Saltar al contenido
Ciencia

Incendios en España: las claves ocultas detrás de una catástrofe histórica

Más de 400.000 hectáreas han ardido en España en apenas semanas, superando lo quemado en cinco años recientes juntos. No se trata solo de pirómanos ni de falta de medios: la meteorología extrema, la sequía y la ausencia de cultura del riesgo son factores decisivos. ¿Por qué ahora y por qué allí?
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Los incendios forestales de este verano han marcado un punto de inflexión en la historia reciente de España. En apenas quince días de agosto se ha quemado más superficie que en varios años enteros, situando al país ante una emergencia sin precedentes. Comprender por qué el fuego ha sido tan devastador exige analizar tanto las condiciones estructurales como los factores meteorológicos que se han combinado de forma explosiva.

Una tormenta perfecta de factores

Los expertos recuerdan que no basta con hablar de pirómanos para explicar la magnitud de lo ocurrido. En 2024 ardieron 42.600 hectáreas; este año la cifra se ha multiplicado por diez. Entre las causas estructurales destacan el abandono de la ganadería extensiva, la falta de aprovechamiento económico del monte y una legislación forestal que limita la gestión activa. A ello se suman carencias en medios de prevención y extinción.

Sin embargo, lo decisivo ha sido el contexto meteorológico: una primavera lluviosa generó gran cantidad de biomasa, un junio anómalamente caluroso y seco secó esa vegetación, julio mantuvo la sequía y agosto trajo olas de calor extremas. El resultado: un combustible perfecto esperando la chispa.

Incendios en España: las claves ocultas detrás de una catástrofe histórica
© FreePik

La ausencia de cultura del riesgo

El problema de fondo es la falta de cultura preventiva. El riesgo de incendio, como cualquier otro, se mide en tres dimensiones: peligro, exposición y vulnerabilidad. Reducir daños no significa eliminar el fuego, sino saber resistir y recuperarse. Pero en España apenas hay planes locales de prevención, la educación escolar no incorpora estos riesgos y las administraciones siguen sin coordinarse de forma efectiva.

El proyecto europeo FirEUrisk, con participación de 36 grupos de 17 países, ha aportado herramientas valiosas para mejorar los indicadores de peligro. Aun así, la falta de presupuesto y el desinterés de gestores políticos han impedido trasladar los avances al terreno. Prevenir es siempre más barato que extinguir, pero se sigue invirtiendo tarde y mal.

Por qué en Galicia, León o Zamora

El hecho de que la mayor parte de las 400.000 hectáreas quemadas se concentren en el noroeste peninsular no es casual. Allí, la sequía fue más intensa que en otras regiones. El índice SPEI, que combina déficit de lluvias y demanda atmosférica de agua, mostró en agosto los valores más bajos desde 1960 en zonas como Ponferrada, epicentro de varios de los mayores incendios.

Mientras en provincias orientales con similares problemas estructurales apenas hubo incendios, en Galicia, León, Zamora, Cáceres y Ávila el déficit hídrico y la baja humedad de la vegetación convirtieron cada chispa en una catástrofe.

Hacia una gestión más inteligente

Los mapas de sequía coinciden con precisión con las áreas quemadas. Esto revela la urgencia de actualizar los sistemas de alerta temprana, integrando no solo datos meteorológicos sino también indicadores del estado de los combustibles, como la humedad de la vegetación.

La prevención exige invertir en ciencia aplicada, mejorar la coordinación entre administraciones y fomentar la educación del riesgo desde edades tempranas. Solo así será posible reducir la vulnerabilidad y evitar que, en cada ola de calor, se repita un escenario tan devastador como el de este verano.

Fuente: TheConversation.

Compartir esta historia

Artículos relacionados