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Ciencia

Las muestras del asteroide Ryugu esconden una pista inesperada sobre el nacimiento del sistema solar. Su magnetismo conserva un registro de hace más de 4.500 millones de años

Un estudio basado en micromuestras traídas por la misión Hayabusa2 revela que partículas del asteroide Ryugu conservan huellas del campo magnético del sistema solar primitivo. El hallazgo podría ayudar a reconstruir cómo se formaron los planetas y cómo se distribuyó la materia en el disco protoplanetario.
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En el espacio, algunos objetos funcionan como auténticos archivos del pasado. Los asteroides, formados a partir de los restos primitivos del sistema solar, pueden conservar información que desapareció en los planetas hace miles de millones de años. El asteroide Ryugu es uno de esos casos excepcionales: las partículas recogidas de su superficie están revelando pistas magnéticas que permiten asomarse a una etapa muy temprana de la historia del sistema solar.

El magnetismo escondido en partículas microscópicas

Las muestras del asteroide Ryugu esconden una pista inesperada sobre el nacimiento del sistema solar. Su magnetismo conserva un registro de hace más de 4.500 millones de años
© JAXA.

El nuevo estudio, liderado por Masahiko Sato desde la Universidad de Ciencias de Tokio, analizó micromuestras recuperadas por la misión japonesa Hayabusa2. Estas partículas fueron traídas a la Tierra en 2020 tras un viaje que permitió obtener material prácticamente intacto del asteroide.

El equipo examinó 28 fragmentos microscópicos utilizando instrumentos extremadamente sensibles capaces de detectar magnetización remanente natural (NRM), una propiedad que permite identificar huellas de antiguos campos magnéticos.

Los resultados fueron sorprendentes. Veintitrés de las partículas mostraron señales claras de magnetización estable, y varias de ellas conservaron incluso múltiples componentes magnéticos. En uno de los fragmentos, las direcciones magnéticas aparecían distribuidas de manera heterogénea, un indicio de que el material registró distintas condiciones físicas mientras se formaba.

Esta información no es trivial. Las partículas funcionan como pequeños registradores naturales capaces de conservar la memoria de los campos magnéticos que existían cuando los minerales se solidificaron.

Una ventana directa al sistema solar primitivo

Las muestras del asteroide Ryugu esconden una pista inesperada sobre el nacimiento del sistema solar. Su magnetismo conserva un registro de hace más de 4.500 millones de años
© Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.

El análisis sugiere que la magnetización observada se originó a través de un proceso químico durante la formación de magnetita framboidal, un tipo particular de mineral magnético. Este fenómeno habría ocurrido cuando el cuerpo progenitor del asteroide experimentó alteraciones impulsadas por agua, lo que permitió el crecimiento de estos minerales mientras captaban la señal del campo magnético ambiental.

La clave del hallazgo es la antigüedad de ese campo magnético. Los investigadores estiman que los registros conservados en las partículas de Ryugu corresponden a un periodo situado entre tres y siete millones de años después del nacimiento del sistema solar.

Ese intervalo es especialmente importante porque coincide con la etapa en la que el disco protoplanetario —la nube de gas y polvo que rodeaba al joven Sol— estaba reorganizándose y dando lugar a los primeros planetesimales.

En otras palabras, estas diminutas partículas contienen información directa sobre el entorno físico en el que comenzaron a formarse los planetas.

Una cápsula del tiempo llegada del espacio profundo

Las muestras del asteroide Ryugu esconden una pista inesperada sobre el nacimiento del sistema solar. Su magnetismo conserva un registro de hace más de 4.500 millones de años
© JAXA/Gizmodo.

Ryugu es un asteroide particularmente valioso para este tipo de investigaciones porque su material ha sufrido muy pocos cambios térmicos a lo largo de su historia. Su composición rica en carbono y su estructura relativamente frágil indican que procede de los restos de un cuerpo mayor destruido hace miles de millones de años.

Ese origen lo convierte en algo parecido a una cápsula del tiempo. Mientras los planetas han experimentado procesos geológicos que borraron gran parte de su historia temprana, muchos asteroides conservaron intactos los materiales primitivos del sistema solar.

La misión Hayabusa2 fue diseñada precisamente con ese objetivo: recoger muestras que pudieran estudiarse en laboratorios terrestres con una precisión imposible de lograr mediante sondas espaciales.

Lo que Ryugu puede contarnos sobre la formación de los planetas

Los campos magnéticos desempeñaron un papel fundamental en la evolución del disco protoplanetario. Influían en el movimiento del gas, en la distribución del polvo y en los procesos que permitieron que pequeñas partículas terminaran formando planetesimales y, finalmente, planetas.

Por esa razón, reconstruir cómo era el campo magnético en las primeras etapas del sistema solar es una pieza clave para entender cómo surgieron mundos como la Tierra.

Las nuevas mediciones obtenidas a partir de las muestras de Ryugu ofrecen uno de los registros más detallados hasta ahora de ese entorno magnético primitivo. Gracias a la alta sensibilidad de los magnetómetros utilizados, los investigadores han podido distinguir señales que antes pasaban desapercibidas en estudios con menos datos.

El resultado es una ventana inesperadamente clara a un momento remoto en el que el sistema solar todavía estaba tomando forma. Y todo a partir de algo aparentemente insignificante: partículas microscópicas de polvo espacial que, durante miles de millones de años, conservaron intacta la memoria magnética de los primeros capítulos de nuestra historia cósmica.

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