Miguel De Bruycker, director del Centro de Ciberseguridad de Bélgica, fue tajante en una entrevista con el Financial Times: Europa está tan rezagada frente a Estados Unidos en infraestructuras digitales críticas que, en la práctica, “hemos perdido internet”.
“Sigue soñando”: la soberanía digital como objetivo irreal
La frase que más impacto causó en Bruselas fue tan simple como demoledora. Según De Bruycker, pretender que los datos europeos se alojen al 100% en infraestructuras controladas por la Unión Europea no es realista.
“Si quiero que mi información esté completamente en la UE… sigue soñando. Estás fijando un objetivo que no es realista”.
La afirmación choca frontalmente con los intentos de algunos gobiernos y parlamentos europeos por desvincularse de las grandes plataformas estadounidenses. El ejemplo más reciente fue el del Parlamento de los Países Bajos, que anunció su intención de reducir la dependencia de los servicios en la nube de Amazon, Google y Microsoft. La realidad técnica, sin embargo, va en otra dirección: buena parte de la defensa del ciberespacio europeo depende hoy de empresas privadas norteamericanas.
"Si je veux que mes informations soient stockées à 100 % dans l’UE… continuez de rêver": le chef de la cybersécurité belge estime que l'Europe "a perdu l'accès à Internet"https://t.co/uqp90fM9Qq pic.twitter.com/Fl4RIsvnZk
— BFM Business (@bfmbusiness) January 2, 2026
Una dependencia estructural difícil de revertir
El diagnóstico es claro. Europa carece de capacidades propias a gran escala en computación en la nube y en inteligencia artificial, dos pilares fundamentales del poder digital contemporáneo. Mientras la UE debate marcos regulatorios y estrategias de gobernanza, la infraestructura física y lógica de internet sigue consolidándose bajo control estadounidense, incluso dentro del territorio europeo.
El caso de España es ilustrativo. En Aragón, Amazon Web Services ha desplegado uno de sus mayores complejos de centros de datos en Europa, con una inversión anunciada de 15.700 millones de euros. Europa aporta el suelo, la energía y la conectividad; el control tecnológico, el software y los servicios estratégicos permanecen en manos externas.
Airbus o irrelevancia: la única vía posible
Ante este panorama, De Bruycker no se limita a describir el problema. También propone una salida, aunque reconoce que exige un cambio profundo de mentalidad política e industrial. Su referencia es clara: el modelo Airbus.
Así como varios países europeos unieron recursos para crear un campeón aeronáutico capaz de competir con Boeing, el responsable belga plantea replicar esa lógica en ciberseguridad y servicios digitales críticos. No se trata de competir empresa por empresa contra los hyperscalers estadounidenses, sino de alcanzar escala mediante alianzas paneuropeas respaldadas por los gobiernos.
Existen iniciativas parciales, como proyectos franco-alemanes de nube soberana, pero su potencia y alcance siguen muy lejos de los gigantes estadounidenses. Sin una apuesta industrial coordinada, advierte De Bruycker, Europa corre el riesgo de quedar relegada a un papel irrelevante en la próxima fase de la economía digital.
Europa “ha perdido internet”, advierte un responsable de ciberseguridad: depende de infraestructuras digitales y cloud de empresas extranjeras. Sin soberanía tecnológica ni capacidad propia, es difícil protegerse de ciberataques y competir en innovación. Despertador incómodo. pic.twitter.com/9d74fZAFiX
— Antonio (@AntonioAdavizq) January 3, 2026
La paradoja europea: regular sin liderar
El análisis incluye una crítica directa a la estrategia normativa de la Unión Europea. De Bruycker señala que normativas ambiciosas, como la Ley de Inteligencia Artificial, pueden estar frenando la innovación en lugar de impulsarla.
Europa ha demostrado ser capaz de imponer estándares globales —como ocurrió con el conector USB-C—, pero no de liderar las tecnologías que definen el poder digital. La paradoja es evidente: un continente fuerte en regulación, pero débil en creación de plataformas tecnológicas propias.
Autopistas digitales, coches extranjeros
El único consuelo, reconoce De Bruycker, está en la infraestructura de conectividad. Países como España cerraron 2025 liderando los rankings mundiales de velocidad de internet y con una de las mejores redes de fibra óptica del planeta, tras el apagado definitivo del cobre.
Europa ha construido excelentes autopistas digitales. El problema es que los vehículos que circulan por ellas —la nube, la IA, los servicios críticos— llevan matrícula extranjera.
El mensaje del responsable belga es incómodo, pero claro: la soberanía digital europea, tal como se ha planteado hasta ahora, es más un eslogan que una realidad. Sin una estrategia industrial común, ambición tecnológica y menos dependencia estructural, Europa seguirá conectada… pero no al mando.
Fuente: Xataka.