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Hongos que se alimentan de la radiación están prosperando en las paredes de los reactores de Chernobyl

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Imagen: Chernobyl (AP)

Cuando tuvo lugar uno de los mayores desastres del siglo pasado, Chernobyl en 1986, se tiende a pensar que todo atisbo de vida pereció al instante. Sin embargo, bajo los escombros de un ambiente radioctivo insólito, emergieron un grupo de hongos que se alimentaron de lo único que había en cantidad. Este grupo no ha parado de crecer desde entonces.

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Ahora, un grupo de científicos ha documentado alrededor de 200 especies de 98 géneros de hongos, algunos más resistentes que otros, conviviendo bajo las ruinas de la antigua central nuclear.

No solo eso. El nuevo trabajo explica la capacidad de estos grupos para fortalecerse y ser capaces de soportar los altos niveles de radiación, incluso algunos literalmente alimentándose de ella, los denominados “hongos negros” o radiotróficos.

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Al parecer, estas especies están armadas con melanina, el mismo pigmento en la piel humana que ayuda a proteger contra la radiación ultravioleta, el cual les permite convertir la radiación gamma en energía química para el crecimiento. Los investigadores también sugieren que ha podido ayudarles a protegerse de la radiación dañina. Según explicó el microbiólogo Arturo Casadevall del Colegio de Medicina Albert Einstein en Nueva York a Scientific American:

En muchos reactores nucleares comerciales, el agua radioactiva se contamina con organismos melanóticos [con pigmentación negra]. Nadie sabe realmente qué demonios están haciendo allí.

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Imagen: Fotomicrografía que muestra los Cryptococcus neoformans (CDC/Dr. Leanor Haley)

Los científicos encontraron que los hongos que mastican la radiación encontrados en Chernobyl, como el Cladosporium sphaerospermum, el Cryptococcus neoformans y la dermatitis Wangiella, son capaces de resistir la radiación ionizante aproximadamente 500 veces más alta que los niveles de fondo. De hecho, en realidad parecen crecer más rápido en presencia de la radiación. Para Kasthuri Venkateswaran, científico investigador de la NASA que estudió de cerca los hongos en 2016:

Después del accidente, los hongos fueron los primeros organismos en aparecer y los científicos querían entender cómo pueden prosperar en un entorno así. Los hongos recolectados en el lugar del accidente tenían más melanina que los hongos recolectados fuera de la zona de exclusión. Esto significa que los hongos se han adaptado a la actividad de radiación, y se encontró que hasta el 20 por ciento eran radiotróficos, lo que significa que crecieron hacia la radiación; les encantó.

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De hecho, y para aprender más sobre estos hongos amantes de la radiación de Chernobyl, una investigación de 2006 de la NASA envió ocho especies recolectadas del área a la Estación Espacial Internacional (EEI). La idea era observar cómo reaccionarían los organismos.

El entorno de la EEI expone a los habitantes a entre 40 y 80 veces más radiación que en la Tierra, y esperaban que los hongos produjeran moléculas que podrían adaptarse a fármacos que podrían administrarse a los astronautas para protegerlos de la radiación en misiones a largo plazo.

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Los resultados de dicho experimento aún no se han publicado. [Real Clear Science, Scientific American, NCBI]

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