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Ciencia

Hace 47.000 años heredamos una variante genética de los neandertales. Hoy sigue influyendo en nuestros músculos, la mandíbula y hasta la forma de los dientes

Un estudio con más de 1,1 millones de personas ha descubierto que una versión neandertal del receptor de la hormona del crecimiento sigue funcionando en humanos actuales. Sus portadores tienen algo más de masa muscular y pequeños cambios en mandíbula y dientes, pero el efecto parece aparecer después de la niñez.
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Cuando Homo sapiens y neandertales se encontraron en Eurasia hace decenas de miles de años no se limitaron a competir por territorio y recursos. También tuvieron descendencia. Y una parte de aquellos encuentros continúa viajando dentro de nuestros cromosomas miles de generaciones después.

La mayoría de esos fragmentos de ADN resultan completamente invisibles cuando nos miramos al espejo. Otros, sin embargo, todavía parecen capaces de modificar nuestro organismo.

Investigadores del Instituto Karolinska y del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva han identificado una variante neandertal del receptor de la hormona del crecimiento que sigue presente en poblaciones humanas actuales. Cuando analizaron a más de 1,1 millones de adultos, comprobaron que quienes la portaban pesaban de media unos 285 gramos más y que prácticamente toda esa diferencia correspondía a una mayor masa muscular.

La diferencia es pequeña. Lo realmente fascinante está en otra parte: la variante tiene unos 47.000 años de antigüedad en nuestro linaje y continúa respondiendo de forma distinta a una de las principales señales que utiliza el cuerpo para crecer. Y parece que durante la infancia permanece prácticamente en silencio.

Más de 6.000 niños dieron la pista de cuándo empieza a importar

Hace 47.000 años heredamos una variante genética de los neandertales. Hoy sigue influyendo en nuestros músculos, la mandíbula y hasta la forma de los dientes
© Shutterstock / Gorodenkoff.

La hormona del crecimiento se produce en la hipófisis y viaja a través de la sangre hasta llegar a distintos tejidos. Para que una célula pueda responder a ella necesita un receptor en su superficie, una especie de antena molecular que recibe la señal y la transmite hacia el interior celular.

Los neandertales poseían una versión ligeramente diferente de ese receptor. El nuevo trabajo, publicado en Current Biology, identifica dos cambios característicos que no aparecen en la versión predominante entre los humanos modernos.

Para comprobar qué hacían realmente, los investigadores introdujeron las variantes en células cultivadas en laboratorio y las estimularon con hormona del crecimiento.

El resultado fue llamativo: las células con el receptor neandertal crecieron un 40% más que aquellas con la versión humana moderna más habitual. Después llegó la comprobación a gran escala. Al cruzar información genética y corporal de más de 1,1 millones de adultos encontraron la pequeña pero consistente diferencia en masa muscular.

Sin embargo, cuando analizaron a más de 6.000 niños de 11 años o menos, el efecto desapareció. No encontraron una diferencia equivalente asociada a la variante. Los autores plantean que su influencia podría comenzar a manifestarse más tarde, posiblemente durante la pubertad, cuando cambia profundamente el entorno hormonal del organismo.

Eso transforma la historia. No estamos simplemente ante un supuesto “gen para tener más músculo”, sino ante una pieza genética arcaica cuyo efecto depende aparentemente de la etapa de desarrollo en la que se encuentre el cuerpo.

El mismo fragmento también parece haber dejado señales en la cara

Hace 47.000 años heredamos una variante genética de los neandertales. Hoy sigue influyendo en nuestros músculos, la mandíbula y hasta la forma de los dientes
© Pexels / The Lazy Artist Gallery.

El músculo no fue la única diferencia. Los investigadores detectaron también que los portadores presentan, de media, raíces dentales ligeramente más cortas y pequeñas diferencias en la forma de la mandíbula. Curiosamente, son características que recuerdan algunos rasgos observados en neandertales.

Eso no significa que alguien pueda identificar a simple vista quién lleva la variante. Los efectos son sutiles y el propio Hugo Zeberg, responsable del estudio, recalca que un único gen es solo una pieza entre las muchísimas que intervienen en la altura, el peso, la musculatura y la forma corporal. También está distribuida de forma muy desigual.

Actualmente aparece sobre todo en Asia meridional y oriental, donde en algunas poblaciones puede alcanzar una frecuencia de hasta el 24%. Esa distribución es el resultado de la complejísima historia de migraciones, mezclas y selección que siguió a los encuentros entre sapiens y neandertales.

No todos heredamos las mismas piezas de aquel antiguo genoma.

Los neandertales desaparecieron. Algunas de sus soluciones biológicas no

Durante mucho tiempo hablamos de los neandertales como una especie que simplemente fue reemplazada hasta extinguirse. La genética ha obligado a matizar enormemente esa imagen. Desaparecieron como población diferenciada, pero parte de su biología sobrevivió dentro de nosotros.

Este receptor resulta especialmente interesante porque conecta una diferencia molecular concreta con cambios que todavía pueden medirse en seres humanos vivos. No prueba por sí solo por qué los neandertales tenían una constitución más robusta ni permite atribuir su musculatura a una única mutación. El trabajo demuestra algo bastante más preciso: su versión del receptor responde con mayor intensidad a la hormona del crecimiento y la variante heredada está asociada actualmente con pequeñas diferencias corporales.

Tampoco es un atajo genético para evitar el gimnasio. Incluso una de las autoras del estudio, Miriam Berreiter, aficionada al CrossFit, bromea con que ni siquiera un receptor neandertal de la hormona del crecimiento puede sustituir al entrenamiento. Pero esa no es la parte más extraordinaria.

Lo extraordinario es pensar que un encuentro ocurrido hace aproximadamente 47.000 años puede seguir influyendo en cómo algunas células humanas responden hoy a una hormona, y que esa señal puede terminar reflejándose, aunque sea discretamente, en nuestros músculos, dientes y mandíbula.

Los neandertales desaparecieron hace decenas de miles de años. Algunas instrucciones de cómo construir sus cuerpos, en cambio, nunca se fueron.

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