A comienzos de septiembre, un hombre de 34 años que trabajaba como instructor de wakeboard en el lago artificial de Plaza La Isla, un centro comercial de Mérida, en Yucatán, ingresó a un hospital con daño neurológico severo, sensibilidad extrema a la luz e inflamación cerebral. Murió el 8 de septiembre. El Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos de México confirmó la causa: una infección por Naegleria fowleri, la llamada «ameba comecerebros». Fue el primer caso registrado en el estado.
Un mes después, el problema resultó ser más amplio. El 15 de octubre, la Secretaría de Salud de Yucatán informó que la ameba fue detectada en seis de los nueve lagos artificiales analizados en la ciudad, y cerró temporalmente el acceso al agua en todos ellos. Las autoridades no detallaron qué laboratorio hizo los análisis, y algunos reportes locales indican que la detección se hizo a nivel del género Naegleria, que incluye especies inofensivas, sin precisar en cada caso si se trata de N. fowleri.
Qué lagos dieron positivo

Los resultados positivos corresponden al lago de Plaza La Isla, a dos lagos del complejo Cabo Norte, al lago del Zoológico del Centenario, al del parque La Plancha y al humedal del Parque Ecológico del Poniente. En cambio, el lago central de Cabo Norte, el Acuaparque y el zoológico Animaya dieron negativo.
«Para protección a todas y todos, el acceso a estos seis sitios queda clausurado de manera temporal», anunció el secretario de Salud estatal, Alberto Alcocer. Los parques siguen abiertos: lo que se suspende es el contacto con el agua, que en la mayoría de estos sitios no está pensada para bañarse. El funcionario también buscó llevar calma: «Encontrar esta ameba en el ambiente no significa que exista una epidemia».
El gobierno estatal ordenó ampliar la vigilancia sanitaria con apoyo de investigadores de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) y del Cinvestav, que evaluarán los cuerpos de agua y sus sistemas de filtración.
Cómo infecta Naegleria fowleri

Naegleria fowleri es un organismo unicelular que vive en agua dulce templada o cálida y en el suelo. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), prospera en agua estancada y caliente, y puede encontrarse en lagos, ríos, aguas termales y piscinas mal cloradas.
La infección ocurre solo cuando el agua contaminada entra con fuerza por la nariz, por ejemplo al zambullirse, practicar deportes acuáticos o hundir la cabeza. Desde allí, la ameba sube por el nervio olfativo hasta el cerebro y provoca una meningoencefalitis amebiana primaria, que destruye el tejido cerebral. No se transmite de persona a persona ni por beber agua contaminada.
Los primeros síntomas aparecen entre uno y nueve días después de la exposición y se parecen a los de una meningitis bacteriana: dolor de cabeza intenso, fiebre, náuseas y vómitos. Luego llegan la rigidez de cuello, la confusión, las convulsiones y el coma.
Una enfermedad rarísima, pero casi siempre mortal

La infección es extraordinariamente rara, pero cuando ocurre la letalidad supera el 97%. En Estados Unidos, donde existe el registro más completo, los CDC contabilizan apenas un puñado de sobrevivientes entre más de 150 casos documentados desde la década de 1960.
Tras la muerte del instructor, las autoridades de Yucatán identificaron a 361 personas que habían tenido contacto con el lago de Plaza La Isla, alrededor del 80% de ellas menores de edad. La vigilancia epidemiológica terminó sin nuevos casos.
Un riesgo que crece con el calor
El caso de Mérida no es aislado. En 2018, un surfista murió en Estados Unidos tras visitar una piscina de olas artificial en Waco, Texas, y la instalación cerró. En Pakistán se registraron muertes de personas que se habían enjuagado la nariz con agua de red mal clorada durante sus abluciones rituales.
Los lagos artificiales de climas cálidos reúnen las condiciones ideales para la ameba: agua quieta, temperaturas altas y acumulación de sedimentos, algas y materia orgánica. Por eso la prevención pasa por la cloración, el control del pH, la aireación y la limpieza regular.
Los especialistas también advierten que el calentamiento global está ampliando el territorio de esta ameba. En Estados Unidos ya aparecieron casos en estados del norte donde antes no se registraban. En América Latina, con veranos cada vez más largos y calurosos, la recomendación básica es simple: en agua dulce tibia y estancada, evitar sumergir la cabeza o usar pinzas nasales.
En Yucatán, muchos vecinos se preguntaron por los cenotes, uno de los grandes atractivos turísticos de la península. Por ahora, las autoridades no los incluyeron entre los sitios afectados, y especialistas citados por la prensa local señalan que sus aguas suelen ser más frescas, lo que reduce la probabilidad de que la ameba prolifere.