En los helados y distantes confines del cosmos, dos galaxias libran una batalla desde hace miles de millones de años. Sin embargo, no es una pelea entre iguales, según un equipo de astrónomos que descubrió recientemente que una de las galaxias está usando una cuásar para perforar a la otra, impidiendo severamente su desarrollo.
El equipo observó la “justa cósmica” como llamaron a esta interacción, usando la Gran Matriz Milimétrica/submilimétrica de Atacama (ATMA) en Chile, y el Telescopio Muy Grande del Observatorio Europeo del Sur. Los investigadores fueron testigos de algo bizarro: una galaxia le dispara un rayo de radiación directamente a otra, impidiendo su capacidad para formar nuevas estrellas. Los resultados del estudio de este equipo se publicaron hoy en Nature y ofrecen un asiento en primera fila en esta intensa violencia intergaláctica que tiene para ofrecer el universo.
La interacción es tan distante que la luz de las imágenes tardó 11 mil millones de años en llegar hasta nosotros. La conflagración cósmica tiene el mismo aspecto que tenía cuando el universo tenía sólo el 18% de la edad que tiene hoy. Aunque parezcan sencillas e inertes en la imagen que se ve más arriba, las galaxias en realidad se están atacando la una a la otra y lo que arrojan se traslada a más de 500 kilómetros por segundo.
“Descubrimos una cuásar – probablemente disparada por la fusión de las dos galaxias – que está transformando activamente la estructura gaseosa de su galaxia compañera”, le dijo en un e-mail a Gizmodo Pasquier Noterdaeme, investigador del CNRS del Institut d’Astrophysique de Paris y coautor de este trabajo. “La idea de que las fusiones de galaxias dan lugar a las cuásares se ha propuesto hace mucho tiempo, respaldada principalmente por estudios estadísticos de las morfologías de las galaxias anfitrionas. En nuestro caso, captamos a ambas galaxias en el acto”, añadió Noterdaeme.
Lucha galáctica
El equipo encontró que la radiación de una de las galaxias, un núcleo galáctico activo alimentado por un agujero negro super masivo, estaba causando disrupciones en la otra galaxia. Esa energía se dispara directamente a la otra galaxia como una lanza, y corta a través de nubes de gas y polvo. Debido a esas perturbaciones, dicen los investigadores, las regiones probablemente son demasiado pequeñas como para formar nuevas estrellas. La galaxia que blande su cuásar logró sabotear la capacidad de su oponente de crear nueva luz.
“Por primera vez vemos el efecto de la radiación de una cuásar directamente en la estructura interna del gas de otra galaxia”, dijo Sergei Balashev, quien co-lideró el estudio y es investigador del Instituto Ioffe de Rusia, en un comunicado del ESO.
Sin embargo la galaxia con la cuásar no solo causa pequeñas lesiones en la otra sino que se va transformando también. A medida que las galaxias se rozan, la interacción envía gas como por un embudo hacia el agujero negro central de la cuásar, con lo que le da combustible para estallidos más violentos.
La interacción fue visible gracias a la alta resolución de la matriz ALMA, que permitió ue los astrónomos vieran que la fuente de luz del espacio profundo en realidad provenía de dos galaxias (las observaciones anteriores hacían que los dos objetos cercanos el uno del otro se vieran como uno solo). El disparador X del ESO analizó la luz de la cuásar y ayudó a que los investigadores entendieran cómo afectaba la radiación a la otra galaxia.
Más allá del horizonte hay mucho por descubrir. Los instrumentos como el Telescopio Extremadamente Grande (ELT), podrían permitir que la ciencia disecte todavía más estas luchas antiguas entre galaxias, dándonos una imagen más clara de la forma en que las cuásares moldean a las galaxias que habitan, destruyendo aquellas en las que no.