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Ilustración para el artículo titulado
Imagen: El bulbo extendido del pene que contiene esperma (Wikimedia Commons)

De todos los actos de apareamiento que podemos encontrar en la naturaleza, el de las abejas macho (zánganos) con la reina es posiblemente uno de los más “heroicos” y desinteresados de cuantos se conocen. Un último acto de valentía por perpetuar la especia eyaculando, literalmente, como si no hubiera mañana.

Al parecer, la abeja macho está diseñada para dispersar una gran cantidad de fluido seminal y espermatozoides a gran velocidad y fuerza. Su pene se mantiene internamente (un endófalo). Sin embargo, durante el apareamiento, el órgano se revierte hacia la reina. La eversión del pene se logra al contraer los músculos abdominales, lo que aumenta la presión de la hemolinfa, algo así como “inflar” el pene.

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En ese momento, el zángano monta a la reina encajando su endófalo y eyaculando el semen. El apareamiento entre la abeja macho y la reina dura muy poco, menos de 5 segundos, y a menudo se completa dentro 1 y 2 segundos. Además, el apareamiento suele ocurrir en pleno vuelo, aunque como vemos en el siguiente vídeo, puede darse sobre una base sólida.

Dado que la reina se aparea con entre 12 y 7 zánganos, y estos mueren después del apareamiento, cada abeja macho debe aprovechar al máximo es único “disparo”. El zángano suele hacer el primer contacto por encima de la reina, con su tórax sobre su abdomen. Luego la agarra con las seis patas y evoca el endófalo en su cámara abierta.

Si la cámara de la reina no está completamente abierta, el apareamiento no tiene éxito, por lo que algunos machos que montan la reina no transfieren el semen. Una vez que el endófalo ha sido evertido, el zángano realmente está paralizado, volteándose hacia atrás mientras eyacula.

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Pene de abeja (Wikimedia Commons)
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Y entonces llega el momento: el proceso de la eyaculación es explosivo, con el semen lanzado a gran fuerza a través de la cámara de picadura de la reina y dentro del oviducto. De hecho, el proceso a veces es audible para el oído humano, similar al sonido de una pequeña “explosión”.

La eyaculación es tan poderosa que rompe el endófalo del zángano, desconectándose así de la reina. El bulbo del endófalo se rompe dentro de la reina durante el apareamiento, por lo que los zánganos se aparean solo una vez y mueren poco después dado que su abdomen se ha abierto (los pocos que no lo hacen son expulsados de sus colonias porque ya han cumplido con su único propósito en la colonia).

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Curiosamente, el pene “sobrante” que queda en la vagina de la reina, aunque este no impedirá que el siguiente zángano se acople con la misma reina, aunque evita que el semen salga de la vagina. Si creías que el orgasmo del cerdo era intenso, probablemente era porque no conocías el de la abeja macho. [Wikipedia]

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