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Ciencia

Huellas de hace 355 millones de años reescriben la historia

En Australia las huellas fosilizadas obligan a los paleontólogos a repensar el árbol de familia de los tetrápodos.
Por Isaac Schultz Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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El origen de los animales de cuatro patas conocidos como tetrápodos parecía bastante directo: los peces saltaron a tierra en el Devónico, evolucionaron, y eventualmente se diversificaron para ser reptiles, aves, mamíferos y toda otra criatura que cubre la Tierra en nuestros días. Pero ahora, un trozo de piedra arenisca, tan pequeño que puede cargarlo una sola persona, ha desordenado de manera caótica todo lo que se creía.

Es una piedra del sudeste de Australia que data de hace unos 355 millones de años, poco después del final de Devónico. La descubrieron dos paleontólogos aficionados (los coautores de un nuevo trabajo describen el hallazgo), y en la roca están preservadas unas huellas que resultaron ser notables: son impresiones de dedos largos con inconfundibles marcas de garras. Estos rastros fósiles representan las huellas más antiguas de tetrápodos con garras que se hayan hallado hasta ahora.

“El impacto clave es que hace retroceder en el tiempo a una parte importante del árbol evolutivo de los tetrápodos – en esencia, todas las ramas que están por debajo de la bifurcación reptil-mamífero (que se conoce también como nodo del grupo corona de los amniotas)”, dijo en su e-mail a Gizmodo Per Ahlberg, investigador de la Universidad Uppsala y autor principal del estudio.

Ahlberg explicó que aunque los científicos concuerdan en que los tetrápodos evolucionaron en el Devónico, se creía que estas criaturas prehistóricas eran como los peces pero que recién empezaban a adaptarse a la vida en la tierra. Los investigadores publicaron un estudio de Nature hoy, donde describen a los fósiles y su importancia en el árbol de la vida.

“Si ya tenemos reptiles en los inicios del Carbonífero, algo que nuestras huellas en Australia nos indican, eso no puede ser verdad”, dijo Ahlberg.

“Cuando vi este espécimen por primera vez, me sorprendió mucho”, dijo el coautor Grzegorz Niedźwiedzki, también investigador de la Universidad Uppsala. “Después de unos segundos noté que eran marcas de garras, claramente preservadas”.

La teoría tenía errores

Las garras son importantes. Son la firma de los primeros amniotas – grupo que incluye a reptiles, aves y mamíferos. Otros tetrápodos como los primeros anfibios como el Tiktaalik no las tenían. Y eso significa que las criatura que dejó estas huellas fosilizadas probablemente fuera un reptil primitivo y que ya andaba por aquí mucho antes de lo que se esperaba.

“Esto se choca de frente con la tan repetida afirmación de que Tiktaalik y otros “peces con patas” eran no solo parientes cercanos de los tetrápodos (que sí lo eran) sino antecedentes o incluso ancestros de los tetrápodos, y si nuestras inferencias están en lo cierto, Tiktaalik era más o menos contemporáneo del nodo del grupo corona de los tetrápodos”, dijo Ahlberg.

En otras palabras, la aparición de los reptiles y por extensión, la rama evolutiva que lleva a la humanidad, se retrasa en 35 millones de años. Las conclusiones del equipo también significan que la división entre amniotas y anfibios tuvo que suceder antes de eso.

Al combinar los árboles de familia basados en ADN con las fechas fósiles, el equipo halló que el nodo del grupo corona probablemente se ubique antes en el Devónico, contemporáneo del Tiktaalik. Eso sugiere que los tetrápodos avanzados ya estaban en escena cuando el Tiktaalik intentaba ver cómo podía levantarse del suelo.

Hoy, la piedra con la huella fósil con la garra “representa todo el registro fósil de los tetrápodos, desde los inicios del Carbonífero de Gondwana – gigantesco supercontinente que comprendía a África, Sudamérica, la Antártida, Australia e India”, dijo Ahlberg en un comunicado de Uppsala. “’Quién sabe qué más viviría allí?”.

Ahora, la clave para el equipo es el trabajo de campo – en Australia y otros lugares – que pueda brindarles más indicios sobre los primeros amniotas que ocupaban Gondwana. Sería bueno hallar más huellas, dijo Ahlberg, pero encontrar fósiles de cuerpos sería incluso mejor.

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