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Ciencia

Fuegos artificiales y perros: las estrategias que realmente reducen el miedo

El miedo a los ruidos intensos es uno de los problemas de ansiedad más frecuentes en los perros. La desensibilización progresiva, el contracondicionamiento y, en los casos más graves, el apoyo veterinario pueden reducir considerablemente su estrés.
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Cada vez que comienzan los fuegos artificiales, algunos perros apenas reaccionan. Otros tiemblan, jadean, intentan esconderse o buscan desesperadamente una salida. Para sus tutores puede parecer una reacción exagerada, pero desde el punto de vista del animal ocurre algo muy distinto: su organismo interpreta esos sonidos impredecibles como una amenaza real.

El miedo a los ruidos fuertes es uno de los problemas de comportamiento más habituales en los perros. Distintos estudios han encontrado que una proporción considerable presenta algún grado de sensibilidad a tormentas, petardos, fuegos artificiales y otros sonidos intensos.

La buena noticia es que existen estrategias respaldadas por la investigación que pueden ayudar a reducir esa respuesta.

Por qué los fuegos artificiales pueden provocar tanto miedo

Los perros poseen una capacidad auditiva diferente a la humana y pueden percibir sonidos que para nosotros resultan menos intensos o directamente pasan inadvertidos.

Los fuegos artificiales reúnen además varios elementos difíciles de anticipar: explosiones repentinas, cambios bruscos de intensidad, destellos luminosos y vibraciones. El animal tampoco puede determinar fácilmente de dónde procede el ruido ni cuándo terminará.

Ante esa situación puede activarse una respuesta de lucha o huida. El perro puede temblar, jadear, babear, caminar de manera compulsiva, esconderse, vocalizar o intentar escapar.

No se trata de desobediencia ni de un comportamiento voluntario. El miedo es una respuesta emocional.

Fuegos artificiales y perros: las estrategias que realmente reducen el miedo
© Mike Burke – Youtube.

La preparación funciona mejor que reaccionar cuando empieza el ruido

Una de las estrategias más utilizadas es la desensibilización progresiva combinada con contracondicionamiento.

El procedimiento consiste en reproducir sonidos similares a los fuegos artificiales a un volumen tan bajo que el perro pueda escucharlos sin mostrar miedo. Mientras permanece tranquilo, se asocia el sonido con experiencias positivas, como comida, juegos o premios.

Con el paso de los días o semanas, el volumen puede incrementarse muy lentamente. La clave está en avanzar sin superar el umbral de tolerancia del animal. Si el perro vuelve a mostrar señales claras de miedo, significa que el nivel de exposición es demasiado alto y conviene reducirlo.

Este entrenamiento funciona mejor cuando comienza semanas o meses antes de una fecha en la que previsiblemente habrá fuegos artificiales.

Durante los fuegos artificiales, el refugio también importa

Cuando el ruido ya está ocurriendo, el objetivo principal debe ser reducir la exposición y permitir que el perro tenga un lugar donde sentirse protegido.

Cerrar ventanas y persianas puede disminuir el sonido y los destellos. También puede utilizarse música, televisión o ruido ambiental para amortiguar las explosiones. El perro debe poder acceder libremente a su escondite habitual. Si busca proximidad con una persona, acompañarlo y transmitir tranquilidad no “refuerza” automáticamente el miedo.

Lo que conviene evitar es obligarlo a salir de su refugio o castigarlo por su comportamiento.

Algunos perros necesitan tratamiento veterinario

En casos graves, las modificaciones ambientales y el entrenamiento pueden no ser suficientes.

Existen medicamentos veterinarios desarrollados específicamente para determinadas fobias al ruido. Uno de ellos es la dexmedetomidina en gel oromucosal, que ha sido estudiada en ensayos clínicos para reducir signos de ansiedad asociados a ruidos intensos. Estos tratamientos deben utilizarse bajo supervisión veterinaria. Además, suelen formar parte de un plan más amplio que puede incluir entrenamiento conductual y cambios en el entorno.

No existe una solución universal capaz de funcionar igual en todos los perros.

Un animal con miedo leve puede mejorar considerablemente con preparación progresiva, mientras otro con una fobia intensa puede necesitar intervención profesional.

La estrategia más eficaz consiste en reconocer el miedo como un problema real, anticiparse a las situaciones de riesgo y preparar al perro mucho antes de que aparezca el primer estallido.

 

 

Fuente: Futura Science.

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