La oleada de incendios de los últimos veranos ha despertado una pregunta urgente: ¿cómo lograr que nuestros bosques no sean una trampa de combustible? La respuesta puede estar en dos fuerzas naturales que siempre moldearon el paisaje: los herbívoros y el fuego. Ambos, bien gestionados, crean paisajes abiertos, en mosaico y menos vulnerables a catástrofes. Recuperar este equilibrio ancestral es hoy un reto imprescindible para la conservación y la seguridad ambiental.
Cuando los humanos rompimos el equilibrio
Durante millones de años, los ecosistemas mediterráneos se moldearon bajo la acción de la sequía, los herbívoros y el fuego. Pero el ser humano alteró este régimen natural. La ganadería extensiva, que imitaba el papel de los grandes herbívoros salvajes, ha retrocedido drásticamente en favor de explotaciones intensivas. Paralelamente, décadas de supresión de incendios permitieron acumular biomasa, creando bosques densos y altamente inflamables.

Herbívoros y fuego: procesos distintos, pero complementarios
El pastoreo elimina vegetación de forma selectiva, pausada y continua. El fuego, en cambio, actúa con rapidez e intensidad, reciclando incluso los compuestos más resistentes. Juntos mantienen paisajes en mosaico, con menor densidad de combustible y mayor biodiversidad. En ausencia de herbívoros, el fuego gana terreno y las comunidades vegetales evolucionan hacia especies inflamables que dependen de las llamas para regenerarse.
Lecciones desde la ecología de la perturbación

Cada comunidad vegetal está adaptada a un régimen de perturbación histórico: allí donde dominaban los herbívoros, prosperan plantas nutritivas y pastables; donde reinaba el fuego, aparecen especies altamente inflamables. Hoy, sin herbívoros suficientes y bajo el cambio climático, el fuego se consolida como regulador principal. Esto hace que los incendios sean inevitables y recurrentes mientras haya biomasa por arder.
Hacia una gestión resiliente
La solución no pasa solo por talar o reforestar, sino por recuperar la función reguladora perdida. Las quemas técnicas pueden controlar la vegetación leñosa en fases tempranas, pero solo si se combinan con planes de pastoreo plurianuales. Este enfoque, conocido como herbivorismo pírico, ofrece una vía sostenible: paisajes abiertos, ecosistemas más diversos y bosques menos vulnerables a incendios extremos.
Fuente: TheConversation.