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Ciencia

Japón analizó un fragmento del asteroide Ryugu y encontró un mineral que no debería estar ahí. El hallazgo es tan extraño que los científicos lo comparan con una “semilla tropical en el hielo del Ártico”

Las muestras del asteroide Ryugu llevaban años ayudando a reconstruir el origen del sistema solar. Pero ahora han revelado algo mucho más incómodo: un mineral que no debería existir en un cuerpo tan frío y alterado por agua. Y eso obliga a revisar varias ideas que parecían bastante sólidas.
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Ryugu ya era uno de los objetos más valiosos del sistema solar para quienes intentan reconstruir sus primeros capítulos. No porque sea especialmente grande ni espectacular, sino porque Japón logró traer a la Tierra fragmentos prácticamente intactos de su superficie gracias a la misión Hayabusa2, que entregó sus muestras en diciembre de 2020.

Desde entonces, esos granos oscuros se han convertido en una especie de archivo geológico de bolsillo. Pero uno de ellos acaba de complicar bastante la historia. Un equipo de la Universidad de Hiroshima ha identificado en una de las muestras un mineral llamado djerfisherita, un sulfuro rico en hierro, níquel y potasio cuya presencia en Ryugu no solo era improbable: según los modelos actuales, directamente no debería estar ahí.

La comparación que usó el investigador Masaaki Miyahara para explicarlo es bastante buena y bastante gráfica: encontrar ese mineral en Ryugu es “como encontrar una semilla tropical en el hielo del Ártico”.

El problema no es solo el mineral, sino el lugar donde apareció

Japón analizó un fragmento del asteroide Ryugu y encontró un mineral que no debería estar ahí. El hallazgo es tan extraño que los científicos lo comparan con una “semilla tropical en el hielo del Ártico”
© Hiroshima University / Masaaki Miyahara.

Ryugu pertenece al grupo de los asteroides carbonáceos de tipo C, cuerpos muy primitivos que suelen compararse con las condritas CI, uno de los materiales más antiguos y químicamente interesantes que conocemos. En general, se piensa que estos asteroides se formaron en entornos fríos, ricos en agua y químicamente bastante alterados por procesos acuosos. Y ahí está el choque.

La djerfisherita no suele formarse en ese tipo de ambientes. Es un mineral que aparece más bien en condiciones muy reducidas, más secas y asociadas a contextos térmicos o geoquímicos muy distintos, como los de ciertas condritas de enstatita. En otras palabras: su firma química parece venir de un lugar que no encaja con la biografía conocida de Ryugu.

Eso convierte al hallazgo en algo más que una rareza mineralógica. Porque si un solo grano de Ryugu contiene una fase tan anómala, entonces pasan dos cosas incómodas a la vez. La primera: Ryugu quizá no sea tan homogéneo como creíamos. La segunda: los primeros cuerpos del sistema solar pudieron mezclar materiales de orígenes muy distintos con más facilidad de la que asumíamos. Y eso ya no es un detalle. Eso toca directamente cómo contamos el origen de los planetas.

Hay dos explicaciones posibles, y las dos obligan a repensar algo

Japón analizó un fragmento del asteroide Ryugu y encontró un mineral que no debería estar ahí. El hallazgo es tan extraño que los científicos lo comparan con una “semilla tropical en el hielo del Ártico”
© Hiroshima University / Masaaki Miyahara.

Los autores del estudio plantean dos escenarios principales. El primero es que la djerfisherita no se formara en Ryugu, sino que llegara desde otra región del sistema solar, posiblemente una zona más interna y caliente, donde ese tipo de mineral sí tendría sentido. Si eso fuera cierto, Ryugu sería menos un objeto químicamente uniforme y más una especie de cápsula de mezcla, hecha con ingredientes llegados desde ambientes muy distintos del disco protoplanetario.

El segundo escenario es todavía más interesante: que el mineral sí se hubiera formado dentro del propio cuerpo progenitor de Ryugu, lo que implicaría que, en algún momento de su historia, alcanzó temperaturas superiores a 350 ºC. Eso chocaría de frente con la imagen clásica de Ryugu como un objeto siempre frío, acuoso y relativamente “químicamente tranquilo”.

Por ahora, los investigadores consideran que la formación local podría ser la hipótesis más plausible, aunque todavía no hay cierre definitivo. Lo que vendrá ahora son análisis isotópicos más finos, que deberían ayudar a determinar si esa djerfisherita nació ahí o fue transportada desde otro rincón del sistema solar temprano.

Ryugu vuelve a recordarnos que el sistema solar primitivo fue bastante menos ordenado de lo que nos gusta imaginar

Lo bonito de este hallazgo es que no cambia solo una etiqueta mineral. Cambia una intuición mucho más grande.

A veces tendemos a imaginar el sistema solar primitivo como una especie de proceso limpio: zonas calientes por un lado, zonas frías por otro, materiales agrupándose con cierta lógica, cada cuerpo heredando una historia más o menos coherente. Pero Ryugu lleva tiempo insinuando que la realidad pudo ser bastante más caótica. Ya había mostrado señales de heterogeneidad química en otros análisis, y esta nueva pieza empuja esa idea todavía más lejos.

Porque si una “semilla tropical” puede aparecer en el “Ártico” químico de un asteroide como Ryugu, entonces quizá los primeros bloques del sistema solar viajaron, se mezclaron, se calentaron y se alteraron mucho más de lo que nuestros modelos preferían admitir. Y si eso es cierto, no estamos solo ante un mineral raro. Estamos ante una pequeña grieta en una historia que creíamos bastante bien contada.

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