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Ciencia

El telescopio Webb observa el “Júpiter” más cercano descubierto fuera del Sistema Solar y encuentra algo inesperado en su atmósfera. Sus extrañas nubes obligan ahora a revisar varios modelos científicos

Epsilon Indi Ab, un gigante gaseoso situado a solo 12 años luz de la Tierra, parecía uno de los exoplanetas más previsibles para los astrónomos. Sin embargo, las observaciones del James Webb detectaron señales compatibles con nubes de hielo de agua en capas altas, una pieza que muchos modelos atmosféricos no contemplaban con suficiente detalle.
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Durante años, los astrónomos soñaron con estudiar planetas lejanos con el mismo detalle con el que observamos Júpiter o Saturno. Ese futuro ya ha empezado. El telescopio espacial James Webb acaba de analizar uno de los gigantes gaseosos más interesantes de nuestro vecindario cósmico y se ha topado con una sorpresa que no estaba en el guion: nubes de hielo de agua en un lugar donde muchos modelos no las esperaban.

El protagonista se llama Epsilon Indi Ab, está a apenas 12 años luz de la Tierra y representa una especie de espejo imperfecto de Júpiter. Lo bastante parecido como para compararlo. Lo bastante distinto como para obligarnos a repensar lo que creíamos saber.

Un vecino raro y valioso para la astronomía

El telescopio Webb observa el “Júpiter” más cercano descubierto fuera del Sistema Solar y encuentra algo inesperado en su atmósfera. Sus extrañas nubes obligan ahora a revisar varios modelos científicos
© NASA / JPL-Caltech / SwRI / MSSS / BA.Hall / G.Robles.

Epsilon Indi Ab orbita alrededor de Epsilon Indi A, una estrella algo más fría y pequeña que nuestro Sol. Para la ciencia, este planeta es un tesoro porque combina dos factores poco habituales: cercanía relativa y características comparables a un gigante gaseoso de nuestro sistema.

Tiene unas 7,6 veces la masa de Júpiter, aunque su tamaño es similar. Además, gira a una distancia orbital que recuerda a la de los grandes planetas exteriores. Eso lo convierte en un laboratorio perfecto. Si queremos aprender a leer atmósferas lejanas, empezar por un “casi Júpiter” cercano tiene todo el sentido del mundo.

Ver un planeta así sigue siendo dificilísimo

Observar directamente un exoplaneta continúa siendo una hazaña técnica. El problema no suele ser el planeta, sino la estrella que lo acompaña. Su brillo actúa como un foco deslumbrante que oculta cualquier objeto cercano.

Para sortearlo, el equipo liderado por Elisabeth Matthews, del Instituto Max Planck de Astronomía, que publicó el estudio en The Astrophysical Journal Letters, utilizó el instrumento MIRI del James Webb junto a un coronógrafo, un sistema diseñado para bloquear la luz estelar y permitir ver lo que hay alrededor. Después compararon imágenes en distintas longitudes de onda, especialmente zonas sensibles a la presencia de amoníaco atmosférico.

Y ahí apareció el misterio.

Había menos amoníaco del esperado

El telescopio Webb observa el “Júpiter” más cercano descubierto fuera del Sistema Solar y encuentra algo inesperado en su atmósfera. Sus extrañas nubes obligan ahora a revisar varios modelos científicos
© NASA / JPL-Caltech / SwRI / MSSS / Kevin M. Gill.

Según los modelos previos, un planeta frío y masivo como Epsilon Indi Ab debería mostrar una atmósfera con abundante amoníaco gaseoso visible en esas observaciones. Sin embargo, la señal era menor de lo previsto. Eso dejó dos opciones: o la química atmosférica estaba mal entendida, o algo estaba ocultando parte de ese gas.

La hipótesis más sólida apunta a nubes gruesas pero irregulares de hielo de agua situadas en capas altas. Algo parecido, salvando distancias, a los cirros terrestres. Estas nubes actuarían como una pantalla parcial, modificando la lectura espectral del planeta. Y eso cambia bastante las cosas.

El problema no es el planeta: eran los modelos

Muchos modelos teóricos de atmósferas de exoplanetas fríos simplificaban la presencia de nubes porque introducirlas complica enormemente los cálculos. Era una concesión práctica: mejor un modelo manejable que uno imposible de resolver.

El James Webb acaba de recordar que el universo no negocia con nuestras simplificaciones. Si las nubes están ahí y afectan a lo que vemos, los modelos tendrán que adaptarse. No por elegancia académica, sino por necesidad observacional.

Lo importante no es este planeta, sino el siguiente

El telescopio Webb observa el “Júpiter” más cercano descubierto fuera del Sistema Solar y encuentra algo inesperado en su atmósfera. Sus extrañas nubes obligan ahora a revisar varios modelos científicos
© NASA / JPL-Caltech / SwRI / MSSS / Kevin M. Gill.

Epsilon Indi Ab no parece un mundo habitable. Es un gigante gaseoso frío, hostil y sin superficie sólida como la entendemos. Pero su valor está en otro sitio. Cada técnica afinada con este tipo de planetas servirá mañana para analizar mundos más pequeños, rocosos y potencialmente similares a la Tierra. Detectar nubes, gases o desequilibrios químicos en una atmósfera lejana será clave cuando llegue el momento de buscar biosignaturas.

En otras palabras: hoy practicamos con un Júpiter ajeno para mañana entender una posible segunda Tierra.

El próximo capítulo ya tiene nombre

La NASA prepara el telescopio Nancy Grace Roman, previsto para los próximos años. Será especialmente útil para estudiar luz reflejada y podría observar con mayor claridad estas nubes brillantes detectadas ahora de forma indirecta.

Mientras tanto, el Webb sigue demostrando algo fascinante: incluso cuando miramos planetas gigantes y aparentemente simples, todavía encontramos sorpresas. Quizá esa sea la lección más valiosa. El cosmos sigue siendo mucho menos predecible que nuestros mejores cálculos.

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