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Estos investigadores 'perdieron' 17.000 carteras en cientos de ciudades para ver si la gente las devolvía

Foto: Getty Images

Resulta que muchas personas a lo largo del mundo están dispuestas a devolver la cartera perdida de un desconocido, sobre todo si está llena de dinero, al contrario de lo que podrías imaginar.

Este estudio, publicado en la revista Science, fue un meticuloso experimento social que llevó tres años y en el que se invirtieron más de medio millón de dólares para llevarlo a cabo.

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Un grupo de 13 investigadores (11 hombres y 2 mujeres) fueron reclutados para hacer un viaje alrededor del mundo. Fueron a 355 grandes ciudades en 40 países. En cada ciudad, fueron a bancos, teatros, hoteles, estaciones de policía y otros espacios públicos y entregaron una “cartera perdida” a uno de los empleados, afirmando haberla encontrado en la calle.

El contenido de las carteras.
Foto: Christian Lukas Zünd (Science)

Todas las carteras eran transparentes y contenían una lista de la compra escrita en el idioma principal del país, una llave y tarjetas de visita con un nombre masculino y una dirección de correo electrónico donde se podría contactar con el propietario. Algunas de las carteras también contenían una modesta suma de dinero (una cantidad aproximada de $13,45 dólares en la moneda del país). En tres países concretos —Reino Unido, Polonia y Estados Unidos— algunas de las carteras tenían una recompensa en efectivo mayor ($94,15) o tenían los $13,45 pero no la llave. En total, el equipo “perdió” la friolera de 17.000 carteras.

Al hacer el promedio entre todos los países juntos, hubo un resultado claro, aunque contrario a lo que podrías intuir. Menos de la mitad (el 40 por ciento) de las personas se molestaron en ponerse en contacto con el falso propietario de la cartera cuando no contenía dinero, pero una pequeña mayoría (51 por ciento) sí lo hizo cuando había dentro efectivo. Y de las carteras que tenían $ 94.15 dentro, un impresionante 72 por ciento trató de devolverlas.

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“¿Por qué es más probable que la gente devuelva una cartera cuando contiene más dinero en vez de cuando tiene menos? Es natural pensar que es simplemente porque las personas son altruistas y porque se preocupan por el dueño de la cartera”, dijo el autor del estudio Christian Lukas Zünd, economista de la Universidad de Zurich. “Nuestros resultados sugieren que es una combinación de altruismo y lo que llamamos aversión al robo, que es un rechazo a sentirnos como un ladrón”.

Como apoyo a su teoría, el equipo encontró que las carteras que no tenían llave pero que sí tenían dinero eran devueltas con menos frecuencia que las billeteras con ambas. La llave, que probablemente sea la cosa más significativa para el propietario, podría motivar a más personas a actuar de manera desinteresada. Los investigadores también llevaron a cabo otro experimento y le pidieron a un grupo de voluntarios que se imaginasen cómo reaccionarían si se quedasen con una cartera perdida. En general, los voluntarios dijeron que consideraban que se parecía más a robar si las carteras llevaban dinero que si no, y cuanto más dinero contenía la cartera, más personas se sentían como ladrones al quedársela.

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El equipo también trató de descartar como pudieron otras tantas explicaciones posibles. La lista de factores que aparentemente no influían en la predisposición de las personas a devolver la billetera incluía la presencia de una cámara de seguridad u otros espectadores en el lugar donde se entregase la cartera; si las leyes del país castigaban a las personas por quedarse con objetos perdidos; la edad del destinatario que cogió la cartera perdida, si era un residente local; y la identidad del investigador que dejó la cartera.

Los puntos amarillos representan la tasa de carteras devueltas que no tenían dinero, mientras que los puntos rojos son las que contienen el equivalente a $13,45
lustración: Cohn, et al (Science)
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Hubo, sin embargo, diferencias entre los propios países. La mayoría de las personas que viven en Suiza, Noruega y Países Bajos devolvieron la billetera perdida, sin importar si tenía dinero o no. Por el contrario, solo un menor número de personas en China, Malasia y Perú devolvieron las carteras en cualquiera de los dos casos, aunque la tasa de retorno aumentó cuando había dinero. México y Perú fueron los únicos dos países donde esta lógica se invirtió. Los autores no tienen una idea clara de por qué estos países podrían ser diferentes.

En cuanto a por qué existen estas diferencias, los autores especulan con la idea de que nuestro afán por devolver una cartera perdida podría reflejar muy bien la la moralidad y la responsabilidad cívica con los demás que rodea a nuestra cultura local.

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Los países con un fuerte sistema de seguridad social, menos desigualdad financiera y una alta participación política, como los países nórdicos, podrían apoyar más la idea de que hay que ayudar a cualquier persona, sea o no conocida. En cambio, otros países podrían apoyar una cultura de fuertes lazos con la familia o con amigos cercanos, que a menudo está vinculada a niveles más altos de religiosidad, que según el estudio, registraban tasas más altas de carteras devueltas.

Aún así, advirtieron los autores, se trata solo de una serie de correlaciones. Pero si nuestra propensión a devolver una cartera perdida realmente indica cómo de altruistas somos, entonces quizás no seamos una especie tan terrible como creemos. Como mínimo, podríamos estar subestimando nuestra voluntad colectiva de hacer lo correcto.

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En otros dos experimentos realizados por el equipo, encuestaron a una muestra online de estadounidenses (299 voluntarios en total), así como a economistas estadounidenses (279 en total), y les pidieron que predijeran con qué frecuencia las personas devolverían una cartera sin dinero, una con $13,45 , o una con $94,15. Ambos grupos predijeron erróneamente que más personas se quedarían las carteras si tenían efectivo dentro, aunque los economistas acertaron algo más en sus predicciones.

Estos experimentos pretendían estudiar y establecer un método para medir la honestidad cívica de un lugar, dijeron los autores. Pero el hecho de que las personas normales e incluso los expertos estuvieran equivocados con sus predicciones podría tener una serie de implicaciones más amplias. 

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