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Ciencia

El asteroide que puso a la Tierra en el radar: qué tan real es la amenaza que vigilan los científicos

Un objeto espacial de dimensiones considerables llamó la atención de los astrónomos y obligó a revisar varias veces sus posibilidades futuras. La historia, sin embargo, tiene más matices de lo que parece.
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Cada cierto tiempo, un objeto procedente del espacio consigue convertirse en protagonista de las noticias por una razón inquietante: su trayectoria parece acercarlo demasiado a la Tierra. Eso ocurrió con un asteroide detectado recientemente, cuya evolución orbital llevó a los científicos a estudiar con especial atención qué podría suceder durante los próximos años.

El nombre que comenzó a aparecer en los registros astronómicos es 2024 YR4. Su tamaño, su recorrido alrededor del Sol y una pequeña posibilidad inicial de impacto hicieron que diferentes organismos internacionales siguieran su trayectoria con mayor precisión. Pero hay un detalle fundamental: en astronomía, una probabilidad de impacto no es una predicción definitiva. Y las cifras pueden cambiar de manera considerable cuando llegan nuevas observaciones.

Un objeto de varias decenas de metros que despertó la atención

El 2024 YR4 tiene un diámetro estimado de entre 40 y 90 metros, una dimensión suficiente para convertirlo en un objeto potencialmente peligroso a escala local, aunque muy lejos de representar una amenaza de extinción para el planeta.

La diferencia es importante. No todos los asteroides peligrosos tienen que ser gigantescos. Un cuerpo de varias decenas de metros puede liberar una enorme cantidad de energía al atravesar la atmósfera y provocar daños importantes si el fenómeno ocurre sobre una zona poblada.

El asteroide fue descubierto mediante el sistema ATLAS, una red de telescopios diseñada, entre otras funciones, para detectar objetos que se aproximan a la Tierra. Su órbita alrededor del Sol dura aproximadamente cuatro años y ya había pasado cerca de nuestro planeta en diciembre de 2024.

Ese acercamiento permitió obtener nuevas mediciones. Cada observación aporta información sobre la posición, velocidad y movimiento del objeto, elementos esenciales para calcular dónde podría encontrarse en el futuro. Y ahí apareció el dato que disparó el interés internacional.
Durante una primera etapa de seguimiento, los cálculos indicaron una pequeña posibilidad de que 2024 YR4 pudiera impactar contra la Tierra el 22 de diciembre de 2032.

El asteroide 1997 NC1 realizará su paso más cercano a la Tierra desde antes del año 1600. Alcanzará magnitud 10, cruzará rápidamente el cielo y no volverá a aproximarse a una distancia similar hasta 2133
© Getty Images / Science Photo Library – ANDRZEJ WOJCICKI.

La cifra que cambió a medida que llegaron nuevos datos

En un momento inicial, la probabilidad calculada llegó a superar el 1 %, un umbral que puede activar mecanismos internacionales de seguimiento y comunicación relacionados con objetos potencialmente peligrosos.

La cifra, sin embargo, no debe interpretarse como una predicción de que el asteroide vaya a chocar con nuestro planeta. Cuando un objeto acaba de ser descubierto, existen importantes incertidumbres sobre su órbita. Una diferencia mínima en las mediciones puede traducirse en una posición muy distinta después de varios años.

Por eso, los astrónomos vuelven a observarlo y actualizan continuamente sus modelos. A medida que se incorporaron nuevas mediciones, los escenarios inicialmente compatibles con un impacto fueron perdiendo peso.

Las estimaciones posteriores situaron el riesgo en torno al 0,001 %, una reducción enorme respecto de las primeras cifras. La evolución demuestra por qué los científicos evitan sacar conclusiones definitivas a partir de las primeras observaciones de un asteroide.

En realidad, el seguimiento de estos objetos funciona como una especie de proceso de eliminación. Al principio existe un abanico amplio de trayectorias posibles. Con cada nueva observación, ese abanico se reduce y permite determinar con mayor precisión qué caminos son realmente compatibles con los datos.

Por eso, una subida inicial de la probabilidad puede generar titulares llamativos, pero también puede desaparecer cuando los cálculos orbitales se vuelven más precisos.

¿Qué ocurriría si finalmente entrara en la atmósfera?

La posibilidad de un impacto directo contra la superficie tampoco significa necesariamente que un asteroide de estas dimensiones vaya a producir una catástrofe global. El resultado dependería de factores como su tamaño exacto, composición, velocidad y ángulo de entrada.
Para 2024 YR4, uno de los escenarios considerados es que el objeto explote en el aire antes de alcanzar el suelo. En ese caso, buena parte de su energía se liberaría en la atmósfera.

Si el fenómeno ocurriera sobre el océano, los modelos indican que no sería esperable un tsunami de grandes dimensiones. El escenario sería diferente si la explosión atmosférica se produjera sobre una región habitada.

En un objeto situado hacia el extremo inferior de la estimación, entre unos 40 y 60 metros, los efectos podrían incluir la rotura de ventanas y daños en estructuras cercanas. Si el tamaño se aproximara al límite superior estimado, alrededor de 90 metros, las consecuencias podrían ser considerablemente mayores y afectar a edificios y una superficie más extensa.

Todo esto, sin embargo, pertenece al terreno de los escenarios hipotéticos. La probabilidad actualmente estimada es extremadamente baja y los científicos continúan recopilando información para determinar con mayor exactitud su trayectoria.

Además, los impactos capaces de provocar daños locales importantes son eventos poco frecuentes. Las estimaciones científicas señalan que este tipo de colisiones pueden producirse en escalas de miles o decenas de miles de años, mientras que los impactos capaces de generar consecuencias globales son todavía mucho más excepcionales.

La historia de 2024 YR4, por tanto, no es la de un asteroide que inevitablemente se dirige hacia la Tierra. Es, sobre todo, un ejemplo de cómo funciona la vigilancia planetaria: detectar un objeto con anticipación, calcular todas las posibilidades y actualizar las predicciones cada vez que aparece nueva información.

 

[Fuente: El Cronista]

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