Las primeras estrellas eran masivas, calientes y brillantes, y se formaron a partir de montículos primordiales del hidrógeno y helio. Su vida fue acelerada, y murieron siendo jóvenes, pero produjeron nuevos elementos en sus restos estelares que luego darían nacimiento a generaciones nuevas de estrellas. Los científicos lo saben, pero sigue habiendo preguntas en torno a esas antiguas estrellas.
Un grupo de astrónomos encontró la estrella químicamente más prístina que se haya detectado, lo que potencialmente la convierte en la estrella más antigua que se conozca en el cosmos. Podría haberse formado en los primeros miles de millones de años posteriores al Big Bang y sería una reliquia celestial que forma parte de la segunda generación de objetos en el universo.
El descubrimiento publicado en Nature Astronomy ofrece un inusual vistazo a la evolución de las antiguas estrellas y su transición hacia lo que hoy se detecta comúnmente, que son estrellas más pequeñas y de mayor duración. “Estas estrellas prístinas son ventanas hacia el amanecer de las estrellas y galaxias del universo”, declaró Alexander Ji, profesor adjunto de astronomía y astrofísica de la Universidad de Chicago y autor principal del nuevo estudio.
Nace una estrella
En el principio el universo era una sopa caliente y espesa de partículas que con el tiempo se enfriaron y expandieron. Los científicos creen que las primeras estrellas empezaron a formarse unos cientos de millones de años después del Big Bang, hace unos 13,7 mil millones de años.
La primera generación de estrellas se formó a partir de hidrógeno y helio prístinos. Pero dentro de sus núcleos los átomos se fusionarían formando elementos más pesados. Cuando esas primeras estrellas agotaban su combustible y estallaban, de sus restos se forjaría una nueva generación de estrellas. Al repetirse este proceso, cada generación de estrellas poseía más elementos pesados.
“Todos los elementos más pesados del universo, que los astrónomos llaman metales, se produjeron por procesos estelares, desde las reacciones de fusión que ocurrían dentro de estrellas hasta explosiones de supernovas y colisiones entre estrellas muy densas”, dijo Ji.
La primera generación de estrellas no se ha observado directamente todavía y no es clara. Los astrónomos esperan recoger indicios de la antigua evolución de estrellas buscando las que tienen poco metal, lo que significa que tienen pocos elementos pesados como hierro y carbono.
El equipo que hizo este reciente descubrimiento empezó buscando estrellas antiguas, estudiando catálogos confeccionados por el Censo Digital Sloan de los Cielos, que buscaba lecturas anómalas. En abril de 2025 el equipo viajó al Observatorio Las Campanas de Carnegie Science en Chile, para usar sus telescopios Magallanes con el fin de ver más de cerca las pocas estrellas que consideraban candidatas.
Había una estrella en particular que se destacaba por tener menos del 0,005% del contenido de metal del Sol. “Cuanto más la mirábamos, más real nos parecía”, dijo Natalie Orrantia, estudiante de astronomía de la Universidad de Chicago y coautora del estudio.
Los tiempos antiguos
La estrella, denominada SDSSJ0715-7334, está a unos 80.000 años luz de la Tierra. Al seguir analizando la composición de la estrella se confirmó que establece un récord de pureza estelar, con lo cual se trata de la estrella químicamente más prístina que se haya observado.
De hecho, la SDSS J0715-7334 es dos veces más pobre en metales que la estrella del anterior récord (J1029+1729). Esta estrella excepcionalmente prístina tiene cantidades particularmente bajas de hierro y carbono.
Con los datos de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea, el equipo que logró este descubrimiento pudo identificar que la estrella es una inmigrante galáctica. Puede haberse formado fuera de la Vía Láctea y luego fue atraída hacia el interior de la galaxia.
El descubrimiento también ayuda a los científicos a entender mejor cómo fue que las estrellas fueron haciéndose más pequeñas, y podría deberse a la ausencia de polvo cósmico en los inicios del universo. “Hoy ese polvo llena todo el universo, pero no estamos seguros de si entonces ya existía”, dijo Pierre Thibodeaux, estudiante de la Universidad de Chicago y coautor del estudio. “Si había polvo, eso podía hacer que el gas se fragmentara en montículos, y así se crearían varias estrellas más pequeñas en lugar de una sola de mayor tamaño”.