estudio.

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Es importante destacar que esta erupción ocurrió durante el Período Clásico Temprano (alrededor de 300 a 600 EC), una época en la que la cultura maya floreció en América Central. La erupción, aunque catastrófica a escala local, no afectó a las comunidades mayas en otros lugares, o al menos no en un grado significativo; la erupción “parece haber tenido solo efectos importantes en las poblaciones dentro de un radio de ∼80 km del volcán”, según el estudio.

Otros investigadores deberían tomar ahora la fecha recién establecida y ver si pueden correlacionarla con los eventos del año 431 EC y en los años inmediatos que siguieron. Como han demostrado otras investigaciones, las erupciones volcánicas ejercen un gran alcance e influyen en los eventos del otro lado del mundo.

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