Al calor de los rumores de un posible smartwatch de Apple, una pequeña compañía italiana recibió una avalancha de visitas inesperadas durante el Mobile World Congress que termina hoy: I'm Watch. Esta firma lanzó hace dos años un reloj inteligente con el mismo nombre. Lo hemos probado y el resultado no puede ser más decepcionante. El resumen: un reloj tan grueso como un ladrillo, con apenas 40 apps, que solo funciona si lo conectas al móvil y que encima vale un pastón (349 euros). Parece una broma, pero no lo es. Apple, sálvanos de esta aberración.

La reacción de la mayoría de curiosos que se pasaban por el stand de I'm Watch para ver el reloj era más o menos la misma: se acercaban, daban un paso atrás, ponían cara de disgusto y murmuraban con ironía: "It´s a little bit chunky, huh?...". Vaya si lo es.

Ponerse el I'm Watch en la muñeca es un acto de valentía. El modelo básico no pesa demasiado, 90 gramos (aunque casi tanto como algunos smartphones) pero es obscenamente grueso: 10 mm.

Te lo pones y automáticamente quieres esconderlo. Es enorme. La pulsera de plástico no ayuda. El I'm Watch, a simple vista es como una de esas falsificaciones que se venden en puestos callejeros solo que con apps y pantalla táctil.

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El reloj funciona con una versión modificada de Android y es compatible con el iPhone (iOS 4 y superior) y móviles Android (4.0 y superior). La pantalla es una TFT de 1,5 pulgadas con una resolución bastante pobre, 240 x 240. Los textos de SMS o emails se leen bastante mal y la nitidez y el brillo dejan bastante que desear.

¿Qué puedes hacer con el I'm Watch? Lo más interesante es aceptar llamadas y hablar desde el reloj a lo Michael Knight conectándolo por Bluetooth con el móvil. Tiene un micrófono y altavoz a cada lado que lo permite. No pudimos hacer una llamada durante la prueba, pero la respuesta de uno de los ingenieros de I'm Watch no fue tranquilizadora: "¿Cómo se oye?". "Well, it´s ok". Pues eso.

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La selección de aplicaciones es muy pobre, solo 40... tras dos años de lanzamiento. "Esperamos llegar a 150 a finales de año", dicen en I'm Watch. Puedes leer tuits, mensajes de Facebook, ver fotos de Instagram y utilizar alguna que otra aplicación deportiva. Aseguran que tienen a 1.200 desarrolladores alistados en su programa, pero de momento la actividad parece escasa. Y no funciona de forma independiente, tiene que estar siempre conectado a tu smartphone por Bluetooth. Exacto, imagina la de batería que eso consumirá al móvil.

El software, curiosamente, funciona bien y es fluido. La pantalla es lo suficientemente grande como para pasar las aplicaciones y manejarlo con los dedos sin problema. De hecho en este sentido es bastante más cómodo que el Smartwatch de Sony. El problema simplemente es que es enorme, hortera a matar, con escasas aplicaciones y, encima caro, carísimo.

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El modelo más básico de cuerpo de aluminio cuesta 350 euros (ahora tienen una oferta hasta marzo por 249). Y hay dos gamas más: una con el cuerpo de titanio por 800 euros, o de titanio negro por 900; y la gama superior en plan "joya": de plata por 1.500 euros, de oro rosa (¡oro rosa!) por 13.000 (¡13.000!) y de oro blanco y diamantes por 15.000. Precios cómicos para un reloj cómico.

I'm Watch asegura haber vendido en total 80.000 unidades, de las cuales 600 son del modelo de oro. Se puede comprar online o en tiendas selectas de otras marcas en Italia, Suiza o EE.UU., entre otros países. Es poco probable que veas alguno por la calle, pero si lo haces, lo reconocerás al instante. ¿Nuestro consejo? Ni te acerques.