Los investigadores desarrollaron un nuevo sistema de advertencia para la propagación de gérmenes resistentes a los antimicrobianos (AMR): el popó y el pis de los baños de los aviones.
La ciencia predice que para 2050 los supergérmenes AMR (resistentes a antimicrobianos) podrían costar más vidas de las que se lleva el cáncer. Resulta esencial que los países tengan la mira puesta en la propagación global de estos peligrosos patógenos, que pueden viajar con la gente, y así poder prepararse mejor para futuras infecciones. En un trabajo publicado en mayo en Microbiology Spectrum, un equipo internacional de investigadores sugiere que el agua residual de los baños de los aviones podría servir para advertir a las autoridades sobre la llegada de estos gérmenes resistentes.
“Las aguas residuales de los vuelos de gran duración pueden servir como huella microbiana representativa de varios países, y ofrece datos valiosos sobre el movimiento de patógenos y resistencia antimicrobiana a escala global”, escribieron en su trabajo. “Aquí presentamos un concepto probado de monitoreo de AMR al investigar muestras de agua residual de los baños de aviones, de 44 vuelos de regreso a Australia, provenientes de nueve países”.
¿Qué encontraron en las aguas residuales de los baños?
El análisis reveló nueve patógenos peligrosos, incluyendo algunos supergérmenes resistentes a más de una droga. El equipo investigó las firmas genéticas y perfiles genéticos de resistencia antibiótica (ARG) y encontraron un gen que brinda resistencia a antibióticos de último recurso en 17 vuelos. Lo interesante es que en ese momento este peligroso gen no se hallaba presente en aguas residuales urbanas de Australia, lo que indica que su llegada era a través de los viajes internacionales. Las muestras de los 44 vuelos tenían cinco de los nueve supergérmenes.
“El agua residual de los aviones capta las firmas microbianas de los pasajeros de diferentes países, y ofrece una forma no invasiva y efectiva en términos de costos de monitorear peligros como los AMR”, dijo en declaraciones de la Universidad de Australia del Sur Warish Ahmed, autor principal del trabajo e investigación de CSIRO.
De todos esos vuelos, 18 provenían de India, 14 del Reino Unido, 6 de Alemania, y 1 de cada uno de estos países: Francia, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Sudáfrica, Japón e Indonesia. Según Nicholas Ashbolt, coautor del estudio y microbiólogo de la Universidad de Australia del Sur, los vuelos de Asia, en especial los provenientes de India, revelaron mayores concentraciones de genes resistentes a antibióticos en comparación con los que venían de Europa y Reino Unido. Estas distinciones podrían deberse a diferencias en el uso de antibióticos, al tratamiento sanitario de las aguas, a la densidad poblacional y a políticas de salud pública.
“Los viajes internacionales son uno de los factores que más contribuyen a la propagación de gérmenes resistentes”, dijo Yawen Liu, uno de los autores del estudio y miembro del postdoctorado de la Universidad de Xiamen. “Al monitorear las aguas residuales de los aviones potencialmente podemos detectar y rastrear genes de resistencia a los antibióticos antes de que se instalen en los entornos locales”. La tuberculosis, la gripe y el SARS-CoV-2, por ejemplo, también pueden propagarse a través de los vuelos.
Las aguas residuales servirían de sistema de advertencia
Si bien los investigadores recogieron muestras de agua residual de vuelos de repatriación en la pandemia de COVID-19, algo que potencialmente pudo afectar los datos demográficos de los pasajeros, argumentan que también se pueden utilizar métodos similares para los viajes aéreos internacionales regulares.
“Como se proyecta que los AMR causarán más de 39 millones de muertes globales para 2050, es urgente encontrar formas innovadoras de monitoreo”, concluyó Ashbolt. “El monitoreo de aguas residuales de los aviones podría ser un complemento a los sistemas existentes de salud pública al brindar alertas tempranas de riesgos emergentes por supergérmenes”.