La Antártida suele representar justo lo contrario: pérdida de hielo, grietas gigantescas y preocupación por el nivel del mar. Por eso los nuevos datos sorprendieron incluso a la comunidad científica. El continente blanco ha incrementado su masa helada en los últimos años, pero esa aparente buena noticia esconde una realidad bastante más compleja.
Un estudio financiado por la Agencia Espacial Europea (ESA) y publicado en Nature Communications Earth & Environment explica qué está ocurriendo realmente y por qué conviene no interpretar estas cifras como una victoria frente al cambio climático.
Los satélites detectaron un cambio brusco a partir de 2020

Durante buena parte de las dos primeras décadas del siglo XXI, la Antártida perdió hielo de forma constante. Las estimaciones sitúan ese retroceso entre 74 y 142 gigatoneladas anuales, especialmente en la Antártida Occidental y en sectores vulnerables del este.
Sin embargo, desde 2020 la tendencia cambió de forma visible. Según los autores del estudio, el continente empezó a ganar aproximadamente 68 gigatoneladas de hielo al año entre 2020 y 2024. Para entender la magnitud: esa ganancia fue suficiente para frenar temporalmente una parte del aumento global del nivel del mar, reduciendo el ritmo en torno a 0,3 milímetros anuales durante ese periodo.
Cómo puede ganar hielo mientras empeoran los glaciares
La clave está en separar dos procesos que muchas veces se mezclan. Por un lado, los glaciares continúan descargando hielo al océano mediante desprendimientos y flujo acelerado. Ese problema no solo sigue activo, sino que en algunas zonas ha empeorado.
Por otro, las nevadas sobre el continente fueron extraordinariamente intensas desde 2020. Esa nieve cae sobre tierra firme, se acumula, se compacta y suma masa al manto helado antártico. El resultado es una paradoja: entra más hielo por arriba del que sale por los bordes. El balance total mejora, pero la estructura glaciar sigue bajo presión.
El fenómeno recuerda una idea básica del clima

Aunque parezca contradictorio, un planeta más cálido puede generar nevadas más fuertes en determinadas regiones polares. La atmósfera cálida retiene más humedad, y cuando esa humedad llega a zonas extremadamente frías se transforma en nieve abundante.
Es decir, más calor global no siempre significa menos nieve en todas partes. A veces significa episodios más extremos. Eso no elimina el problema climático. Solo cambia la forma en que se manifiesta.
Lo que no debe confundirse: hielo continental y hielo marino

Otro error habitual es pensar que todo el hielo antártico responde igual. No es así. El estudio se centra en el hielo continental, el que descansa sobre tierra y cuya pérdida sí eleva el nivel del mar. Mientras tanto, el hielo marino flotante alrededor del continente mostró señales negativas recientes, con mínimos históricos en extensión.
Una parte del sistema gana masa y otra sigue deteriorándose.
Por qué los científicos piden prudencia
Los investigadores insisten en que esta ganancia reciente podría ser temporal. Si las nevadas excepcionales disminuyen y continúa la pérdida glaciar, la balanza volvería rápidamente al rojo. Además, la Antártida concentra cerca del 90% del hielo del planeta. Cualquier cambio sostenido allí tiene consecuencias directas para ciudades costeras, corrientes oceánicas y clima global.
La imagen final no es la de una recuperación, sino la de un sistema cada vez más inestable. La Antártida parece crecer desde fuera, pero en su interior sigue enviando señales de alarma.