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Ciencia

Joaquinraptor, el depredador patagónico que murió con un hueso en la boca

En el sur de Chubut apareció un dinosaurio con un secreto atrapado entre los dientes: el húmero de un cocodrilo prehistórico. El hallazgo, publicado en Nature Communications, revela una nueva especie de megarraptórido, bautizada Joaquinraptor casali, que ofrece pistas únicas sobre su dieta, su comportamiento y su lugar en la Patagonia del Cretácico.
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La paleontología suele funcionar como una novela policial: restos dispersos, pistas fragmentarias y una reconstrucción que acerca al lector a un pasado remoto. Eso es lo que sucedió en la Formación Lago Colhué Huapi, en Chubut, donde científicos argentinos hallaron el esqueleto parcial de un depredador de siete metros. Su rasgo más intrigante no fue su tamaño ni su edad, sino un hueso ajeno, atrapado entre sus fauces durante millones de años.

Un depredador con evidencia en la boca

El nuevo dinosaurio pertenece al grupo de los megarraptóridos, carnívoros reconocibles por sus enormes garras en las manos. Fue bautizado Joaquinraptor casali, en honor al hijo del primer autor del estudio y al paleontólogo Gabriel Casal, figura clave en la región. Entre sus mandíbulas apareció un húmero de crocodiliforme, detalle que sugiere una posible “última comida” y constituye una prueba directa de su dieta, algo inédito en este linaje.

El ecosistema del Cretácico Superior

La Formación Lago Colhué Huapi, entre Comodoro Rivadavia y Sarmiento, era en el Cretácico Superior un paisaje dominado por reptiles, cocodrilos primitivos y dinosaurios. En ese entorno, Joaquinraptor habría ocupado el rol de depredador tope. Con aproximadamente 19 años al morir y un peso cercano a la tonelada, su vida transcurrió en los momentos previos a la gran extinción de hace 66 millones de años.

Una cápsula del tiempo evolutiva

El hallazgo es uno de los más completos en la familia de los megarraptóridos. Incluye partes poco frecuentes como un maxilar y un brazo articulado, que permiten comparaciones inéditas con especies emparentadas. Esta riqueza anatómica lo convierte en pieza clave para entender cómo evolucionaron estos depredadores y cómo lograron persistir hasta los últimos instantes de la era Mesozoica en la Patagonia.

Ciencia, legado y simbolismo

La presencia del húmero de crocodiliforme atrapado en su boca convierte a este fósil en un testimonio singular: no solo muestra cómo era el animal, sino también cómo se alimentaba y se relacionaba con otras especies. Para los investigadores, es una ventana única a su comportamiento. El nombre elegido, que une vínculos familiares y profesionales, refuerza la idea de continuidad entre generaciones de científicos que mantienen viva la paleontología argentina.


Joaquinraptor casali murió hace 66 millones de años, pero dejó un mensaje escondido entre los dientes. Su historia combina biología, ecología y simbolismo humano, recordando que cada fósil puede ser una cápsula del tiempo. El hallazgo reafirma el papel de la Patagonia como escenario privilegiado para descubrir los secretos de un mundo extinguido, donde incluso la última mordida puede quedar registrada en piedra.

Fuente: Meteored.

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