La escala Saffir–Simpson, vigente desde los años setenta, clasifica los huracanes únicamente por la velocidad del viento. Pero los tiempos han cambiado: el cambio climático ha intensificado tormentas que superan los límites concebidos en su origen. Hoy, la categoría 5 ya no basta para describir fenómenos de potencia histórica, ni para advertir a la población de que el verdadero peligro se esconde en las inundaciones y marejadas.
Una escala que se ha quedado obsoleta
La categoría 5, que agrupa cualquier huracán con vientos superiores a 250 km/h, no distingue entre fenómenos de distinta magnitud. Bajo este criterio, un ciclón de 260 km/h y otro de 320 km/h aparecen como equivalentes, cuando en la práctica sus efectos son muy diferentes.
Investigadores como Michael Wehner y James Kossin plantean una categoría 6 para tormentas que superen los 310 km/h. Según un estudio reciente en Scientific Reports, el calentamiento global ha incrementado la probabilidad de que se produzcan episodios de esta intensidad, reabriendo el debate sobre la necesidad de ajustar la escala a la realidad actual.
This is what 10 to 15 feet of storm surge looks like 👀
This was Hurricane Ian last year in Fort Myers, Florida. #Idalia could bring similar inundation levels to the Big Bend coast of Florida tomorrow. pic.twitter.com/PFSrc1ezHj
— Zoom Earth (@zoom_earth) August 29, 2023
El verdadero peligro no siempre es el viento
La mayor parte de las muertes por huracanes no se deben a los vientos huracanados, sino al agua. Marejadas ciclónicas e inundaciones son responsables de más del 75 % de los fallecimientos. Sin embargo, la escala oficial ignora estos factores, lo que transmite una visión incompleta del riesgo real.
Ejemplos como el huracán Katrina, que devastó Nueva Orleans hace dos décadas, demuestran que los efectos más letales suelen provenir de las crecidas y del colapso de infraestructuras ante lluvias persistentes.
Nuevas propuestas para medir la severidad
Ante esta insuficiencia, científicos de la Universidad del Sur de Florida han impulsado la creación de la Tropical Cyclone Severity Scale (TCSS). A diferencia de la Saffir–Simpson, esta integra en un solo indicador la fuerza del viento, la cantidad de lluvia y la intensidad de las marejadas.
Los ensayos de percepción social son prometedores: bajo esta escala la población entiende mejor el peligro y tiende a evacuar con más frecuencia. Una comunicación más clara del riesgo podría marcar la diferencia entre miles de evacuados y miles de víctimas.

El futuro de la comunicación del riesgo climático
La discusión no es solo técnica, sino también social. En un mundo donde los huracanes son cada vez más extremos, los expertos insisten en que la manera de describirlos debe evolucionar. Una categoría 6 o una escala multidimensional no buscan crear alarma, sino transmitir con mayor precisión lo que está en juego.
Ajustar las palabras a la magnitud del fenómeno puede ser tan importante como levantar diques o reforzar viviendas. Al fin y al cabo, si la población no comprende lo que se aproxima, difícilmente podrá reaccionar a tiempo.
Fuente: Meteored.