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Tecnología

Un laboratorio de EEUU intentaba reciclar plástico y acabó creando algo inesperado. Un pegamento que puede despegarse diez veces sin perder su fuerza

Un equipo de Oak Ridge ha desarrollado un adhesivo capaz de resistir bajo el agua y reutilizarse más de diez veces. Su secreto está en unos enlaces químicos reversibles inspirados en los mejillones.
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Los pegamentos tienen un problema que hemos aprendido a aceptar: cuanto más resistentes son, más difícil resulta deshacer la unión. En la industria, eso significa que un pequeño error puede terminar convirtiendo dos piezas perfectamente útiles en material de desecho. Separarlas sin dañar las superficies no siempre es posible. Pero un grupo de investigadores estadounidenses ha conseguido darle la vuelta a esa lógica. Y lo más curioso es que el descubrimiento comenzó mientras intentaban resolver otro problema completamente diferente: qué hacer con los residuos plásticos.

En el Laboratorio Nacional de Oak Ridge (ORNL), dependiente del Departamento de Energía de Estados Unidos, los científicos desarrollaron un adhesivo que funciona incluso bajo el agua, puede superar la resistencia de algunos pegamentos comerciales y permite separar y volver a unir materiales más de diez veces sin perder rendimiento apreciable.

La investigación, publicada en Science Advances en julio de 2025 y difundida ampliamente por Oak Ridge en marzo de 2026, podría abrir nuevas posibilidades para reparar, fabricar y reciclar productos sin destruir sus componentes.

El secreto está en unas uniones químicas que no necesitan ser permanentes

Han creado un pegamento que puede usarse más de 10 veces, funciona bajo el agua y se activa con calor. Lo interesante no es que pegue mejor, es que puede despegarse sin romper nada
El nuevo adhesivo combina compuestos obtenidos de residuos plásticos con una estrategia química inspirada en los mejillones. Esta tecnología permite crear uniones resistentes para diferentes materiales, incluso en ambientes acuáticos. © Danielson et al. / Science Advances (2025).

La tecnología fue desarrollada por un equipo liderado por Anisur Rahman y Mary Danielson, quienes trabajaron con residuos de tereftalato de polietileno, conocido como PET, presente en botellas, fibras textiles y envases. Su método permite descomponer el plástico y utilizar las moléculas resultantes para fabricar un nuevo polímero adhesivo. Pero la diferencia fundamental está en los enlaces que mantienen unido el material.

En lugar de depender exclusivamente de conexiones químicas irreversibles, incorpora una red de enlaces covalentes dinámicos capaces de reorganizarse cuando cambia la temperatura. Tal como explica Oak Ridge en su comunicado oficial, el calor facilita la separación del adhesivo y, posteriormente, el material puede recuperar su capacidad de unión al reorganizarse sus enlaces. El comportamiento recuerda al velcro, aunque el mecanismo es completamente diferente.

Los investigadores consiguieron repetir el proceso de separación y unión más de diez veces sin observar una pérdida de rendimiento en sus ensayos. Además, el adhesivo alcanzó resistencias al cizallamiento superiores al intervalo de 7 a 10 megapascales que el laboratorio utiliza como referencia para muchos adhesivos estructurales comerciales. Eso sí, no significa que cualquier objeto pegado pueda despegarse sin esfuerzo: la temperatura, el tipo de superficie y las condiciones de uso siguen siendo determinantes.

Los mejillones dieron la pista para conseguir algo todavía más difícil

Han creado un pegamento que puede usarse más de 10 veces, funciona bajo el agua y se activa con calor. Lo interesante no es que pegue mejor, es que puede despegarse sin romper nada
Los investigadores comprobaron la capacidad del adhesivo para mantener unidas distintas superficies, incluso después de permanecer sumergidas. Los ensayos también permitieron medir su resistencia mecánica y comparar su rendimiento sobre vidrio, acero y aluminio. © Danielson et al. / Science Advances (2025).

Una de las grandes dificultades de los adhesivos es el agua. La humedad puede interferir con las interacciones químicas responsables de mantener unidas las superficies, reduciendo su resistencia. Pero los mejillones llevan millones de años resolviendo ese problema. Estos moluscos se adhieren a rocas y otras superficies mediante proteínas especializadas que funcionan en ambientes marinos.

Los investigadores de Oak Ridge utilizaron ese principio como inspiración para combinar componentes hidrófilos, que interactúan favorablemente con el agua, e hidrófobos, que tienden a evitarla. En el artículo científico original, el equipo describe cómo esta estructura anfifílica permite obtener adhesivos con propiedades ajustables para diferentes superficies y aplicaciones.

Los ensayos demostraron que el material puede adherirse bajo el agua utilizando presión manual y mantener un comportamiento resistente en ambientes húmedos, secos e incluso en agua de mar. También se evaluó su desempeño en condiciones extremas, incluidas temperaturas de hasta −100 °C y medios ácidos o básicos. Esto abre posibilidades para reparar tuberías, embarcaciones o componentes industriales donde utilizar adhesivos convencionales resulta especialmente complicado.

El descubrimiento podría cambiar mucho más que la forma de pegar objetos

Han creado un pegamento que puede usarse más de 10 veces, funciona bajo el agua y se activa con calor. Lo interesante no es que pegue mejor, es que puede despegarse sin romper nada
El secreto del material está en una red de enlaces químicos dinámicos que pueden reorganizarse mediante calor. Este mecanismo permite separar las piezas y reutilizar el adhesivo sin necesidad de destruir las superficies unidas. © Danielson et al. / Science Advances (2025).

La capacidad de reutilización es solo una parte de la historia. Los investigadores también comprobaron que el adhesivo puede descomponerse químicamente para recuperar sus componentes y utilizarlos de nuevo. Según explicó el Departamento de Energía estadounidense, el descubrimiento surgió casi por accidente: Danielson intentaba transformar plástico usado en materiales de mayor valor cuando observó que uno de sus productos se adhería extraordinariamente bien al instrumental.

Aquella dificultad terminó convirtiéndose en una oportunidad. La tecnología podría resultar útil en la industria automotriz, aeroespacial o electrónica, especialmente cuando es necesario unir materiales distintos y desmontarlos después para su reparación o reciclaje. Sin embargo, todavía no estamos ante un pegamento comercial disponible para cualquier aplicación. Los investigadores han solicitado una patente y continúan explorando formulaciones con diferentes niveles de adherencia.

Tampoco puede afirmarse que sea más sostenible en todos los escenarios sin evaluar su fabricación y uso a escala industrial. Lo importante es el cambio de concepto: una unión resistente ya no tiene por qué convertirse en un obstáculo cuando llega el momento de reparar o reutilizar un producto.

La industria lleva décadas intentando desarrollar pegamentos cada vez más fuertes. Este experimento sugiere que el siguiente gran avance podría consistir en algo aparentemente contradictorio: conseguir que, cuando sea necesario, también sepan dejar de pegar.

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