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Hace más de 40 años un artista atrapó 59 coches en 1.600 toneladas de hormigón: hoy son fósiles del siglo XX

Desde lejos parece una torre de hormigón deteriorada, pero en su interior permanecen apilados decenas de automóviles reales. Arman creó Long Term Parking en 1982 como una monumental acumulación de objetos industriales destinada a transformarse lentamente con el óxido, el clima y el paso del tiempo.
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El estacionamiento del que ningún coche podrá salir

En el parque del Domaine du Montcel, en Jouy-en-Josas, cerca de París, se levanta una torre de 19,5 metros de altura y algo más de seis metros de ancho. Entre las capas de hormigón todavía asoman puertas, ruedas, faros, paragolpes y techos de automóviles fabricados durante la segunda mitad del siglo XX.

La obra se llama Long Term Parking y fue terminada en 1982 por Arman. Aunque habitualmente se afirma que contiene 60 vehículos, el catálogo oficial del artista registra 59 coches incrustados en unas 1.600 toneladas de hormigón. El Centro Pompidou la describe, de forma más aproximada, como una torre de casi 20 metros formada por 59 automóviles y cerca de 2.000 toneladas de material.

Por tanto, los coches no están enterrados bajo 18 metros de cemento ni la estructura contiene únicamente 18 toneladas. Fueron apilados en diferentes posiciones y rodeados por una enorme matriz vertical, dejando expuestas partes de sus carrocerías.

Hace más de 40 años un artista atrapó 59 coches en 1.600 toneladas de hormigón: hoy son fósiles del siglo XX
© cartdept – Instagram

Automóviles convertidos en fósiles industriales

En la torre pueden reconocerse vehículos comunes en las carreteras europeas de aquella época. No son coches de lujo seleccionados por su rareza, sino modelos producidos en serie y destinados originalmente a convertirse en objetos cotidianos.

Esa elección era fundamental para Arman. El artista trabajaba con cafeteras, herramientas, relojes, máscaras, armas, instrumentos musicales y toda clase de productos industriales. En lugar de representar esos objetos mediante pintura o escultura tradicional, los acumulaba, cortaba, quemaba o destruía para convertirlos directamente en la obra.

El resultado recuerda a un yacimiento arqueológico construido antes de tiempo. Los automóviles aparecen atrapados en capas de hormigón como restos de una civilización basada en el consumo, la fabricación en masa y la movilidad privada.

Arman convirtió la acumulación en una forma de arte

Arman nació en Niza en 1928 con el nombre de Armand Pierre Fernandez. Fue uno de los fundadores del Nuevo Realismo, movimiento creado en 1960 junto con artistas como Yves Klein, Jean Tinguely, Daniel Spoerri y Raymond Hains. Sus integrantes incorporaban objetos y materiales de la vida urbana para mostrar la nueva realidad de la sociedad de consumo.

Desde 1959, Arman desarrolló sus famosas “acumulaciones”, en las que reunía grandes cantidades de objetos iguales o semejantes. También creó las series Colères, destruyendo instrumentos musicales para después reorganizar sus fragmentos. Uno de los casos más conocidos fue un piano que rompió públicamente con una maza en 1962.

El automóvil terminó convirtiéndose en uno de sus materiales favoritos. En 1967 inició una colaboración con Renault, que le proporcionó piezas, componentes y acceso a su entorno industrial. Esta relación fue uno de los primeros grandes encuentros de la colección artística de la automotriz, concebida para que los creadores trabajaran directamente con materiales procedentes de sus fábricas.

Una obra diseñada para deteriorarse

Long Term Parking no fue creada para permanecer intacta. El paso de los años ha oxidado las carrocerías, degradado la pintura y deteriorado neumáticos y piezas expuestas. La transformación forma parte de la obra: los automóviles pueden desaparecer lentamente hasta dejar sus huecos marcados en el hormigón.

La torre admite interpretaciones diferentes. Puede verse como una crítica a la acumulación de bienes, como un monumento al automóvil o como una paradoja: decenas de máquinas construidas para moverse permanecen inmovilizadas para siempre.

Más de cuatro décadas después, la escultura continúa contando una historia reconocible. El coche fue uno de los grandes símbolos de libertad y progreso del siglo XX, pero Arman lo convirtió en algo distinto: un vestigio arqueológico de nuestra propia sociedad.

Fuente: Xataka.

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