La gran inundación de París de 1910 quedó grabada en la historia de la capital francesa. El 28 de enero, el Sena alcanzó los 8,62 metros en la escala de Austerlitz y extensas zonas de la ciudad quedaron bajo el agua. Aquella catástrofe impulsó durante las décadas siguientes la búsqueda de nuevas formas de controlar las crecidas de los ríos que alimentan al Sena.
Una de las soluciones más ambiciosas apareció casi 200 kilómetros al este de París: construir un gigantesco depósito capaz de almacenar temporalmente parte del agua del río Marne.
Un enorme depósito para regular el Marne
El resultado fue el Lac du Der-Chantecoq, también conocido como lago-embalse del Marne, que entró en servicio en 1974.
La infraestructura puede almacenar alrededor de 350 millones de metros cúbicos de agua y alcanza aproximadamente 4.800 hectáreas cuando está llena.
Su funcionamiento tiene dos objetivos principales. Durante los períodos de mayor caudal puede retener parte del agua del Marne y de su afluente Blaise para reducir las crecidas aguas abajo. Durante los meses más secos, en cambio, devuelve agua a los ríos para mantener su caudal.
Pero crear un lago artificial de semejantes dimensiones exigía transformar por completo el territorio.
Tres pueblos tuvieron que desaparecer
En la zona elegida se encontraban Chantecoq, Nuisement-aux-Bois y Champaubert-aux-Bois.
Los habitantes fueron trasladados y los pueblos fueron demolidos antes de que comenzara el llenado definitivo del embalse. Por eso, aunque habitualmente se habla de “pueblos sumergidos”, no existen tres localidades intactas bajo el agua.
La mayor parte de sus edificios había desaparecido previamente.
Algunos elementos lograron salvarse. La iglesia de entramado de madera de Nuisement-aux-Bois fue desmontada pieza por pieza y reconstruida en el actual Village Musée du Der.
La iglesia de Champaubert-aux-Bois también sobrevivió. Su ubicación, en una zona más elevada, permitió conservarla junto a la orilla del nuevo lago, donde continúa recordando al antiguo pueblo.
De obra hidráulica a refugio para miles de aves
La transformación tuvo además una consecuencia inesperada. Con el paso de los años, el lago artificial se convirtió en un importante ecosistema para las aves migratorias.
Entre ellas destacan las grullas cenicientas, que utilizan el área como punto de descanso durante sus migraciones por Europa.
El fenómeno alcanzó una cifra extraordinaria el 3 de noviembre de 2019. Los observadores de la organización ornitológica LPO contabilizaron 268.120 grullas en el Lac du Der, el mayor registro documentado hasta entonces en el lugar.
Un paisaje que no existía hace medio siglo
Hoy resulta difícil imaginar que bajo la extensión del Lac du Der existieron caminos, campos, bosques y comunidades completas.
El embalse continúa cumpliendo la función para la que fue construido: reducir el impacto de las crecidas del Marne y almacenar agua para los períodos de menor caudal.
Pero su historia también muestra el enorme costo territorial que pueden implicar las grandes obras hidráulicas. En 1974, Francia creó uno de los mayores lagos artificiales de Europa occidental y, al hacerlo, eliminó tres pueblos de su mapa.