Aunque es sabido desde hace al menos una década que Frank Gehry es el peor arquitecto vivo del mundo, es un misterio por qué algunas personas (especialmente clientes muy ricos) no se han dado cuenta todavía. El horroroso Biomuseo de Panamá, un centro de eco-descubrimiento que ha costado 60 millones de dólares y ha llevado una década de construcción, es solo el ejemplo más reciente que lo demuestra.

Hace tiempo que Gehry dej√≥ de perseguir materiales o experimentaciones tect√≥nicas interesantes - ¬°y sol√≠a ser un arquitecto interesante! - para convertirse en el equivalente multimillonario de un p√≥ster de Salvador Dal√≠ colgado en la pared de la habitaci√≥n de un jugador drogado de lacrosse, en un mont√≥n de sandeces pseudo-psicod√©licas que cualquiera (excepto urbanistas millonarios) es capaz de reconocer al instante. Lo que es particularmente frustrante de la carrera de Gehry es que de alguna forma est√° destinado a parecer cool, una especie de arquitecto de ciencia-ficci√≥n para la generaci√≥n del milenio, un Timothy Leary del CAD; en realidad es Guy Fieri, sus edificios son monstruos engominados de est√ļpidos espacios avanzados.

Su trabajo est√° deficientemente construido, es como un solo de guitarra de C.C. DeVille que no podr√° terminar - no terminar√° - hasta que los clientes millonarios que siguen pagando por esta basura dejen de hacerlo. Lo peor, independientemente de todas las explicaciones gr√°ficas que te√≥ricos arquitect√≥nicos grandioelocuentes como Peter Eisenman hagan para convencerte de que Gehry es o fue algo interesante, es que sus edificios ni siquiera son atractivos desde un punto de vista te√≥rico. S√≠, ha utilizado software empleado en el dise√Īo de aviones. Genial. Fascinante. Puedo imaginar cosas incre√≠bles saliendo de tal irreverente combinaci√≥n de herramientas de dise√Īo.

Los resultados en realidad son solo papel de aluminio arrugado sobre un interior blancuzco, una aburrida red de salas, una tras otra, fumigadas con laca, una versión lunática de Phyllis Diller inflada hasta convertirse en edificios que ocupan una manzana entera en una ciudad, congelados a mitad de pincelada.

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Edificio del Experience Music Project, en Seattlle. Foto: Wikipedia

Gehry ya ha construido el peor nuevo edificio residencial en Nueva York de los √ļltimos cinco a√Īos, y ahora va camino de arruinar parte del centro de Berl√≠n con un mamotreto dorado que esperar√≠as encontrar en la d√©cada de los 80 en un barrio de Wisconsin.

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Pero no hay nada que hacer. Estamos atrapados. Es como si alguien te forzase a ver una película de M. Night Shyamalan cuando esperabas ver una de David Cronenberg, o como si estuvieras encerrado en una habitación con Steve Vai cuando pensabas que estabas escuchando a Andrés Segovia.

No hay duda de que ahora mismo, en alg√ļn ayuntamiento de alguna ciudad en el mundo, hay un inocente responsable de urbanismo prepar√°ndose para ensuciar un barrio entero cercano al tuyo con otro producto artificial y prefabricado de Frank Gehry, un hombre para quien la arquitectura son como los McNuggets, todo el tiempo.

El mundo de la tecnolog√≠a puede tener su propia Ley de Moore, pero el mundo del dise√Īo y la arquitectura ha encontrado su propia regla infalible: a√Īo tras a√Īo, Frank Gehry siempre ser√° peor.

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Foto de apertura © Victoria Murillo / istmophoto.com, cortesía de Biomuseo.

Geoff Manaugh es Editor in Chief de Gizmodo US y autor del blog de arquitectura BLDGBLOG, uno de los referentes en esta disciplina seg√ļn el Wall Street Journal, The Atlantic o The Architectural Review. Manaugh fue antes senior editor en Dweel Magazine y escribi√≥ en Wired UK y Gizmodo.

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