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Ciencia

Una nueva imagen del “Ojo de Dios” muestra columnas de fuego con una claridad nunca antes lograda. El hallazgo permite ver cómo podría terminar el Sol dentro de miles de millones de años

La nebulosa Helix, uno de los objetos más estudiados del cielo, revela detalles que ayudan a comprender el destino de los sistemas planetarios.
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El telescopio espacial Webb logró mirar hacia la profundidad de la oscuridad de la Nebulosa Helix, y reveló capas de gas que expulsa una estrella agonizante, que servirán de semillas en el cosmos para las próximas generaciones de estrellas y planetas.

La nueva imagen del Webb ofrece una vista de acercamiento de esta nebulosa emblemática conocida también como Ojo de Sauron u Ojo de Dios porque se parece a un ojo de mirada penetrante. En el centro tiene una enana blanca ardiente (el núcleo remanente de una estrella agonizante) y emite una avalancha de material que colisiona con la capa fría de gas y polvo que la rodea.

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Una nueva imagen del Telescopio Espacial James Webb de NASA, que muestra una porción de la Nebulosa del Hélice, destaca nudos con forma de cometa, intensos vientos estelares y capas de gas expulsadas por una estrella moribunda al interactuar con su entorno. La imagen de Webb también revela el marcado contraste entre el gas más caliente y el gas más frío a medida que la envoltura se expande desde la enana blanca central. © NASA, ESA, CSA, STScI; Procesamiento de imagen: Alyssa Pagan (STScI).

Así, nos brinda un vistazo hacia el futuro de estrellas como nuestro sol cuando se cumple su ciclo de vida, y cómo se recicla su material para que nazcan nuevos sistemas planetarios.

Una visión clara

La cámara de infrarrojo cercano del Webb (NIRCam) muestra una pequeña porción de la nebulosa Helix y revela nudos similares a cometas, vientos estelares como de fuego, y capas de gas.

La imagen, en alta resolución, muestra columnas nubosas que parecen llamas, rodeando la región interior de una capa de gas que se expande. Los vientos fuertes de gas ardiente de la estrella que muere chocan con las capas más frías y lentas de gas y polvo que la estrella emitió antes en otro momento de su ciclo, y así se crea la forma singular de la nebulosa.

La enana blanca, fuera del cuadro de la imagen ampliada del Webb, está en el corazón de la nebulosa. La radiación de la estrella que agoniza ilumina el gas que la rodea, creando capas de material como en una lasaña cósmica. Cerca de la enana blanca hay gas caliente ionizado, seguido de una capa de hidrógeno molecular más frío y con huecos protectores dentro de las nubes de polvo donde pueden empezar a formarse moléculas más complejas. Esta es la materia prima que eventualmente podrá formar planetas y sistemas estelares.

En la imagen del Webb la temperatura y composición química del material aparecen en diferentes colores. El azulado identifica el gas más caliente, energizado por la intensa luz ultravioleta de la enana blanca. Más alejado el gas se enfría en las regiones amarillentas allí donde los átomos de hidrógeno se unen para formar moléculas. Y en los bordes de la nebulosa los tonos rojizos identifican al material más frío en tanto que el gas que se dispersa da lugar a que se forme polvo, según la NASA.

La muerte de una estrella

La nebulosa se detectó en los años del 1800 y desde entonces ha sido una de las características más emblemáticas del cielo nocturno por su forma y proximidad. Está a unos 650 años luz de la Tierra, en la constelación de Acuario. Su forma similar a la de un ojo es la que mejor se percibe entre todas las nebulosas planetarias y brillantes que pueden observarse desde nuestro planeta.

Los astrónomos han utilizado observatorios terrestres y espaciales para estudiar al Ojo de Sauron, y así observar en detalle los momentos finales de una estrella que muere.

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