En el rincón más frío y remoto de la Tierra, algo acaba de suceder que desconcertó incluso a los glaciólogos más experimentados. Un enorme glaciar antártico se desintegró tan rápido que los satélites apenas lograron seguir su ritmo. Lo ocurrido en Hektoria podría marcar un antes y un después en la comprensión del deshielo polar.
Un colapso que no tiene precedentes modernos
En solo dos meses, el glaciar Hektoria, situado en el este de la Antártida, perdió 8,2 kilómetros de hielo, una velocidad diez veces mayor que cualquier retroceso documentado hasta ahora en un glaciar terrestre. Los investigadores de la Universidad de Colorado describen el suceso como “un colapso exprés sin precedentes desde la Edad de Hielo”.
El hallazgo, publicado en la revista Nature Geoscience, se produjo de manera casi fortuita. El equipo estudiaba la separación del hielo marino en la zona, ocurrida una década después del colapso de una plataforma en 2002, cuando notaron que la superficie del glaciar (de unos 115 kilómetros cuadrados) se había reducido a la mitad entre febrero y abril de 2023.
“Verlo desde el aire fue impactante. Aunque conocíamos los datos satelitales, la magnitud del derrumbe en persona era abrumadora”, relató Naomi Ochwat, del Instituto de Ciencias Ambientales de la Universidad de Colorado (CIRES).
La causa detrás de una desintegración tan rápida
El siguiente paso del equipo fue entender cómo un glaciar tan estable pudo colapsar con esa velocidad. Para ello, analizaron imágenes satelitales de las últimas dos décadas y reconstruyeron el terreno bajo el hielo. El resultado reveló que el Hektoria descansaba sobre una llanura submarina, una superficie plana bajo el nivel del mar, lo que lo hacía particularmente vulnerable.
Los glaciares antárticos conocidos como glaciares de marea reposan parcialmente sobre el océano, formando lenguas de hielo que terminan en icebergs. Cuando el suelo que los sostiene cede, estas masas pueden flotar y fracturarse. En el caso de Hektoria, una serie de pequeños terremotos bajo su base provocó que gran parte del glaciar comenzara a flotar repentinamente, separándose de la roca.
Una vez flotante, el hielo quedó expuesto a la fuerza de las corrientes oceánicas, que abrieron grietas desde abajo. Estas se conectaron con fracturas en la superficie, generando una reacción en cadena que culminó con el desprendimiento de la mitad del glaciar.

Ecos de la Edad de Hielo y un futuro incierto
Según los investigadores, glaciares similares retrocedieron cientos de metros por día hace entre 15.000 y 19.000 años, durante el fin de la última glaciación. Lo ocurrido con Hektoria sugiere que ese tipo de procesos podrían volver a repetirse bajo las condiciones actuales de calentamiento global.
“El retroceso de Hektoria es alarmante. Si glaciares más grandes de la Antártida se comportaran así, las consecuencias para el nivel del mar serían enormes”, advirtió Ochwat.
El caso de Hektoria no solo representa una rareza geológica: podría ser un anticipo de lo que le espera al hielo antártico si las temperaturas y la actividad oceánica continúan aumentando. Cada fragmento desprendido no solo modifica el paisaje helado, sino también las predicciones sobre el futuro climático del planeta.
El glaciar que colapsó en silencio, en una de las regiones más aisladas de la Tierra, podría terminar convirtiéndose en una de las señales más sonoras de la crisis climática que avanza sin pausa.